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Aquelarre
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subir a el rock en argentina. 
por Fernando Garriga

Cuando Almendra se separó, dos de sus integrantes, Rodolfo García y Emilio Del Guercio, quienes habían demostrado en la banda que formaban junto a Luis A. Spinetta y Edelmiro Molinari que compartían un mismo lenguaje musical, deciden seguir explorando en este aún naciente terreno del rock en castellano.
Por eso se dispusieron a crear una nueva banda que les permitiera expresar sus ideas.
Para eso buscaron gente que
compartiera su visión musical, y los encuentran en dos músicos que habían incursionado en el mundo del jazz: Héctor Starc y Hugo González Neira.
Los ex Almendra aportaron una base rítmica muy sólida, complementada con el sonido vertiginoso e impactante de la guitarra de Starc y el teclado blusero de González Neira, que hicieron de Aquelarre una de las bandas más destacadas de la década de los '70.
La primera presentación del grupo fue B.A.Rock II en 1971, donde mostraron sus primeros trabajos en conjunto; el éxito fue tal que al mes ya realizaron un recital propio en el cine Pueyrredón.
Enseguida grabaron el primer álbum, “Aquelarre” y apenas seis meses después el segundo, al que llamaron “Candiles”.
Los críticos de la época decían que la banda se había consolidado como una de las opciones más originales y creativas del rock argentino.
Su estilo elaborado, con constantes cambios rítmicos y melódicos, sus letras surrealistas, donde se destacaba la diversidad de teclados elegidos por González Neira, su acercamiento al free-jazz, no encajaban con lo que se tocaba en esa época, pero fascinaron al público rockero, que se sentía seducido por el virtuosismo e improvisación de la banda, y por las dotes interpretativas de Del Guercio.
Al estilo de Aquelarre se lo calificó como “fusión”.
Luego grabaron “Brumas” que en su momento resaltó la jerarquía creativa del grupo; Brumas ha sido reeditado en 1985 como uno de los clásicos del rock nacional.
La cantidad de presentaciones en la capital Argentina y en el interior del país demostraban que lo que componían era muy del gusto del público.
El momento de mayor popularidad fue en 1975 con el álbum "Siesta", pero sin embargo la banda entró en un momento de hastío y rutina, por lo que decidieron comenzar una gira por España, que los tuvo fuera de Argentina por casi un año.
Su estadía fue bastante exitosa, tocando en Barcelona, Madrid, Mallorca e Ibiza entre otras ciudades, pero la crítica española no los trató bien.
“Nos decían que lo nuestro no era rock”, cuentan los de Aquelarre, “que tenía un marcado estilo porteño; curiosamente en Buenos Aires nos tildaban de extranjerizantes”.
Pero para ellos fue una muy buena experiencia el irse de Argentina por un año: “Estábamos a punto de disolvernos.
El viaje salvó al grupo de la disolución anticipada, porque allá no éramos más estrellas, no había plomos y teníamos que cargar con todo nosotros mismos.
Esas cosas hicieron que nos uniéramos de vuelta”, reconocen.
Al regresar brindaron el concierto de despedida en el Luna Park, con Carlos Cutaia en reemplazo de González Neira y editaron un disco con sus grandes éxitos.
En realidad la despedida definitiva se dio en Uruguay donde brindaron tres conciertos.
Aquelarre es hoy considerado como un pionero en desarrollar tempranamente la fusión e incorporar nuevos sonidos al rock. También ayudó a difundir el rock en castellano en España, país en el que este género tomó verdadero impulso en los comienzos de la década del 80.
Finalmente, 21 años después de su separación, volvieron para dejarnos dos trabajos más: El regreso de Aquelarre y Corazones del lado del fuego.

Reseña discográfia

fuente http://www.progresiva70s.com

Aquelarre (72)
El álbum abre con “Canto”, un tema con riffs de guitarra distorsionada en contrapunto con los teclados, órgano, piano y clavinet que caracterizarán el sonido del grupo. Sigue con “Yo seré animal, vos serás mi dueño”, donde se adelantan en su concepto a trasnochados filósofos de los noventa, pero con la visión de la convulsionada época dicen: Vayan a luchar / La historia se murió / Mamá no quiere dar a luz un niño / porque dice que / con sus manos va / a salir a matar por las calles. Aventura en el árbol es un blues progresivo con guitarras a lo Kraut o mejor a lo Hendrix y órgano. El lado 2 abre con “Jugador, campos para luchar”, una bella melodía de teclados que se rompe con el duro riff de guitarra. Del Guercio canta recordándonos mucho a Luis Alberto Spinetta, su compañero de Almendra, pero ¿quién influenció al otro?. Sigue “Cantemos tu nombre”, una melodía folk con guitarra acústica y la inquietante voz de Gonzalez Neira. Intenso final con “Movimiento” con los infalibles teclados y el infaltable riff.
Candiles (72)
Un año después sacan el segundo álbum llamado “Candiles” El disco es algo menos “progresivo” que el primero. Cruzando la calle es un rhythm and blues con instrumentación de teclados, con solo algunos pasajes que recuerdan el rock sinfónico, cantan: Cruzando la calle,/ cruzando la puerta del corral / tu hermano se muere / mi hermano no puede esperar / la muerte te ronda/ la muerte nos quiere ganar. En “Soplo nuestro” cuentan una historia de protagonista femenina, temática también recurrente en Aquelarre. En hermana vereda incluyen una improvisación de sonido poco habitual en el grupo y “Cuentos tristes” es una canción no demasiado trascendente. El lado 2 abre con el poderoso “Miren a este imbécil”, delicado inicio de órgano y voz que se rompe, cuando no, por un riff de guitarras: Miren a este imbécil,/ como se justifica./ El miedo que me tiene / Mata hermanos en la casa / donde debe vivir. “Patos trastornados”es un poderosísimo instrumental. Cierre con “Iluminen la Tierra”, muy hermosa canción con la voz de Neira.
Brumas (74)
En 1974 aparece la tercera obra del grupo llamada “Brumas”. La banda se había afianzado mucho debido a la enorme cantidad de recitales dada por el país. El nivel de este disco se diferencia de los otros. La música de Aquelarre ha adquirido un nivel de refinamiento del que pocos grupos pueden hacer gala, sin dejar de sonar poderosa, fundamentalmente gracias a la guitarra de Starc. Las letras continúan siendo comprometidas, aunque ahora envueltas en una atmósfera surrealista. Dice Emilio del Guercio: “La Poesía es real a partir de si misma, no a partir de su traducción”. Desfilan temas más complejos, incorporan ritmos latinos. Pocos temas en la historia del rock suenan tan sinfónicos como “Brumas en la bruma”. Pocas veces suenan tan poderosos como en “Milagro de Pueblo”. Cantan en “Aves Rapaces”: Gente del valle que se va / buscando el fruto que les da la paz / Cercana la cordillera / la fiebre se despereza./ Las aves rapaces nacerán / de la noche. Es obvia la alusión la dictadura de Pinochet.
Siesta (75)
En 1975 sale el último disco de Aquelarre llamado “Siesta”. Disco bellamente instrumentado, más reposado que los anteriores. Abren con el clásico “Pájaro de la Locura” y pasan una serie de temas de calidad constante. En “Canto cetrino” aparece otra vez la protagonista femenina: Para que preparas tu sonrisa de medianoche / nena que caminas a estas horas por la vereda./ Cuantos sentimientos ateridos / por ese miedo./ Si en tu cuerpo encuentran algo hermoso / por esta noche./ Y en el reflejo de sus ojos creíste que estabas viva. Luego de este álbum la música de Aquelarre estaba consolidada y se habían ganado un lugar de prestigio en el panorama argentino. Como otros grupos de su época dieron gran importancia a la poesía, en este caso acompañada de una base musical progresiva. Fueron a España y durante 2 años giraron por Barcelona, Ibiza y Madrid. Fueron teloneros de Soft Machine y de la Premiata Fornería Marconi sin embargo no llegaron a grabar salvo la aparición en un compilado. A fin de 1977 con Carlos Cutaia en lugar de González Neira se despidieron del público con un recital en Buenos Aires.