Estamos trabajando en la nueva versión del sitio, enterate como participar.



Literatura en Argentina
 Vistas desde creación:4811
 Vistas desde último cambio:4369
 Vistas este mes:4772
 Vistas este año:4811
subir a paralelos, artículos y contextos históricos. 
La literatura argentina estuvo fuertemente influida por la literatura francesa, y en permanente tensión con ella.
Solo desde mediados del siglo XX comenzaron a gravitar en la Argentina escritores de habla inglesa.
Las tensiones con la literatura francesa produjeron los fenómenos del criollismo, o literatura gauchesca, y la reivindicación de la literatura española.
Hispanistas y gauchescos no formaron escuelas definidas ni coincidieron siempre en el tiempo.
Fueron más bien manifestaciones
que tácitamente rechazaban la influencia francesa, y mientras los primeros apenas dejaron huellas en cuanto a cantidad y calidad de obras, a los segundos se los considera fundadores de la literatura argentina moderna.
Sin embargo, el primer relato que merece para muchos críticos el nombre de "fundacional", fue escrito antes de mediados del siglo XIX por Esteban Echeverría (1805-1851), escritor y político liberal, de tendencia romántica.
El cuento "El matadero", que describe una escena brutal de tortura y asesinato en los mataderos de ganado de Buenos Aires, es de un estilo realista infrecuente en la época.
Echeverría escribió también el poema "La cautiva", de ambiente rural, pero de estilo culto y complejas resoluciones metafóricas y sintácticas.
La literatura gauchesca comienza con la publicación de "Fausto", de Estanislao del Campo (1866), sátira en verso en la que un gaucho relata con su propio lenguaje una representación del "Fausto" de Charles Gounod en la ópera de Buenos Aires, el teatro Colón.
En 1872, José Hernández publica su poema "Martín Fierro", elogiado como "el Don Quijote" de los argentinos y señalado como compendio de la argentinidad por los sectores nacionalistas.
La obra narra las desventuras de un gaucho, reclutado a la fueza para la guerra contra el indio, quien a su regreso mata a un hombre en duelo, huye y se exilia entre los salvajes.
Vuelto a la civilización, pronuncia una serie de máximas a sus hijos y reflexiones sobre las penurias de sus paisanos, los gauchos, parias de la pampa.
En 1845, Domingo Faustino Sarmiento, escritor y político que llegaría a la Presidencia de la Nación, había publicado "Facundo", sobre el caudillo provincial Facundo Quiroga, a quien describe agudamente, pero a a la vez pinta como símbolo y representación de la barbarie, a la que Sarmiento oponía el progreso y la civilización.
Para la crítica del siglo XX, "Facundo" es también un libro inaugural de la literatura argentina.
Normalizada la vida política después de las guerras interiores, y con el gobierno en manos de liberales, el país entra con gran pujanza en el nuevo siglo y la literatura se hace cosmopolita.
El poeta, narrador y ensayista Leopoldo Lugones es la figura que representa este puente entre dos épocas.
Influido por la poesía del nicaragüense Rubén Darío, escribió poemarios de elaborada retórica, cuentos y combativos ensayos.
De su anarquismo inicial derivó hacia el nacionalismo autoritario, apoyó el primer golpe de Estado en el país (1930) y se suicidó en una posada en el delta del río Paraná.
A la poesía suntuosa de Lugones, sigue la "sencillista", de poetas como Baldomero Fernández Moreno y Evaristo Carriego.
En los años veinte, aparece la vanguardia.
Su hoja de divulgación se llamaría, significativamente, "Martín Fierro", para algunos, un gesto snob, para otros, la expresión del matiz criollista que quería subrayar el movimiento innovador.
En ese periódico escribe Jorge Luis Borges, quien con el tiempo sería el más conocido fuera de las fronteras del país, y otros poetas clave, como Raúl González Tuñón y Oliverio Girondo.
Simultáneamente, aparece un grupo de poetas y narradores "sociales", influidos por la literatura rusa, entre los que destaca Roberto Arlt, cuya poderosa imaginación excede el modelo.
Ricardo Güiraldes publica su "Don Segundo Sombra", novela rural que a diferencia de "Martín Fierro" no reivindica socialmente al gaucho, sino que lo evoca como personaje legendario, en un tono elegíaco.
En la provincia de Entre Ríos, a la orilla del río Paraná, el poeta Juan Laurentino Ortiz inicia una obra solitaria, de intensa relación con el paisaje fluvial, pero también con sus humildes habitantes.
En la década de los años cuarenta, se afirma la figura de Borges, a la vez que es cuestionada por su presunto "cosmopolitismo".
Ernesto Sábato publica su primera novela, "El túnel", elogiada y premiada en Europa.
Publican poetas como Olga Orozco y Enrique Molina, influidos por el surrealismo europeo; Alberto Girri, admirador de la poesía anglosajona y Edgar Bayley, cofundador del "concretismo", de mayor gravitación en las artes plásticas que en la literatura.
Julio Cortázar edita sus primeros cuentos en los años cincuenta, el primero de ellos por gestión de
Borges, y se autoexilia en París.
En esa década y la siguiente, la vanguardia poética se reagrupa en la revista "Poesía Buenos Aires", dirigida por Raúl Gustavo Aguirre.
El poeta Juan Gelman aparece como la figura más destacada de una poesía de tono coloquial, políticamente comprometida, que incluye a Juana Bignozzi y Horacio Salas.
Destacan también, en poesía, Joaquín Giannuzzi, Leónidas Lamborghini, Alejandra Pizarnik.
Publican narradores como Abelardo Castillo, Liliana Heker, Beatiz Guido, Bernardo Kordon, Juan José Manauta, Rodolfo Walsh, Leopoldo Marechal, Adolfo Bioy Casares, de muy distintas ideas estéticas, que recorren una gama de estilos que va desde lo social hasta lo existencial y lo fantástico.
Después de la más sangrienta dictadura militar de la historia local (1976-1983), en la narrativa se discuten nombres como los de Ricardo Piglia, Manuel Puig, Antonio Di Benedetto, César Aira, Juan José Saer, Antonio Dal Masetto, Ana María Shua, Rodolfo Fogwill, Alberto Laiseca, Osvaldo Soriano, Jorge Asís, Héctor Tizón, Rodrigo Fresán, Mempo Giardinelli, y poetas como Arturo Carrera, Néstor Perlongher, Ricardo Zelarrayán,Susana Thenon,Irene Gruss,Diana Bellessi, Jorge Aulicino, Fabián Casas, Santiago Sylvester, Horacio Castillo, María del Carmen Colombo.
Muchos de estos autores habían comenzado su actividad en los años anteriores a la dictadura; otros aparecen en los ochenta y noventa para reanudar la discusión literaria.
El tono paródico en algunos de ellos, la ironía, la fantasía, el realismo y la épica, la gravedad o la liviandad, el minimalismo y la lírica intimista y feminista indican las tendencias y tensiones del momento histórico.