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King Crimson y la perfección
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subir a armonía y música. 
Por Daniel Amiano

Cuando en 1968 aparecieron algunos singles y un álbum de The Cheerful Insanity of Giles, Giles & Fripp, el mundo de la música siguió como si nada, con los Beatles en el apogeo de su expansión creativa y cientos de bandas que se entregaban al espíritu deliberadamente delirante y creativo de su época.
Sus temas pop breves y cargados de cierto humor pasaron inadvertidos ante la enorme cantidad de invenciones sonoras.
Pero ése sería el germen de una de las bandas más originales, revolucionarias y complejas que dio el rock.
En los primeros meses de 1969, el
guitarrista Robert Fripp convocó a su ex compañero Michael Giles en batería, más Ian McDonald en teclados, un tal Greg Lake en bajo y voz (que un año después formaría Emerson, Lake & Palmer) y el poeta Pete Sinfield para una banda que se llamaría King Crimson.
Fripp tenía nuevas ideas.
En primer lugar, abandonar la canción pop y entregarse, como buena parte de su generación, a explorar los límites sonoros.
Sin formas definitivas que facilitaran la ubicación de esas canciones en algún lugar determinado del rock de esos años, "In the Court of the Crimson King", el álbum debut, que apareció en julio de ese mismo año, se convirtió, según palabras de Pete Townshend, en "una misteriosa obra maestra".
Es que, lejos de buscar la aceptación de la audiencia con gestos musicales complacientes, la música de King Crimson realizaba malabarismos turbadores que exigían involucrarse en esas travesías.
Un álbum de ruptura que, de hecho, generó una corriente que luego sería definida como rock sinfónico y que Fripp ya no continuaría.
"In the Court...", que comenzaba con el inquietante "21st. Century Schizoid Man" (con una estructura deforme sobre la que Lake cantaba: "Hombre esquizoide del siglo XXI/ciega semilla mortal de la codicia humana"), es el disco que abre una nueva concepción de la música pop.
Un camino de ruptura y búsqueda que se haría una constante no sólo en las muchas mutaciones del grupo, sino también en el camino de Fripp.
Heavy metal, pop, contemporánea, industrial...
Con un sinfín de elementos, King Crimson construye hasta estos días una de las obras más originales e inspiradoras de las últimas décadas.
Siempre un paso más adelante de sus contemporáneos.
Y siempre imprevisible.
Para cada etapa de las muchas que tuvo el grupo, Robert Fripp se rodeó de músicos de primera línea.
Basta nombrar algunos: Bill Bruford, John Wetton, David Cross, Tony Levin, Adrian Belew.
Concretó álbumes notables.
De los años setenta son "Larks´ Tongues in Aspic", "Starless and Bible Black" y "Red"; de los 80, "Discipline" y "Three of a Perfect Pair"; de los 90, "THRAK" y el doble en vivo en la Argentina, que Fripp denominó "Pirata oficial", con el que documentó el regreso en nuestro país de la banda, esa vez concebida como un doble trío (dos guitarras, dos bajos y dos baterías)
En el nuevo milenio lleva dos trabajos: "The Contrukction of Light" (2000), "Elektrik" (2003) y "The Power to Believe" (2004)
Cada década, cada formación de Crimson, marca una nueva estética, un nuevo rumbo, mientras en el mundo entero su liga de guitarristas (con varios argentinos) continúa la producción de una música que no cabe en ningún otro casillero que el propio sello Discipline.
Y esa disciplina no es casual: pinta de pies a cabeza a ese creador obsesivo y meticuloso que hace ya casi cuatro décadas busca la perfección.