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Almendra en Obras
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subir a el rock en argentina. 
La apertura del espectáculo correspondió a Ana no duerme uno de los temas mas fuertes del primer álbum. La nueva forma que esta canción adquirió marcó las pautas de como iba a ser el nuevo sonido de Almendra. Todos los temas recibieron un tratamiento renovador, no sobre la base de nuevos arreglos sino en la manera de ser tocados. Allí es donde se notó mas el tiempo transcurrido y las experiencias aprehendidas por cada uno de los músicos. Este Almendra sonó moderno, desde una base rítmica ajustada llena de swing y sin desbordes, hasta el sonido extraterreno de la guitarra de Edelmiro Molinari (equipada con sintetizador).
Ana no duerme se transformó en un tema denso, cargado de cadencias de rock metálico y con una buena vocalización de Spinetta.
El número siguiente marcó un reencuentro aún mas directo con la nostalgia: Tema de Pototo. Y aquí apareció uno de las primeras constantes: Almendra demostró haber asimilado el tiempo y saberlo volcar en forma de nueva sangre para los viejos temas pero
en ningún momento transuntó lo mismo en las nuevas canciones.
Todo el hielo en la ciudad tambien pertenece a las primeras grabaciones que Almendra hizo a fines de los sesenta. Son perfectos ejemplos de cristalinas canciones pop, con una inocencia cargada de mensajes sociales. La voz de Spinetta rescató intacto el espíritu de esas letras, correctamente apoyado por los coros de sus compañeros.
De aquella época memorable tambien volvió Final, una composición hermosa que resultó uno de los momentos mas logrados de la noche, combinando la dulce melodía con las armonías vocales mas acertadas del concierto. La riqueza y el lirismo de esta canción hicieron sacudir a una audiencia que supo reconocer aún los temas mas viejos.
Figuración, del primer álbum, presentó a Del Guercio en flauta y a Molinari en bajo. Otra canción de atmósfera creciente con una estupenda vocalización de Spinetta, que volvió a destacarse en Fermín. El clima del tema fue reforzado por los coros y una perfecta instrumentación, particularmente por el trabajo de Molinari en guitarra.
Este nuevo Almendra tiene la virtud de saber crear los climas adecuados en cada canción, especialmente por el seductor liderazgo escénico que ejerce Spinetta y las adecuadas interpretaciones de sus compañeros.
Plegaria para un niño dormido marcó otro de los momentos culminantes de cada noche. El comienzo fue suave, con el aporte de xilofón de Rodolfo García y un solo cargado de sentimiento de Spinetta. Su voz, que acusa el paso del tiempo, perdió algo de su condición natural, que ahora fue reemplazada por un mayor dominio técnico.
Vamos a ajustar las cuentas al cielo fue uno de los temas nuevos. Musicalmente no presentó ninguna novedad; es un acelerado riff de jazz rock y un solo de igual rapidez a cargo de Molinari, que en esta ocasión mostró una técnica para el acumulamiento de notas.
A estos hombres tristes fue el regreso al pasado y a una música que dificilmente ahora se pueda igualar, al menos tomando en cuenta las canciones nuevas escuchadas. Es una brillante conjunción de rock y música de neto corte porteño, a la que la poesía surrealista de Spinetta le agregó un matiz inconfundible.
En el otro momento en que Emilio abandonó el bajo, lo hizo para interpretar su tema aún sin título (NdeT: Cambiandome el futuro). Acompañándose con guitarra acústica y las eléctricas de spinetta y Molinari, creó una atmósfera etérea, subrayada por el vibrato de la Fender de Molinari en una de sus mejores intervenciones.
Apenas un par de canciones fueron extraídas de su segundo álbum (doble) que Almendra grabó poco antes de su disolución. Una de ellas fue el número fuerte de la noche, colocada en un momento justo: Mestizo, compuesta por Edelmiro Molinari. La canción original se convirtió en un riff funky ajustado y caliente. La sobria y monolítica rítmica Del Guercio-García aportó toda su poderosa vibración al tema. Hubo de todo en Mestizo: un excitante solo de Molinari, un ardoroso contrapunto de Spinetta, sabrosos pasos de baile, y un contundente solo de Rodolfo García. Fue uno de los momentos culminantes del show: el nuevo arreglo, las cadencias de guitarra, hicieron de este Mestizo una canción totalmente diferente.
Cuando Spinetta dejó su guitarra eléctrica y la cambió por la acústica, la multitud adivinó Muchacha. Esta canción, que ya es un himno de una generación, supera cualquier crítica. La tocaron devotamente, con la mayor pulcritud posible, aunque las vocalizaciones no fueron tan perfectas como en Final. Se puede decir, en su descargo que fue el número final de un esforzado concierto.
La última repetición fue el último simple que Almendra grabó antes de separarse: Hermano perro. Paradójicamente, en estos tiempos en que la música de los ochenta asoma con gusto a limpieza, Almendra recreó un tema totalmente nueva ola. Hermano perro, tocado por esta formación es una canción moderna con una letra decididamente punk.
El adiós final fue Rutas argentinas, un rock and roll del segundo álbum. El tema comenzó con una ardorosa introducción vocal que dio paso a un riff pesado, enmarcado por la sólida rítmica y un solo de Molinari que recordó sus mejores épocas de blues.
Muchos se seguirán preguntando por las canciones del segundo LP del grupo: un importante espectro de temas que fueron inexplicablemente desechados.
¿Cuál será el resultado?¿Un disco?¿Una película?
¿O el nacimiento de una necesidad de presentaciones cíclicas?