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La invención de la juventud
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Por Daniel Amiano

Alguna vez, John Lennon confesó: "Sin James Dean, los Beatles nunca habrían existido".
No se trata de una referencia caprichosa.
"Rebelde sin causa" fue uno de los films que expuso con mayor contundencia la invención de la juventud rebelde.
Esos jóvenes no se identificaron con James Dean por capricho: ya no querían parecerse a sus padres ni se conformaban con el confort de la sociedad de consumo mientras, justamente, la aparición del rock se convertía en el primer síntoma de una cultura estrictamente juvenil.
Una señal que había empezado a inquietar cuando un año antes, en 1954, Marlon Brando deslumbraba desde la pantalla grande con "Salvaje", enfundado en una campera de cuero que evidenciaba su pasión por las motocicletas.
Aldous Huxley ya
había descubierto que la velocidad es el único placer genuinamente moderno.
Dean, por supuesto, amaba esa velocidad.
De hecho, en los contratos de "Rebelde sin causa" y "Gigante" había una exigencia muy clara: que no participara de las picadas que entonces eran una parte importante de su vida y la vida de muchos.
El joven actor no pudo ver el estreno de ninguno de los dos films.
Murió en un accidente, mientras manejaba su flamante Porsche Spyder, al que había bautizado "The Little Bastard", mientras iba a competir.
Irónicamente, quien -según sus amigos- siempre desafiaba a la muerte para justificar su vida, la encontró mientras manejaba tranquilo, acompañado por su mecánico.
Corría 1955 y nacía el primer gran mito juvenil que no sólo había impuesto la velocidad como tópico de su generación, sino el jopo y el jean como signo inconfundible de pertenencia.
Como para que el mito tuviese una contundencia indiscutible, Dean había adoptado una frase que marcaría a fuego el espíritu de las siguientes generaciones: "Vive de prisa, muere joven y sé un cadáver bonito".
Hasta el punk, 20 años después, se adueñó de ese precepto para derribar las costumbres rockeras de entonces.
Pero para entonces el rock ya había tenido sus mártires.
Personajes que devoraron a las personas.
Ese tipo de mártires que murieron en la cima de su carrera, y cuando ya habían instalado, cada uno a su modo, marcas fundacionales del movimiento rockero.
Además, hay un dato curioso: Janis Joplin, Jimi Hendrix, Jim Morrison, Brian Jones, Kurt Cobain, coincidieron en morir a la misma edad: a los 27 años.
No murieron a causa de la velocidad mecánica, pero sí como consecuencia de esa ansiedad por vivir intensamente.
Pagaron con su cuerpo la aventura de jugar en los límites.
Todos, también, dejaron una obra inconclusa que marcó a fuego la cultura de las últimas décadas, cambio que comenzó hace medio siglo y que todavía se reinventa.