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Lennon es asesinado
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Un día en la muerte (fragmento)
Empieza así: el lunes 8 de diciembre de 1980 es el último día en la vida de John Lennon.
Empieza con la voz de John Lennon en la radio, en el Dave Lee Travis Breakfast Show, inmediatamente reconocible, entre nasal y ácida, saludando a los neoyorquinos a través de un mensaje grabado como parte de la promoción del recién aparecido álbum Double Fantasy.
El primer disco en varios años, a medias con Yoko Ono y, digámoslo, el retorno es todo un evento, pero el disco en sí está más bien lejos de serlo y, en su
momento, ahí mismo, The Village Voice tituló “La infantilización de John Lennon”.
Pero nada de eso importa ese día.
A esa hora, Lennon desayuna en su café favorito (Café La Fortuna) y después visita a su peluquero de cabecera (Veez A Vezz) y de regreso al Dakota.
Entrevista telefónica y, al mediodía, llega la fotógrafa Annie Leibowitz y Lennon se desnuda y abraza a su mujer y, click, la foto que días después ocupará la portada de Rolling Stone y la portada que semanas atrás fue elegida por un jurado de periodistas como la mejor de los últimos 40 años.
Leibowitz le muestra a Lennon una polaroid de prueba y Lennon, involuntariamente confesional, exclama: “¡Grande! ¡Muestra exactamente cómo es nuestra relación!”.
Después, Lennon sale para el estudio de grabación The Hit Factory, pero en la calle, antes de subirse a su remise, le firma una copia de Double Fantasy a un fan que lo espera hace horas, conversando con el portero José Perdomo, releyendo de tanto en tanto su ejemplar de The Catcher in the Rye de J.D.Salinger. Paul Goresh, fotógrafo amateur, registra el momento. “John Lennon, 1980”, escribe Lennon en la portada de su disco y sube al auto y se va.
El fan está pasmado, no puede creer haber estado tan cerca de su ídolo.
“¡Nunca me van a creer esto en Hawai!”, sonríe.
Lennon pasa el resto del día en The Hit Factory, trabajando junto a Yoko Ono en el tema “Walking On Thin Ice”.
A las 22.30 deciden volver a casa.
Lennon baja de la limousina y se dirige a la entrada del edificio.
Una sombra sale de entre las sombras –el mismo fan del autógrafo y de la foto– y dice “Mr Lennon”, y adopta la posición de combate y dispara a quemarropa.
Cinco balas contra Mr Lennon.
Las dos primeras –la herida mortal– entran por la espalda y destrozan una arteria y el impacto hace que el cuerpo gire, las dos segundas impactan contra un hombro, la última no da en el blanco; pero ya no importa.
Lennon camina unos pasos y se derrumba en la oficina del conserje.
El fan se sienta en el cordón de la vereda y se pone a leer a Salinger mientras espera que llegue la policía.
El nombre del fan es Mark David Chapman.
Y tal vez sean muy pocos los que recuerden qué hacían el día en que se produjo la muerte anunciada de George Harrison; pero –lo del principio– nadie puede olvidar dónde estaba la noche en que, sin que nadie lo esperara, murió John Lennon.
Una de esas fechas –como las muertes de Presley o Cobain para otras generaciones– que tiñen de rojo y luto el almanaque de nuestras biografías.
Y una reciente edición de la revista Uncut reúne a una multitud de célebres y les pregunta exactamente eso: ¿cómo fue que les llegó la noticia de la muerte en aquel día en sus vidas? Y todos –Badly Drawn Boy, Ian McCulloch, John Sebastian, Chris Frantz, Alice Cooper, Brian Wilson, Donovan, Slash, Michael Stipe y siguen los memoriosos– se acuerdan perfecta y exactamente dónde estaban cuando sonó el teléfono o se interrumpió la programación de radios y televisiones o alguien estalló en llanto en la mesa de al lado o comenzó a sonar una y otra vez “Imagine”.

Por Rodrigo Fresán para Página 12.