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Corralito: Cavallo el corralero
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Extraído del libro "Argentinos" ( Parte II ) de Jorge Lanata

En conferencia de prensa, el ministro Cavallo anunció el 1 de diciembre:
- 1. No se podrán retirar más de 250 pesos o dólares en efectivo, por semana, de las cuentas bancarias. La restricción será levantada en 90 días.
- 2. Las extracciones se realizarán en pesos o dólares y los bancos no podrán cobrar comisión.
- 3. No habrá restricción a los movimientos de fondos entre cuentas bancarias.
- 4. Se prohíben las transferencias al exterior.
En plena corrida bancaria, los beneficiarios de las medidas resultaron obviamente los bancos y los grandes inversores de Bolsa, ya que –ante la falta de efectivo- el manejo con bonos se hizo imprescindible en algunas operaciones, y éstos subieron su valor gracias a la mayor demanda.
También resultaron beneficiadas las empresas de servicios, que de este modo tuvieron garantizado el cobro a través del débito automático apenas el titular de la cuenta cobraba su salario.
El gobierno de la Madre Patria comunicó dos días después desde Washington su respaldo a las nuevas medidas, y el 5 de diciembre el Fondo planteó el dilema que hasta entonces muy pocos se atrevieron a expresar: ¿devaluación o dolarización? Desde entonces la
presión del Fondo se hizo cada vez más fuerte: el organismo anunció que no concedería a la Argentina un préstamo de 1.264 millones de dólares ya previsto para diciembre, porque el país "no cumplió con las metas establecidas".
Un imprevisto viaje de Cavallo a Washington no logró destrabar la cuestión.
El jueves 13 los saqueos comenzaron en la ciudad de Rosario (la misma ciudad en la que se iniciaron los saqueos de 1989, durante la agonía de Alfonsín)
La central obrera llamó ese día a una huelga general contra las restricciones bancarias.
Al día siguiente Argentina canceló obligaciones por 700 millones evitando, de ese modo, la suspensión de pagos.
El Fondo insistió en que el gobierno debía presentar un presupuesto 2002 "creíble".
En varias ciudades del país hubo asaltos a supermercados protagonizados por gente que pedía comida.
Ese fin de semana trascendió a través de la prensa que los senadores cobraban 10.000 pesos de salario más beneficios mensuales y que, durante la presidencia provisional de Carlos Ruckauf, se autorizó que el Estado "se haga cargo de la totalidad de los gastos por cobertura de seguros de los vehículos particulares de los senadores".
En los fundamentos de la medida, Ruckauf aseguró que de ese modo " se facilitará la actividad legislativa".
El sueldo promedio de un senador quedó así comprendido por: - 1.928 pesos en concepto de dieta, 4.498,90 pesos por gastos de representación, .1.200 pesos adicionales por "combustible y buen mantenimiento de vehículos automotores del Senado". - 3.000 pesos producto del canje de 20 pasajes aéreos por mes.
Cada senador disponía, además, de once empleados transitorios entre los que podían distribuir 8.956 módulos.
Cada módulo se cotizaba en 3,36 pesos.
De modo que la suma a repartir discrecionalmente por senador era de más de 31.000 pesos.
El martes 18 de diciembre continuaron los asaltos a supermercados en varios puntos del país.
Hubo enfrentamientos violentos en Capital, San Isidro, Munro, El Palomar, Ciudadela, Ramos Mejía, Morón, Moreno, Lanús y La Tablada y también en Entre Ríos, San Juan, Santiago del Estero y Mendoza.
Al día siguiente centenares de personas se lanzaron al saqueo de tiendas y supermercados, en medio de enfrentamientos que produjeron cuatro muertes.
De la Rúa consultó con los altos mandos del Ejército y decretó el estado de sitio en las primeras horas de la noche, extendiéndolo durante un mes.
Esa misma noche, la del 20 de diciembre, la cadena nacional de radio y televisión difundió un discurso grabado por el presidente a la tarde; fue el discurso de un autista: el presidente le dijo a la gente que "debemos oír el reclamo popular.
Si no asumimos todos los dirigentes, con grandeza y claridad, las responsabilidades, los efectos pueden ser peores (...)
No estoy acá porque me aferré a un cargo, sino porque es mi deber (...)
Soy yo como presidente quien puede llamar a esa unidad, he ofrecido al justicialismo que participe en un gobierno de unidad nacional (...)
Vamos por una política productiva, por un cambio de acuerdo con lo que necesita la gente"...
Aquel fue su último discurso como presidente.
Pasadas las tres de la tarde la represión fue brutal.
En los alrededores de la Plaza hubo siete muertos y más de cien heridos.
A las 18.47 hs De la Rúa abandonó la presidencia: había gobernado dos años y diez días.
Según relataron al día siguiente José Natanson y Felipe Yapur en Página/12, el presidente le preguntó a Leonardo Aiello cómo iban a hacer para llegar a Olivos.
–Presidente, todavía tenemos el helicóptero -le dijo Aiello.
De la Rúa estaba colorado y exhausto.
Un testigo aseguró al diario que había llorado.
–¿Ya sacaste todo del baño? ¿Te fijaste que no quedara nada? -le preguntó el presidente a Ana, su secretaria.
Y después subió al helicóptero que lo llevó a la Quinta.
–No nos echó el Fondo ni el PJ.
Nos echó la clase media -alcanzaron a escuchar los periodistas que decía uno de sus asesores...