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Los ´70 - El conflicto del Beagle
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Una Navidad en que casi hubo guerra con Chile
por Guido Braslavsky

A ambos lados de la cordillera gobernaban dictaduras, ávidas de una guerra por la posesión de las islas del Canal de Beagle cuando ya las tropas de la Argentina y Chile
estaban movilizadas, sólo el Papa Juan Pablo II pudo encaminar por la vía de la negociación una disputa que ya era centenaria.
"El plan consistía en invadir territorio chileno, y librar la batalla aeronaval y terrestre en la llanura chilena. Y después de derrotarlos decirles: 'Las islas son nuestras por la fuerza'. Era una locura, una locura..."
A fines de los 90, en prisión domiciliaria por robo de bebés, el ex dictador Jorge Rafael Videla recordó ante quien esto escribe las horas cruciales que pudieron haber desembocado en 1978 en una guerra con Chile por las islas del Canal de Beagle, Picton, Lennox y Nueva.
Aquel 1978 fue el año del Mundial, y hacia diciembre iba camino a convertirse en el año de la guerra, una experiencia desconocida en la historia moderna de la Argentina, y extraña para toda América latina.
Cerca de la Navidad —cuando la maquinaria bélica estaba en marcha, miles de soldados habían sido movilizados a las fronteras y los trenes llevaban cientos de ataúdes para poner a los muertos—, la aceptación de una mediación papal detuvo el peor desenlace.
El cardenal Antonio Samoré, enviado de Juan Pablo II, llegó en plena tensión bélica y el 26 de diciembre se entrevistó con Videla, y luego con el presidente chileno Augusto Pinochet.
En la Nunciatura de Santiago, diría una frase histórica: "Siempre hay una lucecita" de esperanza. Paciente, tenaz, lleno de buena voluntad y con el aval decisivo de Juan Pablo II, el cardenal Samoré fue clave para la paz.
A ambos lados de la Cordillera gobernaban las dictaduras, y ni siquiera su afinidad ideológica y su mutua colaboración en eliminar a sus opositores —como probó el Plan Cóndor— había conseguido atemperar el delirio militarista y la verborragia nacionalista que ponía a dos países hermanos al borde de un conflicto de consecuencias tremendas e imprevisibles.
La disputa de límites en el Canal de Beagle era centenaria. En 1971 se sometió al arbitrio de la Corona británica. Esta se limitó a suscribir, el 18 de abril de 1977, el laudo de una Corte Arbitral integrada por cinco jueces de la Corte Internacional de La Haya, cuyo resultado era un completo desastre para la Argentina.
Reconocía la soberanía chilena de las islas y, lo más grave, Chile adquiría el derecho a la proyección marítima de 200 millas en el Atlántico, derrumbando ostensiblemente el principio bioceánico. La Argentina rechazó el laudo y en 1978 hubo arduas negociaciones. En El Plumerillo y Puerto Montt, dos cumbres Videla-Pinochet. En
Buenos Aires, el nuncio Pío Laghi y el embajador estadounidense Raúl Castro buscaban evitar el conflicto. Hubo misiones secretas de la Cancillería a Washington y al Vaticano.
Dentro de la dictadura pujaban "palomas" —Videla, el jefe del Ejército Roberto Viola, un sector aeronáutico— y "halcones": la Armada, los dueños de los "fierros" en el Ejército (los generales Suárez Mason, Vaquero, Galtieri, Luciano Benjamín Menéndez).
La Argentina iba a empezar las hostilidades el 22 de diciembre, a las diez de la noche. Horas antes hubo una reunión de Videla y los comandantes.
En ese momento llegó el cable papal, y su propuesta de un enviado. "Sobrevino una discusión muy dura. No era fácil parar la maquinaria de la guerra porque ya se había dado la orden, los buques navegaban rumbo al objetivo (...). En ese clima era muy difícil decir 'Muchachos, paremos...," recordó Videla.
La mediación se formalizó con el Acuerdo de Montevideo. Seguirían años de tratativas, y algunas tensiones. Desgastado, con problemas de salud, Samoré murió de un paro cardíaco en Roma en febrero de 1983. La restauración democrática en la Argentina abriría una nueva fase con la firma del Tratado de Paz y Amistad de 1984, que puso fin al conflicto, y fue ratificado de manera abrumadora— por un 81,5 por ciento — en un plebiscito.

- Causas y consecuencias

Las dictaduras que encabezaban Videla y Pinochet mostraban afinidad en métodos e ideología, pero eso no atenuaba su delirio militarista ni la verborragia nacionalista.
La negociación del cardenal Samoré paró el conflicto, pero no la tensión. Esta se diluyó tras el acuerdo final sobre el Beagle y el discurso pacificador de las democracias que finalmente llegaron.

Pinochet quería invadir hasta Bahía Blanca
por Mónica Gonzalez Especial para el Diario Clarín - Jueves 25.11.1999

Lo reveló en un libro de entrevistas que acaba de editarse. Chile preparó la ofensiva para el caso de que estallara la guerra por el Beagle en 1978. Dijo que había alistado 10.000 soldados en el sur.
El general Augusto Pinochet reveló que durante el conflicto por el canal Beagle, en 1978, su ejército tuvo 10.000 hombres dispuestos a llegar hasta Bahía Blanca y desde ahí cortar todos los pasos hacia el sur, dividiendo a la Argentina en dos.
A lo mejor no nos habría ido tan mal. En una eventual guerra en 1978, dijo el ex dictador y jefe militar chileno en un libro de reciente aparición en el que la periodista María Eugenia Oyarzún, que fue embajadora ante la OEA en un período del régimen militar, compila numerosas entrevistas con Pinochet entre 1995 y 1998.
Pinochet, que ha pasado su último año detenido en Londres tratando de evitar su extradición a España,
celebra hoy su cumpleaños 84, el segundo que vive bajo arresto. Las inéditas confesiones del general retirado están en un libro de 265 páginas, titulado Augusto Pinochet, diálogos con su historia, e incluye declaraciones sobre los más variados asuntos, desde su vida personal hasta su carrera militar, el golpe de 1973 y su gobierno.
Algunas de las revelaciones más sorprendentes están en las tensiones con sus vecinos, particularmente la Argentina, pero también Perú que, según Pinochet, podría haber aprovechado la desprotección militar del norte del país durante el golpe de 1973 para actuar sobre seguro avanzando 1.200 kilómetros en territorio de Chile.
En relación con la Argentina, Pinochet consideró que la ocupación de las islas Malvinas en 1982 fue una estupidez mayúscula que reveló la ignorancia y soberbia del general Leopoldo Galtieri. La ocupación de las Malvinas fue una equivocación técnica y estratégica de los militares argentinos, dijo.
Optaron por comenzar el conflicto con Inglaterra, creyendo ganarle muy pronto para enseguida atacar a Chile con toda su fuerza, dijo, y afirmó que Galtieri no pensó jamás que los británicos cruzarían el Atlántico para recuperar las islas.Fue una estupidez mayúscula la suya. Pecó de ignorante. No se acordó de las reacciones inglesas, dijo Pinochet. Agregó un consejo para enfrentar la guerra: Cabeza fría, fría, fría.
El corazón caliente, pero la cabeza fría. El ex dictador habló más en detalle del conflicto por el canal austral del Beagle, una guerra que se evitó gracias a la mediación del papa Juan Pablo II. Si hubiera estallado, Chile pretendía, si era posible, llegar hasta Bahía Blanca y de ahí cortar todos los pasos al sur.
Yo tenía 10.000 hombres ahí, en el sur.Según Pinochet, él advirtió al entonces dictador argentino Jorge Rafael Videla: Mira, la guerra no sería allá (en el sur), como dicen ustedes... sería desde Arica, desde Sapaleri (en el extremo norte), hasta el Cabo de Hornos. La guerra es total.
Eso los anduvo frenando un poco, porque les quedó claro que no podrían hacer una guerra allí, agregó. Pinochet dijo que también tuvo que frenar a muchos, varios de sus propios generales que querían la guerra. El ex dictador reconoció que un triunfo chileno sobre la Argentina hubiera sido muy difícil, y se hubiera tratado de una guerra de montonera, matando todos los días, fusilando gente, tanto por parte de los argentinos como por nuestra parte, y al final, por cansancio, se habría llegado a la paz.
Luego agregó: Llegamos al borde de la navaja. No fuimos a la guerra, pero si hu biéramos entrado en ella nos habríamos empeñado con todos los medios y a lo mejor no nos habría ido tan mal. Me habrían levantado una estatua, que es a lo que aspira todo militar, agregó. Aunque hasta ahora se conocía la información sobre el conflicto por el Beagle, Pinochet dijo que también hubo riesgo de guerra con la República del Perú.
¿Perú estuvo a punto de declararnos la guerra?, preguntó la periodista.
Cierto, pero ahí se especula mucho, replicó Pinochet. Si Perú no tomó las armas el mismo 11 de setiembre (día del golpe), aprovechando la situación interna de Chile, no las iba a tomar en diciembre. El 11 de setiembre era el momento preciso para que ellos hubieran actuado sobre seguro...
Habíamos dejado dos batallones en el norte, o sea, 1.600 hombres. Todo estaba acá, en Santiago, agregó el general.Si Perú hubiera atacado entonces, habría llegado hasta Copiapó, dijo, lo que equivalía a avanzar 1.200 kilómetros por territorio chileno.
Pinochet afirmó, sin dar detalles, que supo que en aquella época Perú movilizó tanques hacia el sur, hasta Arequipa, y reconoció que en Chile hubo movilización de gente al norte y al sur. El conflicto con Perú, por disputa de territorios en la frontera norte de Chile, dio origen a dos guerras en el siglo pasado, y sólo desde hace pocos meses las relaciones entre ambos países han entrado en una fase de entendimientos y desarrollo.