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Entrevistas del jardín de gente a Tomás Gubitsch
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Reportaje exclusivo a Tomás Gubitsch
( ex guitarrísta de Invisible, Mederos y Piazzola... )
( Músico de 1er nivel mundial y radicado desde 1977 en Francia )
por Gabriel - Webmaster
( Rogamos NO reproducir sin expresa mención de la fuente original )
- Presupongo que tu exilio voluntario ( y no tanto... ) en Francia, posee quizás un tinte "Cortazariano"... tras 26 años, y a la distancia: ¿cómo elaborás hoy día aquella decisión, dada la triste realidad argentina?
- No sé qué querés decir por "Cortazariano", pero curiosamente mi primera percepción visual de París fue como una confirmación extremadamente precisa de la imagen que yo me había hecho de ella leyendo, precisamente, a Cortázar.
Hasta en el color del aire...
Como una inquietante familiaridad.
Si te referís a una postura política de (llamémoslo grandilocuentemente) resistencia intelectual y artística al régimen de asesinos psicópatas que gobernaban nuestro país en aquellos sombríos años, si, una gran parte de mi decisión de exilarme tuvo que ver con eso.
Pero no lo veo como un acto heroico, sino como el mínimo deber de quien tiene la suerte de poder escaparse de una pesadilla como aquella: el de testimoniar.
El tratar que no se pueda decir "ah..., pero yo no sabía...".
Esta responsabilidad política no fue el único motivo de mi exilio.
Hubo muchos motivos personales; suficientemente complejos como para que yo recién empiece a entenderlos un cuarto de siglo mas tarde...
Todo esto para decir que me cuesta pensarlo "con respecto" a la situación de allá.
Para resumir mi sensación yo me diría "¡qué suerte que tuve de poder tomarmelas... y, por momentos, cómo duele!"
- ¿Persistís en tu decisión de no regreso?
No es una decisión, es una imposibilidad íntima que trato de vencer.
- El contexto socio-cultural y político a lo largo de la historia, ha incidido notablemente en el arte. ¿Qué lectura te provoca que a diferencia de la explosividad creativa de los ´60 y los ´70, hoy predomine en la Argentina la cumbia ( villera o no... ) los adolescentes "pop" prefabricados por gerentes de marketing, y el rock barrial "cuasi-fubtbolero"?
- En tu pregunta está casi implícita la respuesta: el arte hace siglos que es mercadería; a Miguel Angel o a Mozart se les pagaba para que ejerzan sus respectivos artes.
La cuestión es cuando del aspecto mercantil se pasa al contexto industrial.
Y ahí, el Arte (con mayúscula por su ética) tiene muy pocas chances de sobrevivir dignamente.
No obstante, yo creo que a pesar de la alta nocividad a corto y a largo plazo de lo que está pasando -no sólo en Argentina, el fenómeno es mundial-, engendrará su propio antídoto, como siempre que se trata de amordazar a los sueños o al deseo.
No nos olvidemos que esa explosión de creatividad de la que hablás, nació en nuestro país en un clima político ya extremadamente pesado.
Yo tenía posters de los Beatles o los Rolling Stones en mi pieza, pero en la calle los posters eran todos de Onganía...
Sin ir mas lejos, en el último Luna Park con Invisible, la cantidad de cana que nos habían impuesto era alucinante.
Yo recuerdo ver "sectores" azules entre el público y cerca del escenario...y ahí estaba Luis, haciéndose el apolítico y cantando que "si las observas, comprenderás que solo vuelan en Libertaaaaaaaaad".
Eso, sobre todo viniendo de su parte, era auténtica subversión bajo un atuendo poético.
Y mirá lo que está pasando ahora con el cine argentino actual: acá en París, se lo destaca con altísima estima.
Se lo reconoce como una forma de verdadera vanguardia.
Películas hechas con costos absurdos, pero con la urgencia de expresión que conmueve.
- Vísta tu formación, tu trayectoria y tu sensiblidad musical, estarás sintiéndote como en otra galaxia...
- Francamente, siempre me sentí un poquito en otra galaxia; pero creo que eso nos pasa a cada uno de nosotros...
Ahora trato de pensarlo de otra manera: un pájaro canta.
Quizás, bajo el árbol, una hermosa mujer escucha su canto con lágrimas en los ojos ante tanta belleza.
Pero al
pájaro le importa un rábano la hermosa mujer que escucha su canto con lágrimas en los ojos ante tanta belleza: él canta porque está fabricado así, para cantar.
Yo estoy hecho para fabricar música.
Lo importante es hacer, después veremos quienes eran los marcianos.
El hecho es que en Europa conocen a Piazzolla, pero de Palito Ortega por aquí, mucho que digamos no se siente hablar...
- ¿Francia te ha provísto de ese halo latino y melancólico tan proyectable a Buenos Aires, además de su cultura y desarrollo?
- Francia es un país históricamente muy abierto culturalmente.
Lo que es indudable, es que la situación del exilio permite ver con cierta distancia las cosas.
Uno se entera en París, Londres o Barcelona que Buenos Aires no es el centro del mundo y ese tipo de pavaditas.
Pero la misma distancia permite apreciar con mayor nitidez las muchas cosas válidas de nuestra cultura también, y las hay.
Para mí, entre los más grandes contemporáneos, ya es seguro que quedarán Borges, Cortázar, Piazzola y Spinetta.
Fijate qué privilegio he tenido, que los conocí a los cuatro y trabajé con tres de ellos (hice una música de una película sobre Cortázar y nos cruzamos un par de veces alrededor de ese film)
Casi que me doy envidia a mí mismo, mirá :-)
En Francia existe aún (no sé por cuánto tiempo aún) una verdadera política cultural de apoyar a la creación artística.
Eso es muy valioso para alguien como yo, ya que, globalmente, ningún espectáculo con grandes orquestas, por ejemplo, es "rentable", aunque el teatro esté repleto.
- ¿Qué fibra íntima sacudió en vos el descubrimiento de la música y a que edad?
- Me dan ganas de decirte "desde siempre".
Desde que mi Padre me tocaba el violín en la cuna.
Los golpes decisivos fueron dos y simultáneos, cuando tenía 10 años: Sargent Pepper's de los Beatles y La consagración de la primavera de Stravinsky.
Esa forma de esquizofrenia sigue sin abandonarme.
- Entiendo que por tu notoria precocidad musical, dilucidaste a muy temprana edad en que canalizar la pasión que todo ser humano conlleva. ¿Cual fue tu fórmula? ¿Disciplina como brazo ejecutor de la pasión? ¿Imperiosa necesidad de comunicarte mediante la música?
- Obviamente, si existe alguien que no puede contestar a esta pregunta, ¡ese soy yo!
Yo creo que he trabajado muchísimo, pero honestamente, ni me dí cuenta.
Debo haber pasado horas laburando mi instrumento, seguramente, pero no me acuerdo.
Sé que sufrí como un condenado con ciertas partituras y apenas las terminé, me olvidé totalmente de lo que me costaron.
Una amnesia selectiva.
Creo que amo tanto todo lo relacionado con la música, desde una hoja pentagramada hasta el cable del micrófono de un estudio, que nunca pude percibirlo como un laburo o una disciplina particular.
Sospecho que, en el fondo y contrariamente a la historia del pájaro, si hay una persona que escucha bajo mi árbol y que comparte una emoción gracias a mi música, a mí sí me importa. Y mucho.
- Siendo adolescente aún, colaborás con Rodolfo Mederos, llegás a Spiinetta... luego a Piazzola... ¿dichas situaciones aceleraron tu madurez?
- Tuve demasiada suerte como para darme cuenta de lo extraordinario que me ocurría.
Claro que aprendí millones de cosas de cada uno de ellos.
Les debo muchísimo, sobre todo a Rodolfo y a Luis-Alberto.
Pero la madurez es otra cosa.
Como decía un profesor de composición "uno se pasa la mitad de la vida acumulando la mayor cantidad de notas posibles, y la mitad siguiente a borrar la mayor cantidad de notas posible".
En eso ando recién ahora... Schönberg lo decía más elegantemente aún: "el mejor amigo del compositor es la goma de borrar".
- Tu universo musical se nutría de estilos disímiles por entonces ¿con qué músico, grupo o corriente te vinculaste con mayor pasión ?
- Con todos, de maneras muy distintas, pero siempre con pasión.
- ¿Qué sentíste al tomar contacto con Spinetta?
- Fue genial.
Él era la libertad creadora personificada.
Era casi como ver a uno de los Beatles, y al mismo tiempo como si lo hubiese conocido siempre.
Pero yo no quería mostrárselo para nada, no quería que sospeche mi admiración por él.
Yo "sabía" mas de música que él, quiero decir que sabía leer, escribir y orquestar, que conocía los nombres de acordes y escalas extrañas.
Conocía ya bastante música "clásica" y contemporánea.
Eso lo impresionaba un poco a Luis, que en aquel entonces buscaba una forma de ser "inobjetable", como él curiosamente decía.
Así que yo mantenía mis distancias gracias a eso.
Es difícil de explicar: Luis me era "demasiado-humanamente-cercano", como demasiado semejante y demasiado "otro" al mismo tiempo.
Encima, como para tantos otros de mi generación, era parte de mi historia.
Una parte muy querida.
En ciertos encuentros con gente así, de esa calidad, es como si siempre hubieran formado parte de mi familia.
Pero, claro, ellos no pueden saberlo.
- En tu interrelación con Luis: ¿primaba la idolatría, el respeto, el compañerísmo?
- Yo conocía todos sus discos.
No todos me gustaban por igual, pero no me cabía la menor duda que él era un artista mayor.
Más allá del rock nacional.
Un Poeta, como los hay pocos...
¿Idolatría? No.
Admiración por su talento, síi.
¿Respeto? Siempre.
Y eso pienso que siempre fue recíproco, tanto con él como con Machi y Pomo.
Creo que nuestra diferencia de edad en aquel entonces (yo tenía 17 y tenía 25, creo) se debía hacer sentir mucho mas de lo que lo haría ahora.
En lo que me concierne, yo te diría que lo que me queda por él es muchísimo y profundo afecto.
- ¿Cómo recordás hoy tus días en Invisible?
- Con descomunal cariño, con mucho orgullo también de haber participado de alguna manera a esa aventura.
Conservo particularmente presente el enorme placer de tocar juntos.
Y de "deformar", como decíamos: una capacidad a leer la realidad de manera suficientemente surrealista para que se volviese ridículamente cierta, cómica y soportable.
Lo repito, yo les debo mucho a cada uno de ellos, a Pomo, a Machi y a Luis.
- ¿Sos nostálgico?
- La "alta condición del exilado", como decía no sé quién, hace que uno conviva con una inesperada no-invitada: la añoranza.
La nostalgia de lo que se ignora.
Pero no te vayas a creer que me la paso mirando para atrás.
Mi avidez de vivir, de inventar nuevos aires, de investigar nuevos territorios musicales, de tratar de ser "uno mismo", siempre me empujó a mirar más bien hacia adelante, casi demasiado.
- ¿Comprendías por entonces el hermetismo poético de Luis? es decir: ¿dicho contacto generó nuevas búsquedas literarias y estéticas en vos?
- Luis no sólo es un gran poeta, sino que es un músico en su poesía.
La musicalidad misma de las letras de Luis -y de su manera de cantarlas- me resultaba
suficiente para adherir a ellas.
Nunca me pareció tan incomprensible, tampoco.
Nunca sentí la necesidad de preguntarle "¿qué querés decir con esto o aquello?"
Como en todas las obras de valor, cada nueva escucha permite descubrir otro aspecto, otro enfoque.
Es hasta probable que le pase a él mismo con sus propias letras.
Los falsos poetas ponen complicaciones para camuflar el vacío.
Los verdaderos buscan, al contrario, la manera mas precisa de describir estados o ideas.
A veces lo que se dice es complejo.¿Por qué todo tendría que ser simple?
Otras veces una canción es casi nada, un clima musical, una historia sin principio ni fin en la que cada uno escucha lo que quiere, o lo que puede.
Ambas opciones me parecen válidas en la medida en que estén sustentadas por una real autenticidad.
Finalmente, yo diría que las letras de Luis eran precisamente lo contrario de herméticas, eran abiertas.
Y quizás en esa libertad de interpretación dejada al oyente residía su complejidad.
- Perdón por la impertinencia... (ya que yo tenía apenas 10 años por entonces) pero en lugar de tantas hipótesis trazadas sobre "culpabilidades" de tal o de cual en la separación de Invisible; ¿es viable conjeturar que las constantes búsquedas e incursiones de Spinetta, movilizaron en él la necesidad de separar la banda?
Lo digo por el notorio viraje hacia el jazz-rock en su disco inmediato posterior "A '18 del sol"...
- Habría que preguntarle eso a Luis...
- ¿Continuaste en contacto con él a lo largo de estos años?
Lamentablemente, no.
Pero tengo desde hace muy poco su teléfono y me parece que en cualquier momento lo estoy por llamar.
- Fuíste el primer guitarrista "líder" que como tal integrase una formación musical de Spinetta.
Anteriormente Lebón pretendió imponer dicha faceta lo cual motivó disputas en Pescado Rabioso. ¿A qué atribuís tu incorporación a la banda? Te lo pregunto por lo siguiente: no sé si has podido estar al tanto de su obra, pero durante los ´80 y ´90, Spinetta replegó su rol de guitarrista al trabajo rítmico, delegando las tareas de solos y fills en Lito Epumer ( Spinetta Jade ) y Guillermo Arrom ( otro chico prodigio ) durante los ´90. Luego conforma "Los socios del desierto" con un formato de "power trío" demostrando no solo un "estar en forma", sino una intensidad y una elaboración guitarrística te diría nunca antes vísta en él... conociéndolo: ¿considerás que lo motiva en buscar "colores" y "capacidades" enriquecedoras, o bien lo ligarías a una "volatil" autoestima en sus propias capacidades?
- Aquí hay una confusión: yo no era el guitarrista líder de Invisible.
Éramos 2 guitarristas alternativamente acompañadores o solistas.
Recuerdo perfectamente que cuando nos conocimos con Pomo, él me preguntó quién era mi guitarrista preferido argentino; y yo me lo pensé y le dije: "Luis-Alberto".
Es cierto que yo era ya bastante virtuoso en aquél entonces y que me resultaba fácil tocar cosas técnicamente exigentes, pero Luis tocaba con un feeling y un sonido impresionantes.
Yo siempre le dije que para mí el mejor sólo de guitarra del "Jardín de los Presentes" es uno suyo, en "Perdonado", una pequeña maravilla.
Por otro lado, ser un buen guitarrista rítmico no es nada secundario, ni nada tan fácil.
El tempo, el "groove", la regularidad, la precisión de un buen guitarrista rítmico son cualidades poco frecuentes.
La "base rítmica Luis-Machi-Pomo" era una máquina que te daba alas para tocar...
- ¿Tu trabajo con Piazzola te enriqueció musicalmente y te decepcionó desde lo humano?
- No te olvides que yo venía de tocar con Rodolfo durante años y que las partituras de guitarra eran mucho más sofisticadas que las de ese grupo de Astor.
Pero Piazzola era un inmenso intérprete y tocar con grandes solistas de ese calibre siempre enriquece.
Además, los otros músicos eran excelentes: entre otros, Chachi Ferreira, Luis Cerávolo, Gustavo Beytelmann y, sobre todo, mi cómplice y amigo del alma, Osvaldo Caló.
Me decepcionó en lo personal y en lo político, es cierto.
Yo pienso que sea cual fuere el talento de cualquier persona (y Astor tenía indiscutiblemente toneladas de talento), ese don no puede justificar el hecho de olvidarse de su prójimo, al contrario.
Disponer de un auditorio implica, particularmente en épocas de barbarie, una responsabilidad, una reflexión ética.
Por suerte, de Piazzola quedará su música y ella sí ha sido revolucionaria.
- Recalás en Francia... ¿cual fue el "trato" musical y social que recibíste? ¿Tus hijos son franceses?
- Al principio fue un tremendo bajón: mi instalación en Francia coincidió con una terrible situación personal y familiar de la que no hablaré aquí, y además yo gozaba allá de un cierto éxito y al llegar a Europa no me conocía absolutamente nadie.
De mi status de pequeña estrellita de rock argentino, que me reconocían en la calle, que los vecinos no puteaban más cuando tocaba fuerte, que se me veía en la televisión y en los periódicos, pasé de un saque violento al de un pendejo anónimo de 18 años perdido en un continente hostil.
El principio fue muy duro.
Recién ahora me doy cuenta de lo traumático que fue ese período para mí, desde todo punto de vista.
Hace poco me leí un libraco enorme sobre los Beatles en un sólo día, sin parar.
La frase que más me marcó es quizás la más banal de todas las que han dicho "cuando aceptás los altos de tu vida, tenés que aprender a aceptar los momentos bajos".
La dice George.
Parece muy boludo, muy evidente.
Yo me caí de muy alto y te puedo asegurar que no es tan simple.
Pero lamentarse sobre los problemas de una emigración es casi indecente frente a lo que se padecía en Argentina en aquel entonces.
Mis hijos son franceses, mi mujer también, yo tengo la doble nacionalidad y a mí, Francia me ha dado infinitas muestras de reconocimiento de toda índole: elogios, recompensas, homenajes, premios, encargos estatales, etc., etc.
Yo a Francia la quiero.
Si no lo hiciera sería un tremendo desagradecido.
Pero pongamos las cosas en claro: si llega a haber un partido de fútbol Argentina-Francia, yo espero que Argentina gane 7 a 0, con puros goles de palomita, de taquito, con un par caños, de chilenas, algún corner olímpico y, si posible, que todos los goles sean de jugadores que vengan de River.
- ¿Dicha lejanía motivó cambios climáticos en tu música?
- En todo caso, juro solemnemente que los cambios climáticos planetarios no han sido provocados por mi música!
- ¿Tu hermano ( quien es el rostro de la portada del "Jardín de los presentes ) sigue viviendo en Argentina ?
- Mi hermano Dyuri vive en Toulouse y también es músico.
- Al igual que Frank Zappa en su etapa "Jazz from hell" has abandonado la ejecución de la guitarra. ¿Dicha decisión se debe en parte a la exacerbación técnica que provocaran gente como Di Meola, Van Halen, Vai y demás?
- A mí los tipos que "se tocan todo", mucho no me impresionan.
Eso sé cómo se hace, basta con tener una cierta habilidad manual y laburar mucho.
Lo que sí puede impresionarme es la manera de apagar una nota de Jeff Beck, por ejemplo.
El asunto no es tocar lentamente, rápido o más rápido aún.
La cuestión es qué tocar.
Y empezar por preguntarse si uno tiene algo para decir.
Tocar por tocar es como hablar por hablar: el único que se divierte es el que lo está haciendo.
Para los que escuchan se vuelve fácilmente aburrido.
Hay como una confusión de valores.
Pero existen también los malentendidos: entre mis tantas suertes, años atrás, lo conocí a John McLaughlin en el festival de jazz de Montreal.
Confieso que me halagó infinitamente el enterarme que conocía algunos de mis discos y que los apreciaba.
Él (al igual que Paco de Lucía) es un caso un poco aparte.
McLaughlin quedará como uno de los precursores de la velocidad supersónica en la historia de la guitarra, cuando su inmenso aporte, con Mahavishnu y con Shakti, fue en realidad su magia rítmica, su imaginación armónica y su capacidad profundamente "bluesera" de cantar las melodías más indómitas.
Como bien decís, he abandonado a la guitarra.
Pero me parece que ella no me ha abandonado a mí.
Veremos quién gana...
Ahí tenés, mirá un caso típico del enriquecimiento del exilado: en castellano
se dice "tocar la guitarra"; en francés se dice -como en inglés o en alemán- "jugar la guitarra".
Lo que me interesaría ahora es "jugar" la música, divertirme con ella, pelearme, dejarla inconclusa, hacerla, triturarla, escurrirla, dejarme llevar, tocar sucio, pero siempre "jugar" con ella, no sólo trabajarla.
- ¿Has utilizado el Synclavier?
- En la época en que salió, sí.
Para mí, lo interesante de los sintetizadores, los samplers y la informática musical en general es la posibilidad de crear cosas inverosímiles, inauditas.
Cuando se trata de simular instrumentos existentes o cuando se convierten en la orquesta de plástico, no me mueven un pelo.
Y en la guitarra lo que me gusta es cuando "guitarriza", como diría Emmanuel Lévinas ("le violoncelle violoncellise"), es decir cuando el propio instrumento suena como es: con ruidos, desafinaciones, imperfecciones, accidentes.
Cuando se la reconoce como tal.
La guitarra (clásica o eléctrica) "domada" y estereotipada me provoca urticaria.
- ¿Qué conocimiento tenés del panorama musical argentino de hoy día?¿Has oído a Luis Salinas, a Mallosetti, a Dino Saluzzi?
- Desgraciadamente, conozco poco de lo que se está haciendo.
A Saluzzi me lo hizo conocer Rodolfo alrededor del año 1973.
- ¿Considerás inviable presentarte algún día por aquí?
- Te contesto dentro de un par de añitos...
- Con el impresionante conocimiento musical que poseés ¿cómo considerás la música argentina en función a su potencialidad y capacidad creativa, habiendo tomado contacto con otras culturas?
- Primero, mi conocimiento musical no es tan impresionante.
En todo caso a mí no me impresiona para nada.
En cuanto a la capacidad creativa argentina, yo creo que existe una verdadera dinámica cultural propia y valiosa.
Algo en la belleza, la locura, la incongruencia, la barbarie, la elegancia y lo grotesco de nuestro país genera eso, no sé porqué.
Yo nos tengo mucha confianza, en ese sentido.
En otros... menos.
- Spinetta tocó hace poco tiempo y por primera vez en Tolouse, Francia; en un festival argentino en el cual también participara León Gieco. Miles de "exiliados económicos" argentinos radicados en Europa se dieron cita allí. ¿Cuan notoria es la presencia de compatriotas en búsqueda de algún futuro por aquellos pagos y cómo evaluás sus condiciones y posibilidades de supervivencia?
- No estoy demasiado en contacto con "círculos argentinos" en Francia.
Me resulta difícil contestarte.
En cuanto a las posibilidades de supervivencia, es seguro que acá hay más plata en general que allá.
Acá es el "primer mundo" (digo esto casi con cierta repugnancia, como si los seres humanos que habitan los diferentes lugares del planeta fueran "primeros" o "segundos" o "en vía de desarrollo económico" antes de ser semejantes, únicos e indispensables)
No obstante, los que se creen que se van a "comer" Europa de puro "piolas" que son... se pueden llevar una gran desilusión.
Por algún misterioso motivo, nuestra industria específicamente nacional de la chantada, aquí se la aprecia muy moderadamente...
- ¿Qué meta no has logrado concretar con semejante carrera musical?
- ¡Montones!
Pero la más profundamente anhelada de mis metas es, sin duda, volver a tocar algún día en Argentina.
- ¿Considerás necesaria cierta dosis de dolor como elemento motorizante en la creación artística? Me refiero a la "aspereza" del entorno de la cual hablan muchos filósofos como punto de partida para la creación.
- No sé cuales son mis motores personales, que pueden ser opuestos a los de otro músico.
Lo que sí sé, es que cuando no hago música, soy infeliz.
Me falto a mí mismo.
Pienso que en mi actividad artística, lo importante es estar perpetuamente atento a desconocer los motivos y los sentidos de lo que hago.
Glenn Gould decía que el único que no tiene el menor derecho de decir lo que sea sobre una obra, es su autor.
- Músicos como Pedro Aznar, Luis Salinas y otros, con un inmenso bagaje de conocimientos musicales, se han acercado al folklore. ¿Te ha sucedido en algún momento; o tu obra se encuentra más ligada a lo orquestal y con cierto color tanguero? ¿predomina lo urbano en tu obra?
- Con el folklore nuestro, mi único verdadero contacto fue con el Chango Farías Gomez, con quien grabamos un disco memorable en Normandía.
Pero nunca fue mi música y yo no soporto ser turista en la música.
La mayor parte de la "world music" me parece una tremenda chantada, una facilidad a fabricar belleza occidentalmente aceptable pillando a culturas milenarias.
Lo he hecho, así que sé de qué estoy hablando.
No conozco los trabajos de Aznar ni de Salinas, pero en principio de lo que creo entender de sus búsquedas, me parece más auténtico que un músico argentino se interese a su propia cultura y que no vaya a buscar su inspiración a Tokio, Nueva York, Moscú o al Tibet.
Al tango contemporáneo, en cambio, lo tengo muy incorporado, lo he compuesto y tocado tanto que se volvió parte de mí.
Lo he elaborado e incorporado, a pesar de mí.
Pero podría decir lo mismo del rock o de la música "culta" contemporánea.
Yo "soy" todo eso.
Es una gran riqueza y un gran problema al mismo tiempo: ¿cómo resumirlo en una sóla música?
- ¿Sigue latiendo en vos esa llamita rockera? ¿Hubo noches de pulsar alguna Gibson o Fender rememorando los tiempos idos, o te encontrás en una etapa diametralmente opuesta?
- Yo soy rockero.
Es una cuestión generacional.
A mí me resulta más cercano un finlandés que conoce todo Hendrix que un porteño que nunca lo escuchó.
Soy rockero cuando toco tango y cuando dirijo una orquesta sinfónica.
Precisamente hoy me encontré en un estudio con John Greaves, que fue el bajista del grupo mítico Soft Machine.
Y nos dijimos que nuestra generación tiene un deber de transmisión: el de la rebeldía.
En eso, fuimos expertos.
No aceptar lo impuesto y no
someterse a las reglas absurdas de nuestro sistema.
Nunca pensar que las cosas son así y que no se pueden cambiar.
Eso es para mí lo interesante del "espíritu rock".
No digo que hayamos encontrado las respuestas adecuadas, pero las preguntas no nos las callamos.
En cuanto a agarrar una Gibson (nunca una Fender, con eso no se jode, che! ;-)), sí, claro.
Pero para tocarla como un tipo de 45 años, no como si tuviese 17.
Esa nostalgia no me interesa.
Eso ya lo hice, así que no lo puedo añorar.
Y cuando digo "tocarla como un tipo de 45 años" quiero decir de manera mucho más radical que a los 17, por supuesto.
- ¿Qué mensaje, consejo o aspecto puntual le darías a quien se inicie en las lides musicales o guitarrísticas, ante las dificultades del instrumento y ante un panorama actual tan poco alentador?
- Creo que fue el poeta Saint-John-Perse que dijo que lo importante es guardar la llamita de la vela encendida.
Siempre.
Pase lo que pase.
Yo no soy nadie para dar consejos ni librar mensajes.
Pero te puedo contar una historia: la primera vez que dirigí una orquesta eslava, fue en Bulgaria.
Tras un primer ensayo me sentí incómodo con mi comunicación "gestual" con la orquesta.
Se lo comenté a Milen Natchev, que es el director estable de la orquesta de Sofia.
Me invitó a su casa y me dió una clase magistral y, en una noche entera y dos botella de vodka, me enseñó montones de cosas que yo ignoraba sobre los gestos adecuados según las "escuelas" francesas, alemanas o rusas de dirección de orquesta.
Al final de su magnífica, etílica y generosa transmisión de saber me puso la mano sobre el hombro, me miró en los ojos y me dijo: "Mañana vas a dirigir y grabar con "mi" orquesta, la que yo he forjado.
Si lográs olvidarte todo lo que aprendiste hoy y la dirigís con todo tu corazón, créeme, ellos te seguirán."
Y así fue.
No me olvidé de nada de lo que me había enseñado, pero me concentré en dirigir con alma y vida.
Y cuando un músico le habla a otro con todo su corazón, el "otro" lo escucha, no por nada es músico: tiene oído...
Ahí tenés una definición que se me ocurre de lo que es ser músico: alguien con orejas en el corazón y corazón en su canto.
- Por último: ¿cómodo con el reportaje?
Extrañado con algunas preguntas y con algunas respuestas también...
Sobre todo muy halagado por tu interés.