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Kamikaze
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Kamikaze: Palabra japonesa que proviene de kami (dios) y kaze (viento), y se suele traducir como "viento divino" o "aliento de los dioses".
Su origen es una referencia a un tifón que salvó a Japón de una invasión mongol en el siglo XII, arrasando su flota.
En occidente se refiere a los pilotos suicidas de la Segunda Guerra Mundial, y, por extensión, a pilotos suicidas o simplemente a suicidas en general.
Un kamikaze, en este caso un Mitsubishi A6M, a punto de impactar en el acorazado USS MissouriJapón recurrió
a estos pilotos suicidas, teniendo en cuenta la notable diferencia que existía, en el potencial bélico, entre Japón y los Aliados, en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.
El capitán de navío japonés Rikihei Inoguchi, escribía: "...
Para nosotros los japoneses ya estaba completamente claro que nuestro país tendría que afrontar una gravísima crisis, a menos que de una manera u otra lográramos hacer intervenir elementos que fueran capaces, por sí solos, de cambiar radicalmente la situación.
Así, pues, era muy natural que, en semejantes circunstancias, los combatientes nipones estuvieran dispuestos a sacrificar sus vidas por el emperador y por la patria".
Los kamikaze eran pilotos que realizaban misiones suicidas, es decir, sin la esperanza de salvar la vida durante la misión.
Utilizaban sus aviones a modo de proyectil para causar el mayor daño posible al enemigo.
Estos pilotos surgieron en el ejército japonés durante la Segunda Guerra Mundial para atacar los buques estadounidenses que estaban fondeados en aguas del Pacífico Sur.
La idea de utilizar a los pilotos como bombas humanas, tiene su origen en el almirante Takijiro Onishi en octubre de 1944, ante la evidente inefectividad de la marina japonesa contra la superioridad tecnológica de los Estados Unidos de América.
En total 34 barcos fueron hundidos y 288 dañados por los pilotos kamikaze (que contaban unos 4.000 entre los Servicios Aéreos Naval y del Ejército)
Aunque los resultados de este tipo de ataques eran más simbólicos que prácticos, el efecto psicológico en los soldados aliados era profundo.
Los kamikaze se presentaban voluntarios para realizar dichas misiones, ya que era una manera más que honorable de morir.
Este tipo de mentalidad estaba muy arraigada en el pensamiento y dimensión moral japonesas, ya que el sentido del honor y la obediencia formaban parte del concepto del deber o "Giri" (literalmente, la "Recta Razón")
El "Giri" o deber era uno de los principios del pensamiento japonés, herencia de las ideas morales predominantes en Japón durante la Edad Media y que son recogidas en el código de conducta de los caballeros samurai, el "Bushido".
Por tanto el credo de los kamikaze derivaba, en cierto modo, del Bushido, el código de conducta del guerrero japonés, basado en el espiritualismo propio del budismo y que revela una especial insistencia en el valor o en la conciencia del hombre.
Otro de los más ardientes deseos del kamikaze era conseguir una muerte henchida de un profundo significado, en el momento justo y en el puesto que les correspondía, y no suscitar con su conducta, la pública censura.
Otra particularidad del credo kamikaze era que juzgaban aquellas misiones de ataque única y exclusivamente como una parte más de su obligación, y que no consideraban este deber como algo extraordinario ni fuera de lo normal.
A nivel de consciencia o de incosciencia tenían la sensación precisa y profunda de "conquistar la vida a través de la muerte" y se comportaban y obraban de acuerdo con este principio.
El término "incosciencia", grafica, que aquellos hombres ni siquiera eran conscientes de los sentimientos descritos más arriba: estaban tan profundamente dominados por el sentimiento de amor a la patria, cultivado en la historia y en la tradición del país, que no podían experimentar otra sensación.
El ataque kamikaze tenía, ante todo, un significado espiritual, y cualquier piloto dotado de una normal habilidad estaba capacitado para llevar a cabo su misión de manera adecuada.
Para ello no existía un método especial de adiestramiento, excepto el que consistía en hacer particular hincapié, ante los pilotos, sobre determinados factores que ya habían relevado tener una cierta importancia.
Por ejemplo, el programa que debían seguir los pilotos con base en Formosa se dividía en breves y diversas fases: en primer lugar, el adiestramiento de los nuevos pilotos kamikaze tenía una duración de siete días, dedicando las primeras dos jormadas únicamente al ejercicio de despegue.
Este tipo de ejercicio cubría el período de tiempo que iba desde el momento en que se impartía la orden para una misión hasta el momento en que los aparatos quedaban situados en formación de vuelo.
Los dos días siguientes se dedicaban al vuelo en formación, mientras al mismo tiempo proseguían las prácticas de despegue.
Los últimos tres días estaban dedicados, de manera especial, al estudio teórico y a los ejercicios prácticos de aproximación al objetivo y al ataque; entre tanto, continuaban también los ejercicios de despegue y de vuelo en formación.
Si aún había tiempo, se repetía el proceso por segunda vez.
Para los cazas ligeros y rápidos, como los Zero cuyo nombre en código para los Aliados era Zeke, y los bombarderos embarcados tipo Suisei, nombre en código Judy, se adoptaron dos métodos de aproximación con vista a los ataques especiales, métodos que se habían revelado especialmente eficaces.
La aproximación debía realizarse a la máxima o mínima altura posible.
Aunque desde el punto de vista de la exactitud de la navegación y de la buena visibilidad hubiera sido preferible una altura media, se prefería renunciar a estas ventajas en consideración a otros factores.
En efecto, la altura preferida estaba comprendida entre los 5.500 y los 6.500 metros, y ello por dos razones: Cuando mayor es la altura, más difícil se hace la interceptación por parte del enemigo; Había que tener en cuenta la maniobrabilidad de un avión cargado con una bomba de 250 kilogramos.
En lo que respecta a la aproximación a poca altura de los aparatos japoneses volaban lo más cerca posible de la superficie del mar, de manera que se retrasara al máximo su localización por los radares aliados.
En las postrimerías del año 1944 se consideraba que el radar americano tenía un alcance efectivo de 160 kilómetros a gran altura y de 30 a 50 kilómetros a baja altura.
En las ocasiones en que se disponía de muchas unidades de ataque, se aplicaban simultáneamente el método de aproximación a baja altura y el de alta cota, desde varias rutas además.
Para el ataque final suicida, los kamikaze, tenían un orden de prioridades; en los portaaviones, el mejor blanco era el elevador principal; seguían luego, en orden de preferencia, el elevador de popa o el de proa.