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Los cuerpos que devolvió el mar
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Los cuerpos que devolvió el mar

Testimonios de los pobladores de la zona donde aparecieron los restos de la monja.
Diario La Nación - Martes 6 de Setiembre de 2005 - Santa Teresita (Enviado especial)
La playa de esta ciudad donde a las 14.30 del 20 de diciembre de 1977 apareció el cadáver de Léonie Duquet se ve desolada y sin vida, indiferente a la celebridad que ha ganado durante los últimos días.
La arena, oscura y rasposa, casi no tiene ondulaciones.
Tampoco el mar se muestra conmovido.
Para la playa y el mar, parece estar todo dicho.
La identificación del cuerpo de una de las monjas francesas desaparecidas durante la dictadura -anunciada por la Cámara Federal la semana pasada- hizo, en cambio, que los pobladores revivieran aquellos días, en los que todo se rumoreaba pero poco se decía.
Aún hoy son pocos los que eligen hablar.
La mayoría imita a la playa y se queda en silencio.
Algo similar ocurre en los balnearios contiguos, donde también aparecieron cuerpos que -descuentan en la Justicia- habían sido arrojados al mar, en los denominados "vuelos de la muerte", y en General Lavalle, donde enterraron los cadáveres no identificados.
El cuerpo de Duquet, secuestrada por un grupo de tareas de la ESMA, estuvo allí hasta que, en enero pasado, el Equipo Argentino de Antropología Forense lo exhumó para someterlo a exámenes de ADN.
Oscar Palmas, de 75 años, es uno de los que quieren contar lo que vieron.
Fotógrafo de profesión, es un hombre bajo y de risa fácil que llegó a Santa Teresita hace 37 años, "escapándole a la miseria de Ramos Mejía".
Justo en esa localidad secuestraron a Duquet, el 10 de diciembre de 1977.
Palmas dice que nunca se va a olvidar de aquel 20 de diciembre.
"Me llamó la policía temprano, para que fuera a hacer unas fotos a la playa.
Yo no era de la fuerza, pero siempre colaboraba", relata, desde el mismo lugar donde apareció Duquet."
Estaban por ahí -con el brazo derecho extendido señala un sector de arena al que llega una ola débil, que enseguida se vuelve al mar-.
Eran entre seis y ocho cuerpos desnudos, desperdigados en un trecho de unos diez metros", dice.
Palmas tomó fotos de aquellos cuerpos y se las dio a la policía.
"Nunca había visto algo así.
Tenían la carne muy blanca, muy gastada", dice.
Su trabajo terminó cuando los
bomberos cargaron los cuerpos y se los llevaron.
Aunque afirma que no tuvo que ver con aquel episodio, un tiempo después dejó de colaborar con la policía.
Siguiendo las indicaciones de los lugareños, La Nación dio con un bombero retirado de Santa Teresita que aquel día había participado del traslado de los cuerpos, el único que permanece con vida, según afirma.
En la penumbra de su taller mecánico, dice que no quiere hablar.
La única frase que suelta, en voz baja, es escalofriante: "Eran seis cuerpos desnudos, atados con alambres en los pies y en las manos".
Luego, se disculpa y da por finalizada la charla.
"Tengo que seguir trabajando", dice mientras alza las manos para señalar la salida.
A unos 20 kilómetros de allí, a la misma hora en que encontraron el cuerpo de Duquet en Santa Teresita, los bomberos de Mar de Ajó levantaban un cuerpo al borde del mar.
"Se hablaba de naufragios"
Manejaba la ambulancia Alberto Catulo, que por entonces tenía 21 años.
"Las teorías decían que podía haber sido un naufragio, pero por cómo estaban los cuerpos pensábamos que era otra cosa -relata-
Estaban golpeados, con sogas en las manos, uno con una capucha de arpillera en la cabeza.
" Catulo fue jefe de bomberos hasta hace dos años.
Sucedió en el puesto a su padre, Alfonso, el fundador del cuartel.
Tan grandote como amigable, cuenta lo que pasó aquella tarde como una aventura más de su trabajo.
Algo cambia cuando llega al lugar de los hechos.
Allí, parece surgirle una bronca contenida.
"Los que tiraron los cuerpos no se dieron cuenta de que, tarde o temprano, el mar todo lo que se lleva lo trae", dice con la mirada fija en el agua.
Entre 1976 y 1977, los bomberos de Mar de Ajó recogieron 16 cuerpos, según consta en sus registros.
"Llevábamos los cuerpos a una salita sanitaria, una garaje, sin refrigeración.
Pero después los vecinos se quejaron por el olor.
Entonces, los llevaron a Santa Teresita", agrega.
Aunque Catulo no participaba del resto del recorrido, afirma que esos cuerpos iban a parar al cementerio de General Lavalle, a unos 25 kilómetros, en camiones municipales.
El arribo de los cuerpos al cementerio es corroborado por Elbio Montenegro, un campesino desconfiado, de 64 años, que trabajó allí hasta 2003.
"Entraron con un camión por atrás.
Y descargaron todos los cuerpos", relata, con frases cortas y la tonada cerrada del interior provincial.
"No nos dejaron tocar nada.
Nomás vimos el polvo de la cal", dice.
Entre mate y mate, cuenta que los cuerpos fueron enterrados en una fosa común.
Ese recuerdo no coincide con las últimas averiguaciones de la Justicia.
Tampoco algunos detalles del resto de los testimonios.
Pasaron casi 28 años.