Diario La Nación
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Breve reseña de La Nación desde sus comienzos y su evolución a través del tiempo.
El fundador y la fundación - por Octavio Hornos Paz
Fuente: lanacion.com.ar

En enero de 1870, a los cuarenta y ocho años de edad, Mitre ya ha sido gobernador de la provincia de Buenos Aires, el primer presidente de la República unida bajo el régimen de la Constitución de 1853-1860, el defensor de la soberanía nacional en la guerra del Paraguay, en la que combatió como comandante en jefe de la Triple
Alianza.
Ha estado exiliado en el Uruguay, Bolivia y Chile, ha peleado en Caseros, en Cepeda y en Pavón.
De su carrera militar tiene una condecoración de alto valor, una cicatriz en la frente, que marca su manera de enfrentar la lucha en la primera fila del peligro.
A esa altura de su vida funda a La Nación.
Tenía dieciséis años cuando se inicia en el periodismo, que ha cultivado en Montevideo, en La Paz, en Santiago y en Valparaíso, antes de volver a Buenos Aires, donde orienta Los Debates, comparte con Sarmiento la dirección de El Nacional, e inspira Nación Argentina diario que precede a La Nación y que sostendrá su obra de gobierno, con la dirección de don José María Gutiérrez.
Es un periodista nato, pero no se agota en ésa, su primera vocación, su labor intelectual en 1870 ya ha publicado la "Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina" y se prepara para redactar la "Historia de San Martín y de emancipación sudamericana", dos obras maestras de la historiografía nacional basadas en las fuentes documentales, corriente que inaugura en el país.
Un estremecimiento de entusiasmo se percibe en su correspondencia de 1869 con algunos amigos, a los que comunica su decisión de hacerse impresor, como llama modestamente al oficio al cual se entregará con el apasionamiento juvenil que la aventura por emprender enciende en su espíritu.
Una aventura razonada y austera, "después de tantos años de trabajo, victorias y gobierno", como dirá en una carta dirigida a su amigo, el general Wenceslao Paunero, al que da cuenta de su nada brillante situación pecuniaria con el sobrio lenguaje de los números, que le permitirá concluir, sin dejo alguno de resentimiento o ironía: "No dirán que he sido una carga pública para mi país".
Lejos de ser el fruto de la abundancia, La Nación nace del esfuerzo modesto y obstinado de quien no posee otros bienes que los del espíritu y los de la voluntad.
"Entre diez amigos -escribe el fundador al general Paunero- he levantado el capital necesario , que son ochocientos mil pesos" y añade, haciendo un recurso somero de su estado anímico: "En fin, tengo energía para trabajar, no siento ninguna amargura para volver a empezar mi carrera, volviendo a ser en mi país lo que era en la emigración".
Varones distinguidos, en una época en la que el país contaba con tantas personalidades eminentes, le brindaron su apoyo.
A su lado, como en tantas ocasiones venturosas y adversas, unidos por el mismo ideal y la misma esperanza, José María Gutiérrez, Rufino y Francisco de Elizalde, Juan Agustín García, Delfín B.Huergo, Cándido Galván, Anacarsis Lanús, Adriano E.Rossi y Ambrosio P.Lezica.
La primera entrega del diario -que sale a la calle con 1000 ejemplares- data del 4 de enero de 1870 y salió de la imprenta, situada en los bajos de la casa del doctor José María Gutiérrez, en la calle San Martín 124, de la numeración antigua.
En abril de ese año se traslada a la residencia particular de Mitre, que es hoy el museo que lleva su nombre.
En 1885 se inauguró en el solar adyacente a esa mansión uno de los edificios que sobre la calle San Martín se extendería en dirección a Corrientes.
En esas casas La Nación estuvo hasta 1979, año en que se instaló en su actual sede de la calle Bouchard, entre Tucumán y Lavalle.
En 1929 salió el edificio del diario a la calle Florida, con el frente concebido en notable estilo colonial arequipeño.
El primer editorial de La Nación se tituló "Nuevos horizontes" y fue escrito por Mitre, que llamaba "director-gerente" a su función en el periódico.
Como dijimos, Nación Argentina precedió a La Nación y Mitre señaló en el artículo de fondo inaugural la diferencia entre ambos órganos.
Aquél había sido un "puesto de combate"; éste sería "una tribuna de doctrina".
La doctrina a la que se refiere Mitre en ese texto es la de los principios concretos de la Constitución Nacional de 1853-1860.
En 1870 la unidad nacional es un hecho que nadie discute, el federalismo ha sido convertido en realidad, los principios entrañables que sirven de base al plan de reformas concretas esbozado en 1852 -después de Caseros- se han incorporado a la Ley Fundamental.
Por la libertad, la pureza del sufragio, la tolerancia de las ideas encontradas, la moral pública, tuvo La Nación que sufrir cinco clausuras, entre 1870 y 1901, la obligación de reducir sus páginas a seis y su tirada al 30% y durante el gobierno peronista y hasta 1955, los rigores del Proceso de Reorganización Nacional.
Pero su estilo fue siempre el doctrinario, el que difunde la información comprobada, el que en la columna editorial usa la prosa argumentativa, tanto en la crítica como en el elogio.
La forma periodística de La Nación integra también su doctrina.
En los primeros tiempos La Nación se imprimía en máquinas planas en las que había que poner pliego por pliego y, a veces, poner el mismo pliego primero de una cara y luego de la otra.
Se componía tipo por tipo, a mano, letra por letra.
A fines de la centuria pasada, contemporánea de su tiempo, la impresión pasó a hacerse con las rotativas de la casa Marinoni, de París, en cuyo diseño colaboró el ingeniero Emilio Mitre.
En 1901, incorporó a sus talleres las linotipias, máquinas que reemplazaron a la composición manual.
A partir de 1980, de acuerdo con las exigencias de los tiempos, la electrónica ingresó en La Nación, que ahora aparece On Line y se escribe en computadoras que alimentan las fotograbadoras.
Primero fue el dibujo, luego la fotografía, ahora a esas modalidades gráficas se ha sumado la infografía.
Al general Mitre lo sucedieron en la dirección sus hijos Bartolomé Mitre y Vedia y Emilio, que fundó en 1909 -poco antes de morir- la Sociedad Anónima La Nación.
Tocaría entonces el turno de conducir el diario a los nietos, don Luis y don Jorge, que fueron codirectores entre 1909 y 1912.
Luego, Luis sería presidente del directorio y Jorge, director periodístico.
En 1932, aquél se haría cargo del diario hasta su muerte, en 1950.
Correspondería, entonces, a un bisnieto del general, el doctor Bartolomé Mitre, que se hiciera cargo de la dirección, que ocupó hasta su fallecimiento en 1982.
Y la responsabilidad recaería en los tataranietos.
En el doctor Bartolomé Mitre, actual director, y en otra rama de esa generación, los Saguier, que dieron otro envión al diario, encabezados por el presidente del directorio, Julio Saguier, actual presidente de la Sociedad.
En sus 130 años de existencia, La Nación fue objeto de numerosas distinciones.
En 1942, don Luis Mitre y el subdirector, Angel Bohigas, recibieron el Premio María Moors Cabot, que instituyó la Universidad de Columbia, de Nueva York, y el mismo premio fue otorgado en 1963 al doctor Bartolomé Mitre y al subdirector, Juan S.Valmaggia.
Parece oportuno recordar aquí que, en 1951, la Unesco publicó un trabajo de Jacques Kayser, que consistía en el análisis de los grandes diarios del mundo.
Entre los 17 elegidos figuraba La Nación.
John C.Merrill, en su libro "The Elite Press", confirmó la opinión de Kayser respecto de La Nación.
En marzo de 1989, el presidente Mitterrand, en el Palacio del Elíseo, entregó al doctor Bartolomé Mitre, actual director del diario, las insignias de la Legión de Honor.
En esa oportunidad destacó los méritos del periodista y de su periódico.