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El Falcon Verde
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Iban a rematar los Falcon del terror, y a último momento dijeron que no
La Armada había decidido rematar el viernes los Ford Falcon modelo 76 al 82, símbolos de la represión ilegal.
Pero el Banco Ciudad decidió suspender el remate.
por Alberto Amato - Diario Clarín
Poco faltó para que un nuevo aniversario de la instauración de la dictadura militar más sangrienta de la historia argentina, estuviera acompañado por el ominoso remate de un lote de autos Ford Falcon, y un único Chevy, pertenecientes a la Armada,
todos modelos de los años 76 al 82, los años del "proceso".
El viernes a última hora, el Banco Ciudad, encargado de la subasta, reveló en exclusiva a este diario que había decidido suspender el remate del próximo viernes en el tercer piso de Esmeralda 660.
Según un vocero del Banco, su titular, Roberto Felleti, tomó la decisión porque "se trata de modelos de escaso valor comercial y, de tener algún valor mayor, sería para que los compre un museo o un coleccionista, de manera que no merece el tratamiento de un remate convencional del Banco."
El modelo Falcon de la firma Ford se convirtió a lo largo de los años en un símbolo del terror.
Nació a principios de los años 60, copiado de su similar estadounidense ("falcon" significa "halcón" en inglés) y se instaló en la clase media argentina a través de un legendario teleteatro semanal, "La Familia Falcón", con acento en la o, que protagonizaron Pedro Quartucci, Elina Colomer y Roberto Escalada, entre otros.
El Falcon era el auto de la familia.
Pero el vértigo de la Argentina de aquellos años, si es que hubo años en los que el país no viviera en pleno vértigo, lo cambió todo.
Los Falcon, por sus condiciones, fueron adoptados por la Policía Federal.
Luego, casi por extensión, por los grupos parapoliciales y paramilitares que asolaron el país en la represión ilegal de los grupos guerrilleros que también asolaron la Argentina en los años ´70.
Los Falcon (y los de color verde, en especial) fueron casi lo último que vieron del mundo exterior miles de secuestrados, encerrados en los amplios baúles ideados para otra carga, antes de ser baleados en un descampado, o derivados a los centros clandestinos de detención de las fuerzas armadas, donde fueron asesinados.
Hoy figuran como "desaparecidos".
Uno de esos campos de concentración, abiertos incluso durante el último año de gobierno de María Estela Martínez de Perón y que crecieron en proporción geométrica a partir del golpe militar del 24 de marzo, funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), que comandaba el vicealmirante Rubén Jacinto Chamorro.
Allí funcionó el llamado GT (Grupo de Tareas) 3.3.2, responsable del secuestro y desaparición de una cantidad nunca precisada de personas, pero siempre calculada en cinco mil.
Al frente de ese "grupo de tareas" estuvo el capitán Jorge Acosta, alias "El Tigre", a quien los sobrevivientes recuerdan como temible torturador y líder de la "patota" encargada de los secuestros, que utilizaba los poderosos y seguros Ford Falcon.
Y es precisamente un lote de autos de esa época, utilizados por la Armada, el que estuvo a punto de rematarse casi en forma contemporánea con el veintisiete aniversario de aquel golpe militar, después de ser exhibidos en la Base Naval de Puerto Belgrano y en la División de Suministros de la fuerza, en la Dársena Sur.
El jueves, la Armada negó a este diario la autorización de fotografiar los vehículos en exposición.
Se intentó entonces obtenerlas a través del Banco Ciudad, pero la entidad reveló que suspendía la subasta.
Dada la hora en que se tomó la decisión, cerca de las 20 del viernes, la Armada no había sido notificada de la medida.
El Banco Ciudad es la entidad por la que, obligadamente, el Estado remata sus pertenencias, desde edificios hasta rezagos militares, incluida la mercadería secuestrada por la Aduana.
Es por ley que, además, se hace público el anuncio de ese tipo de remates y el Banco Ciudad lo hizo el domingo 16 de marzo en las páginas del Suplemento Económico de este diario.
De las razones dadas para suspender el remate, puede hacerse una segunda lectura.
El Banco no supo recién el viernes que los autos tenían poco valor comercial.
Sí debe haber advertido, en cambio, el siniestro contenido histórico que encerraba la subasta, las agonías jamás reveladas que rondaban como fantasmas los quietos y raídos vehículos de hace veintisiete años.
De allí la alusión que el vocero de la entidad hizo al valor "de museo" o de "coleccionista" que puede tener uno de esos vehículos y que exceden el sentido tradicional que el Banco da a sus remates.
También debe haber excedido el sentido común de su titular: hace algunos años, Feletti hizo colocar en la sede de la entidad una placa con la que la que se recuerda a los desaparecidos del Banco Ciudad.
El remate contenía aún un detalle más macabro.
Iba a salir a remate un solo Chevy.
Se presume que ese único auto fue adjudicado por la Armada al vicealmirante Chamorro, que murió en junio de 1986, o a la cúpula de la ESMA.
Hace veintiún años, un semanario publicó la revelación de un suboficial que aseguró que Elena Holmberg había sido secuestrada en ese Chevy.
Holmberg era una diplomática que llegó al país en 1978 para denunciar las negociaciones que mantenía en Francia el ex jefe de la Armada, Emilio Massera, con la cúpula de la guerrilla Montoneros.
La mujer fue secuestrada y apareció asesinada en el Tigre.
El periodista Miguel Bonasso ubica, en su libro "Recuerdos de la muerte" (Bruguera, 1983), al propio "Tigre" Acosta a bordo de un Chevy, rumbo a una entrevista con Massera.
Tal vez la Armada deba algún día rematar esos vehículos.
Tal vez deba hacerlo el Banco Ciudad, si así lo dice la ley.
Es difícil convivir con los recuerdos de la muerte.
Pero es prudente no hacerlos coincidir con los fantasmas del pasado.