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Figuritas Starosta
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por Carlos Liascovich - Diario Clarín - 21.03.2004

Libros, una exposición y coleccionistas revelan un pasatiempo infantil como tesoro cultural.
Las más buscadas son las de fútbol, en especial las que se hicieron en los 70. Mi infancia. Cómo logré reconstruirla coleccionando figuritas". Así podría llamarse la autobiografía de Rafael Bitrán si algún día se dispone a escribirla.
El hombre ya cuenta con más de 400 álbumes y varios miles de figuritas.
Los temas son múltiples: próceres, corredores de autos, series de TV, historia del vestido (de terciopelo y con brillantina, para las chicas), aunque abundan las de fútbol.
Y no está solo en su sentimiento: por la muestra de su colección, que se exhibe este mes en el Centro Cultural Recoleta, pasaron más de 32 mil personas.
"Malditas difíciles" se llama la muestra de Bitrán, que es licenciado en historia.
Con ese mismo nombre había editado un libro-catálogo en 2002, junto al psicólogo Francisco Chiappini, aunque en ese caso sobre fútbol.
"A los 12 años, antes de entrar en el secundario,
me deshice de casi toda mi colección", relata Bitrán, que ya cumplió los 38.
"Recién en 1992 volví a interesarme de a poco en el tema, cuando abrí una librería de usados y empezaron a ofrecerme material antiguo que la gente encontraba en sus casas.
Primero comencé con las figuritas de Boca, después con todas las de fútbol y ahora ya colecciono de todos los temas, aunque siempre argentinas y nunca posteriores a 1980".
Y estima que los coleccionistas son ya cerca de un centenar, aunque muy divididos por especialidades.
Sólo diez de ellos son quienes buscan todas las clases, desde las de fútbol hasta las antiguas de los años 20, que venían con los cigarrillos o con los chocolates Aguila.
"Hace unos 5 o 6 años que empezó a crecer el coleccionismo de figuritas, y eso nos llevó a editar el libro sobre fútbol en 2002".
Semejante apuesta también se explica en la formación de un mercado incipiente: en los puestos del Parque Rivadavia cuentan, por ejemplo, que un álbum completo de Súper Fútbolde 1979 vale entre 200 y 500 pesos.
O que las figuritas de Maradona de su época en Argentinos Juniors y la primera etapa en Boca se venden a 25 pesos cada una.
Algunos, llegan a negociar algunas piezas por Internet, con destinos tan diversos como Inglaterra, Portugal o Italia.
Los grandes compradores, coinciden, son quienes hoy tienen entre 30 y 40 años, que hicieron la escuela primaria en los años 70.
Bitrán, que entró a primer grado en 1972, explica la importancia de "las figu" de entonces y las diferencia con las que empezaron a salir en los 80 y los 90: "Pasa algo parecido a las estampillas.
Hasta los años 70 las figuritas eran un medio muy importante para conocer a los jugadores, incluso para verles la cara.
Lo mismo pasaba con los otros temas: las series de televisión, los cantantes, los personajes de Disney.
En los 80 y más todavía en los 90, con la proliferación de medios, con Internet y con la fugacidad de todas las modas, ya las figuritas perdieron ese poder de difusión casi único que tenían antes".
El historiador-coleccionista evita, de todos modos, intelectualizar el tema.
"Al fin y al cabo, acepté armar esta muestra, entre otras cosas, porque quiero acercarle a la gente un momento de placer, de contacto con cosas que parecían perdidas y ahora reaparecen".
Quien convenció a Bitrán de presentar su colección es Pablo Sapia, curador del "Espacio Historieta" en el Recoleta, quien evoca otro aspecto central de las figuritas en la escuela: "Además de comprarlas, también se podían conseguir figuritas jugando.
Podías llegar a la escuela con una sola y volverte a tu casa con 50.
O al revés".
Es un recuerdo colectivo.
Escenas imborrables de lo que era una suerte de aprendizaje básico de la acumulación capitalista y sus diferentes juegos, sólo aptos para las figuritas de cartón duro o las célebres chapitas de metal.
El "espejito", cuando había que acertarle a una figurita apoyada contra el zócalo, o "el chupi", golpéandolas con las manos ahuecadas hasta darlas vuelta.
O también "la tapita", donde ganaba quien tapaba las figuritas del rival y acumulaba los pozos más suculentos.
O el clásico "punto", que consistía en acercar el tiro lo más cerca posible de la pared.
Esa práctica de años y diferentes generaciones se trasladó al lenguaje como un auténtico virus cultural.
Ahí están modismos como "figurita repetida", o "figurita difícil", o "una pila de cosas" que deben su origen a las figuritas.
Incluso el tema A Starosta, el idiota del disco Artaud de Luis Alberto Spinetta —uno de los mejores discos del rock argentino— debe su nombre a Starosta, la principal editorial y marca de figuritas de los años 40 y 50.
Las figuritas impregnaban el conocimiento.
Como la pregunta terrorífica que se lanzaba desde el álbum Bala en los años 60 —en pleno auge de la ciencia ficción— sobre los "Habitantes del Espacio": "Seres efímeros que pueden llegar a convertirse en masas gelatinosas con tentáculos y muchos ojos ¿Serán amigos o enemigos de los terrestres?".
O la mezcla insólita de futbolistas y personajes de la historia entre los años 50 y 60 (que Bitrán supone que "facilitaba" la aceptación de las figuritas por parte de las maestras de entonces).
Omar, un visitante de la exposición en Recoleta, dejó este mensaje en el libro de visitas: "Mis figus eran de fútbol, de las décadas del 60 y 70.
La vieja las tiró porque ocupaban mucho lugar.
Ustedes tienen o una vieja más piadosa o una casa más grande".