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Georges Bataille
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Georges Bataille
por Crypt Vihâra

Sobre todo a partir del romanticismo y de ciertas vanguardias poéticas del siglo veinte, se ha extendido la idea de que la práctica de la poesía tiene mucho que ver con el desastre de la lógica.
Con esta idea se sobrentienden otras no menos sugerentes como, por ejemplo, la confianza en el poder alternativo, de desvío y composición, propio de la palabra poética o, a un mismo tiempo, la confirmación de la existencia singular de una lógica única, rígidamente racional y arrogante.
Esta serie de suposiciones no siempre han sido tan útiles como se pretende, y no es difícil encontrar casos, como sucede con los poemas de Tristán Tzara (1896-1963), en que el
momento constructivo de los textos ha tendido a ser borrado por las lecturas de una crítica que a menudo se mueve por grandes palabras o argumentos brillantes más próximos al cliché que a la lectura atenta.
Tan lejos de los códigos representativos del realismo convencional como de la mera arbitrariedad compositiva o de formas de provocación tan fáciles como inofensivas, la escritura de Georges Bataille corre, entre otros, el riesgo de una incomprensión que no es casualidad cuando, como aquí pasa, la puesta en crisis de la lógica se vincula estrechamente a un cuestionamiento de la lógica de la crítica dominante.
La obra poética de Georges Bataille puede ser definida como un conjunto de gestos transgresivos en presencia del sentido y del sujeto, una negatividad de base entre el enfrentamiento y la correlación.
La imaginación poética como búsqueda dolorosa, que es la verdadera búsqueda, se nos ofrece en los poemas de Georges Bataille en un estado puro.
La imagen trasciende el enigma, su definición, y se ve sucedida por una eficacia nueva no exenta de violencia.
Violencia que al ejercerse, en primer lugar y principalmente, consigo mismo, convierte a la lectura en un riesgo, devolviéndola así a su función originaria.
Pero ¿se trata en efecto de imágenes? Los poemas de Georges Bataille tejen una compleja red sobre la experiencia de lo imposible, de la que su poesía no es más que su expresión soberana.
Por eso, la poesía de Georges Bataille es el más peligroso de todos los bienes. Esta poesía no se concentra ni se transparenta: si seduce es justamente porque no se deja traspasar, se reserva sin más.
Georges Bataille propone una escritura que, como lógica que se excede y se niega, como lógica del desastre, no termina en la frontera de la destrucción. O, mejor dicho, no termina porque es siempre comienzo, búsqueda, un errar y un error, el errar del error: un juego del dolor en las palabras.
La poesía de Georges Bataille recurre a estrategias procedentes de la poesía oriental para, a través de piezas con frecuencia breve, convertirse en síntoma simbólico de la fugacidad material de lo real, del azar como enigma necesario por el cual nadie sabe qué fortuna se aproxima.
Escribir, y leer, es hoy en día una rareza que hace que lo imposible se insinúe con un movimiento certero que no se comprende: las estrellas, un cráneo, el esperma de un moribundo, un ataúd... son elementos que nos van mostrando cómo relacionarnos con lo que no existe, cómo lo utópico puede, sin ser posible, hacer más libre la tarea, no sólo imaginaria, de modificar las leyes intransigentes de lo posible.
Por eso el juego poético de Georges Bataille, no es tanto una referencia metafórica como una forma concreta de conocimiento y desconocimiento.
El conocer no significa progresar, como afirmaba René Descartes (1596-1650), desde lo conocido a lo desconocido, seguro y lineal, sino que avanza entre las escaramuzas de la luz y las sombras, caprichosa pero insalvable.
El pensamiento no puede ir de lo conocido a lo desconocido porque, con la escritura, le fallan, una a una, las bases más firmes del conocimiento mismo: realidad, sujeto, abstracción ideal, represión de lo corporal, identidad, etc.
La poética de Georges Bataille, en su certeza, cede ante los indicios de una inestabilidad, tan perceptiva como existencial, que el poema asume y nos ofrece para seguir conviviendo con este.
Y es justamente desde este estallido del significado por la acción erótica del significante, cuando se proyecta una luz incierta, que no figura imágenes pero ilumina de pronto las superficies.
Su gratuidad, que para nada sirve, articula un discurso que se resiste a la interpretación, que se rebela contra la razón instrumental, progresiva, característica del poderoso, del hermeneuta agudo, del propietario de la verdad.
El poema "El osario" es ejemplar en esta defensa de la luz no como lumen sino como esplendor, como luz no figurativa, brusquedad ciega de la visión sin presencia, sin fijación, desconcertante, que podemos solamente entrever.
La seguridad de lo ontológico, de lo que está presente y resulta, por tanto, aprehensible, tiembla con los vaivenes cambiantes del ritmo poético.
Georges Bataille, nació el 10 de septiembre de 1897 en Billom (Francia) y murió el 9 de julio de 1962 en París.
Bibliotecario, escritor y pensador francés, sus ensayos, novelas y poesías expresaron su fascinación personal por el erotismo, el misticismo y la irracionalidad.
Católico, interesado por igual en el marxismo y en el psicoanálisis de lo sagrado, Georges Bataille, afirmaba la necesidad de una teoría general concerniente a la significación del "l'homme entier, non mutilé", y sus aspectos eventuales, menos nobles.
Fascinado por la obra de Donatien Alphonse François, Conde de Sade (1740-1814) concebía el exceso como un camino para obtener la soberanía personal y para tratar de recuperarse de los límites ficticios impuestos a la humanidad por sí misma.
Georges Bataille afirma con toda su obra la definición del hombre de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831); una definición basada en la consciencia de la muerte.
Para Georges Bataille, la realidad se entiende como lo absoluto desdoblándose por la vía dialéctica en un proceso de autoevolución.
En este proceso, la naturaleza humana es el pensamiento absoluto, o el ser, que se objetiva a sí mismo bajo una apariencia material.
Las mentes finitas y la historia de la humanidad son el proceso de lo absoluto que se manifiesta en lo que le es más cercano: el espíritu o la consciencia.
Tras cursar los estudios de archivística en la prestigiosa escuela de paleografía, L'École des Chartes, en Paris, trabajo como bibliotecario y medievalista en la Bibliothèque Nationale de Paris hasta 1942.
En 1951 fue nombrado director de la biblioteca de Orléans. Tras publicar numerosos artículos, decide fundar en 1946 una revista literaria, Critique, que dirigió con gran éxito hasta su muerte.
Su primera novela "Histoire de l'oeil (Historia del ojo / 1928)", acerca de los excesos sexuales, fue publicada en 1928 bajo el seudónimo, Lord Auch. Como Pierre Angélique, otro de sus seudónimos, escribió "Madame Edwarda" (1937). "Le coupable (El culpable / 1944)" fue su primer trabajo publicado con su propio nombre. Le siguieron "La littérature et le mal (La literatura y el mal / 1957)" y "L'Érotisme (El erotismo /1957)".
Recogió sus reflexiones sobre el arte en "Lascaux ou, la naissance de l'art (Lascaux o el nacimiento del arte / 1955)" y "Manet" (Manet / 1955)"; sobre la economía y la cosmología en "La part maudite" (1947)
Su ultima obra, la novela "Ma Mère (Mi madre)", fue publicada en 1966. Toda su obra fue recogida postumamente en "Ouvres complètes" y publicada entre 1979 y 1988, resultando un total de doce volúmenes.