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TV parte II
 Vistas desde creación:1883
 Vistas desde último cambio:1659
 Vistas este mes:1867
 Vistas este año:1883
subir a paralelos, artículos y contextos históricos. 
Entre 1937 y 1941 se crean las dos primeras redes radiales: El Mundo y Belgrano, incorporándose en 1941 Radio Splendid como la tercera red.
Basándose sobre el informe de la Revolución Libertadora sobre los medios de difusión del gobierno de Perón, señala que el gobierno había comprado las radios "en defensa nacional y por concepción espiritual".
En su momento, Radio El Mundo y la Red Azul y Blanca de Emisoras
Argentinas, de propiedad de la Editorial Haynes, también pasó a formar parte del complejo radial oficialista.
La oposición careció de acceso a los espacios, que en cambio eran empleados regularmente por el Estado con fines informativos o de difusión del ideario peronista: las transmisiones "en cadena", los frecuentes mensajes del presidente y de su esposa, los programas populares con astros y estrellas de seguro impacto masivo ‹el más inteligente fue el ciclo de Enrique Santos Discépolo y su personaje "Mordisquito"‹, etc.
El esquema sólo se interrumpió fugazmente cuando algunos políticos opositores pudieron hablar por radio a la nación en la tregua cerrada el 31 de agosto de 1955.(La televisión, cuyas transmisiones inauguró el canal 7, también oficial, el 17 de octubre de 1951, nunca alcanzó durante la época de Perón un arraigo equivalente al de la radiofonía.)
Para fines de la primera presidencia, el control oficial sobre la prensa había alcanzado sus dimensiones más características".
Quedan debidamente fundamentadas dos posturas, a primera vista, antagónicas: propiedad privada y propiedad estatal.
El primer periodista que apareció ante cámaras, Domingo Di Núbila, utilizaba el término "paraestatal" para definir la situación.
Después de leer estos materiales (antes de mandarlos a imprenta), Mancera acuña el término "paraprivada".
En un afiebrado intercambio de mails, Pablo Sirvén nos menciona el término "mescolanza", quizá la clave para el embrollo.
He aquí nuestra hipótesis: la televisión argentina nació con una extraña mezcla de propiedad estatal y privada.
Ni 100% estatal, ni 100% privada.
La propiedad indiscutida de la señal es del Estado, no existen plazos de concesión, la legislación oscila entre inexistente y confusa.
Las radios y LR3 Televisión Radio Belgrano pueden operar únicamente con el visto bueno del Gobierno, incluyendo un férreo control de sus contenidos.
Pero quienes generan esos contenidos y crean los programas son particulares, en general amigos personales y políticos de los principales dirigentes peronistas, incluyendo al propio general Perón y, en los tiempos fundacionales, Eva Perón (en su tiempo reconocida actriz de radioteatros)
Todos tenían muy claro que 1974 era un año de transición para la televisión argentina; transición hacia dónde no lo sabía nadie.
En los primeros meses del año el gobierno propició la salida de dos gobernadores constitucionales, adictos a la Juventud Peronista: en Buenos Aires el vicegobernador Calabró reemplazó a Bidegain y en Córdoba el brigadier Lacabanne fue designado interventor, reemplazando a Obregón Cano.
El 1° de mayo el general Perón echó a la Juventud Peronista de la Plaza de Mayo, acelerando crisis políticas.
Comenzaron los asesinatos de la ultraderecha perpetrados por lo que se conocía como Triple A.
Ante cambios políticos tan contundentes cualquier cosa podía suceder en la televisión.
Poco tiempo había para pensar sobre la necesidad de televisión en color.
Los contratos a los artistas eran por tiempo limitado, no se encaraba nada ambicioso, no se invertía en mantenimiento.
Una lógica consecuencia era recurrir a los enlatados.
Aunque sólo existían pocas series en horarios centrales (Ladrón sin destino, Dos tipos audaces, Kung Fu) en las noches se proyectan diversos ciclos de cine: Cine estelar y Los Oscar del Cine (C9), La segunda de la noche (C13), Premier 70 (C11) y Cine sin cortes (C7)
Se iba desarrollando un lento pero inexorable desplazamiento de la producción nacional.
Figuras como Tato Bores y Mirtha Legrand desaparecieron abrupta y conflictivamente de las pantallas, comenzaban a aparecer nombres "no recomendados" en una nueva etapa de la televisión, tan íntimamente ligada a los avatares políticos.
Algunos contratos se respetaban, otros no, algunos programas fueron levantados a cambio de mantener un prudencial silencio y cobrar todo el año (promesas en general incumplidas)
Un fenómeno que se desarrollaría fuertemente al final de la década comenzó este año: las miniseries.
La emisión de QB VII, dentro del ciclo Antes que en el cine fue un suceso: 3.629.000 televidentes; sólo fue superado por transmisiones de fútbol internacional; el primer programa de ficción en audiencia (Porcelandia) tuvo 1.714.500 televidentes; entre los programas emitidos en el primer semestre le siguió Kung Fu, El chupete, La noche de los grandes, Hupumorpo y en 10° puesto Alguien como usted, con Irma Roy, una de las pocas actrices identificadas desde sus comienzos con el peronismo.
La tradicional telenovela de las tardes casi no tuvo representantes: Enséñame a quererte de Marcia Cerretani (enero a junio) y Juntos hoyŠ y aquí de Vito De Martini, el único nuevo encarado por las nuevas autoridades (desde setiembre)
Dos clásicos del género se mantuvieron muy activos: Abel Santa Cruz (hiperactivo diríamos), en un momento con cuatro ciclos semanales en el aire (y muy exitosos) y Alberto Migré, con el galardonado Dos a quererse y el no tan exitoso.