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El Gaucho
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Gaucho, jinete arriero y cuidador de ganado sudamericano, semejante al cowboy o vaquero estadounidense, que en siglo XIX era semi nómade.
Actualmente, se designa así, genéricamente, a los habitantes rurales dedicados a las tareas de ganadería en Argentina, Uruguay, Paraguay y sur de Brasil (en portugués, "gaúcho", utilizado también como gentilicio de los habitantes del estado de Rio Grande do Sul)
A la mujer gaucha tradicionalmente se le ha llamado china.
Existen varias teorías sobre el origen del nombre "gaucho".
Se sugiere, entre otras hipótesis, que puede haber sido derivado del quechua "huachu" (huérfano, vagabundo) o del árabe "chaucho" (un látigo utilizado en el arado de animales)
En el árabe mudejar existía la palabra hawsh para significar al pastor y al sujeto vagabundo, aún hoy en Andalucía -especialmente en la lengua gitana calé- se habla de gacho para significar al campesino y ,de modo figurado, al amante de una mujer.
En el s XVIII Concolorcorvo habla de gauderios cuando habla de gauchos o huasos, gauderio parece ser una especie de "latinización" de las palabras antedichas, latinización asociada al termino latín -muy conocido entonces ya que era usual en la liturgia católica-: "gaudeus" -regocijo, e incluso libertinaje-, es decir la palabra gaucho como la palabra huaso -metatesis una de la otra- parecen indudablemente plurietimológicas, y forjadas en un contexto temporal y territorial específico, el ámbito ganadero
del Cono Sur.
En Argentina el uso de la palabra "gaucho" se hace más generalizado que la palabra "guaso" o "huaso" recién a inicios de s XIX, quedando la palabra "guaso" y luego "huaso" acotada a Chile.
El primer uso documentado del término data de los años de la independencia argentina, declarada en 1816.
Los gauchos eran generalmente nómades y habitaban libremente en la pampa, la llanura que se extiende desde el norte de la Patagonia argentina hasta el norte del estado de Rio Grande do Sul en Brasil, bordeada por los Andes hacia el oeste y aún más al norte, por los llanos chaqueños hasta la región de Chiquitania y Santa Cruz de la Sierra, originado en relación a los ganados introducidos por los europeos, formando un complejo ecuestre criollo, puede decirse que hay gauchos en toda la región del Cono Sur en donde se puede andar a caballo.
La mayoría de los gauchos son criollos o mestizos, si bien esto no es definitorio, hacia 1875 un viajero gascón de apellido Armaignac daba una definición más cercana a lo real respecto a quíen era considerado gaucho, en principio gaucho es -ya se dijo- el habitante rural que tiene gran destreza como jinete, pero esto no basta -dice Armaignac-: "un extranjero -por ejemplo un europeo- puede adquirir, aunque sea muy dificil, todas las destrezas del gaucho, vestir como gaucho, hablar como gaucho..., pero no será nunca considerado gaucho, en cambio sus hijos aunque todos sus linajes sean directamente europeos, al ser ya nativos o criollos sí serán cabalmente considerados gauchos.
El gaucho interpreta un rol simbólico importante para el nacionalismo ( y las relaciones humanas) de la región, especialmente en la Argentina.
El poema épico Martín Fierro, de José Hernández, evidencia al gaucho como símbolo de tradición nacional argentina, contraponiéndolo a las tendencias europeizantes de la ciudad y a la corrupción de la clase política.
Martín Fierro, héroe del poema, es reclutado por el ejército argentino para la guerra fronteriza contra los indios, pero deserta y se convierte en un fugitivo de la ley.
La imagen del gaucho libre a menudo es contrastada con aquella de los esclavos que trabajan en el norte de Brasil.
Estereotípicamente, los gauchos eran fuertes (forzosamente, dadas sus actividades), taciturnos pero arrogantes y capaces de responder con violencia a una provocación.
Existía toda una axiología gaucha caracterizada por los siguientes valores: valentía, lealtad, hospitalidad -de allí que en Argentina y Uruguay la frase "hacer una gauchada" -totalmente opuesta a "hacer una guachada"- significa tener un gesto de hidalguía o una buena actitud.
Para una parte de la aristocracia y la burguesía urbana del siglo XIX, el gaucho era un "salvaje peligroso" y la palabra gaucho le resultaba casi un insulto.
Poco más de medio siglo después el escritor y estanciero Ricardo Güiraldes se siente emocionalmente obligado a dar su homenaje a los gauchos (en los inicios de s XX reducidos a la categoría laboral de "peones" , es decir de jornaleros rurales), sin embargo de tal ubicación en la "escala social", Güiraldes se ve compelido a reconocer -con mucha nostalgia- los valores del gaucho, es un gaucho, al cual sintomáticamente llama "Don Segundo Sombra" al cual le adeuda su iniciación como hombre, Don Segundo Sombra es su mentor, le da nociones de un especial honor y respeto al prójimo, le enseña a tratar con la naturaleza, e incluso (y esto es clave) es quien le proteje de sus temores y fobias burgueses, este es uno de los motivos por los cuales Güiraldes, muy joven, concluye -tras que Don Segundo le despidiera- "lo ví irse en el horizonte (...) y me fuí como quien se desangra".
Los gauchos eran y son también grandes jinetes, excelentes en las prácticas ecuestres siendo en lo hípico sus deportes preferidos el pato, las carreras cuadreras, la sortija, la doma y la captura mediante boleadoras desde el caballo.
A menudo el caballo de un gaucho constituía todo lo que este poseía en el mundo.
Un gaucho sin "flete" (caballo) dejaba de ser gaucho, algo muy dificil ya que en el campo argentino abundan las caballadas.
La vivienda del gaucho, llamada "rancho" solía ser adusta, de adobes, con techo a dos aguas y con un aljibe (o "balde" o "jagüel") en sus cercanías.