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Los ´70: La historia negra del “señor” de las tijeras
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La historia negra del “señor” de las tijeras

Se cumplen 37 años de la creación del llamado Ente de Calificación Cinematográfica, que fue dirigido por Néstor Paulino Tato, máximo censor de la historia argentina, entre
agosto de 1974 y fines de 1980.
“Las buenas conciencias me ponen frenético. Son indecisos, claudicantes, proclives a la desmesura emocional, traidores por omisión, cobardes culposos y sobre todo miserables de espíritu. No se puede contar con esa gente”, postuló Néstor Paulino Tato, máximo censor de la historia argentina al frente de llamado Ente de Calificación Cinematográfica, de cuya creación se cumplen por estos días 37 años.
Esa entidad censora tuvo en Tato –que ejerció su titularidad entre agosto de 1974 y fines de 1980, los años más terribles de la censura en la Argentina– a un personaje que siempre trataba de imponer sus ideas con una prepotencia premeditada jugando con la sorpresa y el pánico de su interlocutor y que en su gestión prohibió más de 700 películas.
Pocos imaginaban que ese adolescente sibarita de vejez vegetariana, abonado a la noche porteña, amigo de Chaplin, Buster Keaton y Mary Pickford, crítico cuya virulencia provocaba la ira de distribuidores y empresas periodísticas, furioso antinorteamericano y anticomunista, espía al servicio del imperio japonés y mujeriego consecuente, era fascista con dudas.
“La prohibición de 200 películas extranjeras representa para el país un ahorro de un millón quinientos mil dólares. Aquí se ha convertido al cine en una mercadería de intoxicación, se está apelando al recurso fácil y en eso incurren los que venden cine. Hacen negocio con la pornografía. Son unos miserables. Yo no permito
agravios a la familia, a la iglesia y a las buenas costumbres”, ponderaba.
Tato se inició como periodista en el mítico diario El Mundo en una redacción integrada entre otros por Roberto Arlt, Conrado Nalé Roxlo, Horacio Rega Molina, Muzio Sáenz Peña y Raymundo Calcagno (Calky). En 1930, fundó la revista Sábado y en representación de ese medio fue invitado a Hollywood junto al periodista Chaz de Cruz, fundador de El heraldo del cinematografista.
Tato escribió en su revista que Buster Keaton tenía más talento que Charles Chaplin y que en Hollywood los bacanales carecían del sabor incomparable de un buen vino tinto. Compartió más de un whisky con Douglas Fairbanks y se confesó perdidamente enamorado de Mary Pickford.
“Yo defiendo –sostuvo– a los que no saben, a los desposeídos del intelecto burgués. Prohibo con gusto la propaganda izquierdista que nos vende espejitos de colores. Defiendo a la gente que sufre las consecuencias de la obscenidad y la violencia”.
El “señor” Tato alguna vez fue joven. Sentía una pasión casi enfermiza por el cine, las jovencitas de rostro ingenuo y la pelota-paleta. Jugaba en un viejo club de la calle Bulnes con Calki, el Colorado Ferreira, el cineasta Armando Bo (más tarde una de sus grande víctimas) y el productor y distribuidor Mauricio Zickman al que definía como “un sionista entrañable”.
Decía ser buen amigo aunque demasiado adicto a las bromas pesadas como aquella vez que le envió un caro perfume francés a un colega periodista que en realidad envasaba un líquido verdoso y pestilente, suerte de DDT mezclado con agua estancada. Se movía siempre con un nerviosismo calculado. No toleraba el disenso y solía no escuchar amparándose en una verborragia torrencial llena de citas tan eruditas como imposibles de confirmar.
Sin embrago, llegó a ser el hombre más odiado del cine argentino. Entre sus víctimas se contaban los
que alguna vez habían sido sus amigos como Leopoldo Torre Nilsson, Beatriz Guido, Lautaro Murúa y Mario Soffici.
Inflexible e impiadoso con sus enemigos, soportó el suicidio de un hijo, Horacio, también periodista (fundador y director de las agencias NA y DYN)) y la ferviente militancia comunista de una hija que se radicó en Cuba. Uno de sus cinco matrimonios fue con la vedette cubana Esther Borja.
Horacio Tato, el hijo periodista de Paulino, fue un verdadero maestro de periodistas y el máximo forjador de agencias de noticias en el país. A diferencia de su padre, se ganó el respeto y la admiración de sus colegas.
Paulino Tato era capaz de hacer cosas que él consideraba “geniales”. En el final original de La valija, dirigida por Enrique Carreras, se ve a Luis Sandrini a punto de abandonar a su pareja. Por aquellos años la gente se divorciaba menos y Tato resolvió lo siguiente: “El personaje de Sandrini se despierta y comprueba que todo fue una pesadilla”. Enrique Carreras tuvo que filmar el otro final para poder estrenar la película. También El año que viene a la misma hora, de Robert Mulligan, supo tener dos finales.
La Iglesia argentina ocupó un lugar de privilegio en la historia de la censura. Tato, Ramiro de la Fuente y Luis León provenían de su entorno. No sólo cualquier pecado de la vida real sufría las consecuencias de la tijera redentora, sino que estaban prohibidos los cuestionamientos a la institución, el sexo, y toda referencia al uso de anticonceptivos o el aborto.
Para justificar su oscura política, destacó: “A un tipo de la villa no le interesa no ver películas de Sam Peckinpah, Mauro Bolognini, Luchino Visconti, Gillo Pontecorvo o Marco Ferreri”.
Bajo su impiadosa mirada también cayeron los periodistas especializados, de quienes dijo: “Se creen importantes y yo me río de las sandeces que escriben. La mayoría son chiveros, ganapanes al servicio de las patronales y además no saben nada de política. No se han preocupado más que por someterse a su mediocre condición de «críticos». Además, la mayoría son agentes de prensa o están a sueldo de las distribuidoras”.
Tato había nacido en 1904 y murió en 1986, a los 82 años, como consecuencia de un paro cardíaco. Se murió solo como todos, pero más solo que nadie. Dicen que se murió puteando. Vivió a contramano de lo que él mismo impuso como verdad absoluta. Fue un producto más de esta Argentina históricamente salvaje. “Yo no censuro –decía– evito que la gente sea engañada”

Las Increíbles Aventuras del Señor Tijeras ( Charly García - 1975 - dedicado e inspirado en este personaje... )
Escondido detrás de su escritorio gris,
un ser bajo, pequeño, correcto y gentil,
atiende los teléfonos y nunca está...
mira a su secretaria imaginándola, desnuda y en su cama,
y vuelve a trabajar...
Entra en el microcine y toma ubicación,
hace gestos y habla sin definición,
se va con la película hasta su hogar,
le da un beso a su esposa y se vuelve a encerrar,
a oscuras y en su sala, de cuidar la moral...
Entra ella y se va desvistiendo,
lentamente y casi sonriendo,
alta, blanca, algo exhuberante,
dice: "Hola" y camina hacia adelante...
mira al hombre pequeño que se raya,
cuando ella sale de la pantalla...
y el hombre la acuesta sobre la alfombra,
la toca y la besa, pero no la nombra...
se contiene, suda y después,
con sus tijeras plateadas,
recorta su cuerpo,
le corta su pelo,
deforma su cara,
y así mutilada la lleva cargada hasta la pantalla...
justo a la mañana.
No conozco tu nombre, ni se más quien sos,
ví tu nombre en los diarios y nadie te vió,
la pantalla que sangra ya nos dice adiós...
te veré en 20 años por televisión,
cortada y aburrida,
a todo color...


- Estrofas censuradas:
Yo detesto a la gente que tiene el poder...
de decir lo que es bueno y lo que es malo también...
sólo el pueblo, mi amigo, es capaz de entender,
los censores de ideas temblaríán de horror,
ante el hombre libre con su cuerpo al sol.