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El Tango
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subir a armonía y música. 
La música del tango argentino y uruguayo desciende de la habanera, según estudios que no cuentan con numerosa documentación, y se interpretaba en los prostíbulos, en las dos últimas décadas del siglo XIX, con violín, flauta y guitarra. El bandoneón, que actualmente caracteriza el tango, llegó hasta el Río de la Plata hacia 1900, en las valijas de inmigrantes alemanes. No existen muchas partituras de la época,
porque los músicos de tango no sabían escribir la música y probablemente interpretaban sobre la base de melodías existentes, tanto de habaneras como de polkas.
Si la insinuante coreografía del tango dice mucho sobre su origen prostibulario, más aun dicen los nombres de los primeros tangos que se conocen: ¿Con qué tropieza que no entra?, Dos sin sacarla, Siete pulgadas, El choclo (nombre este último de la mazorca de maíz, pero que alude, por similitud sonora, al "chocho" o "coño" español, y por sus barbas de hilos finos a lo mismo.
Por su parte, el origen del nombre "tango" se atribuye a un símil despectivo con las reuniones de los negros (por entonces, un buen porcentaje de la población de Buenos Aires y Montevideo) para tocar y bailar su música; reuniones y lugares llamados "tangos" (a su vez, la palabra derivaría de la dificultad de los negros para pronunciar "tambor", instrumento al que llamaban "tangor")
Los más antiguos compositores e interprétes de tango que se conocen aparecieron en las dos primeras décadas del siglo XX.
El primer tango con autor conocido es "El entrerriano", de Rosendo Mendizabal, publicado en 1898.
Ángel Villoldo, Roberto Firpo y Francisco Canaro fueron famosos y populares autores e intérpretes de tango, el que se consolida en su fomato de cuatro pies rítmicos distribuidos en dos tiempos.
En aquellos años, en los que los hijos de familias ricas llevan a París el tango que habían aprendido en su frecuentación de los lupanares, comienza una nueva era para el género, con el aporte de músicos mejor preparados y la incorporación de letras evocativas del paisaje del suburbio, de la infancia y de amores contrariados.
Carlos Gardel es el mejor y el más recordado cantante de tango de los años veinte y treinta.
Muchos de los temas que interpretaba los compuso él mismo y encargó sus letras a su inseparable compañero Alfredo Le Pera.
Gardel, que comenzó su carrera en comités políticos de los suburbios fabriles de Buenos Aires, cantó en París y en Nueva York, filmó varias películas en los Estados Unidos y murió en un accidente de aviación en Medellín, Colombia.
Entonces se convirtió en un mito para argentinos y uruguayos.
Músicos como Pascual Contursi, Juan Carlos Cobián, Julio De Caro, Osvaldo Fresedo, cantantes como Ignacio Corsini, Sofía Bozán, Rosa Quiroga, Agustín Magaldi, integraron lo que se conoció como la "nueva guardia" del tango en aquella época.
La del cuarenta fue una década dorada para el género, que se interpretaba ya en locales nocturnos de lujo, cuyos ambientes alimentaron a su vez a los letristas, que en sus versos contraponían el lujurioso cabaret y los desbordes de la vida nocturna a la infancia en el arrabal, paisaje éste que adquirió entonces ribetes míticos de paraíso perdido.
Grandes orquestas, como las de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Carlos Di Sarli, Horacio Salgán, actuaban a la vez en los cabarés del centro y en salones barriales, y, con ellos, creció enormemente la industria discográfica en la Argentina.
Letristas de gran vuelo —Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi, Enrique Cadícamo, Cátulo Castillo— dieron al tango composiciones inolvidables, signadas por la amarga crítica de costumbres (Discépolo), el matiz elegíaco y las metáforas inspiradas en grandes poetas (Manzi, Castillo), la recurrente pintura de ambientes sofisticados con resonancias del poeta modernista Rubén Darío (Cadícamo)
Notables cantantes de la época fueron el "Polaco" Roberto Goyeneche, Ángel Vargas y Edmundo Rivero.
A partir de los cincuenta y sesenta, surge un tango "de vanguardia".
En 1948 Mariano Mores forma su propio grupo y ese mismo año debuta en la sala del Teatro Presidente Alvear, al frente de una gran orquesta.
Otra figura muy notable es Ástor Piazzolla: influido por músicos como Ígor Stravinsky y Béla Bártok, Piazzolla introduce armonías disonantes y bases rítmicas intensas y nerviosas en un género cuyos cultores tradicionales se abroquelaron para criticar esas innovaciones, finalmente aceptadas.
Muchos de los músicos de tango posteriores siguen la senda piazzolliana, sin olvidar a grandes músicos anteriores, principalmente Troilo y Pugliese, y a un virtuoso incomparable, Salgán.
Desde hace pocos años (comenzando precisamente a partir de determinados períodos de la obra de Astor Piazzolla) se observa que el fenómeno de aculturación mundial que deriva en fusiones musicales entre lenguajes, si bien de origen geográfico cierto, considerados como universalmente difundidos (jazz, rock, música electrónica) y músicas étnicas o locales, también ha llegado al tango.
Se trata de fusiones del tango con el jazz, el rock y la electrónica, siendo esta última la más difundida, con ejemplos tales como Bajofondo Tango Club, Tanghetto o Gotan Project.
Además existen diversas orquestas en su mayoría conformadas por jóvenes músicos que pretenden rescatar y reinterpretar con nuevos códigos los tangos clásicos, entre ellas se destaca la Orquesta Típica Fernandez Fierro.