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Almendra - Música Joven
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Almendra - Música Joven
Diario Clarín (1970)

"Un conjunto beat ha obtenido renovados éxitos, a lo largo de una trayectoria en la que nunca se buscó la promoción.
Los "Almendra" proclaman en sus creaciones un ahondar
en la esencia de los hombres.
Las inquietudes del conjunto los aboca ahora a la realización de una ópera en la que música y argumento les pertenece." (1970)

por Margot de Kumec

Curiosa concepción ésta de los cuatro muchachos argentinos lanzados a una empresa que, por cierto, admite escasos cotejos.
Parece lógico ponerse a esperar.
Y desearles éxito.
La ilusión que ilumina sus rostros bien lo merece, máxime cuando sabemos que detrás hay un ingrediente llamado talento.
¿La muestra?
Hela aquí:

"...Plegaria para el sueño del niño,
Donde el mundo es un chocolatín. ¿A dónde van
mil niños dormidos que no están
entre bicicletas de cristal?
Se ríe el niño dormido
Quizás se sienta gorrión otra vez.."

Para saber como es la soledad

Todo comenzó como una pequeña historia.
Cinco amigos se preparaban para viajar a Bariloche.
Los cinco entrañablemente unidos.
Compartían los juegos, los sueños, los estudios y también la música. Pero fue uno solo quien partió, adelantándose al resto y cuando se esperaba su mensaje, un escueto telegrama resumió la tragedia en tres palabras: "Pototo ha muerto"
En la estela de su recuerdo Luis Alberto Spinetta entretejió un poema y una melodía:

"...Para saber
cómo es la soledad
tendrás que ver
que a tu lado no está,
que nunca a tí
te dejará pensar
en dónde estaba el bien, en dónde la maldad,
La soledad es un amigo que no está,
es su palabra que no ha de llegar igual
ves que es un sueño
con luces en torno a tí
tú te das cuenta
que él ya nunca ha de morir
nunca ha de morir...
Al observar
cómo muere la flor
tú verás que
también muere la paz.
Es que esa paz
revivirá en tu voz
la flor te la dará
para entenderla igual.
Para saber cómo es la soledad.
La soledad es un amigo que no está..."

Veinte años: 145 composiciones de éxito, una ópera; total: Luis Alberto Spinetta, un talento...
La sala en penumbras, 4 siluetas juveniles se recortan en el escenario.
De pronto, una voz que es un susurro profundo, dibuja en el aire una canción muy tierna:

"...Muchacha ojos de papel
adónde vas, quédate hasta el alba.
Muchacha pequeños pies.
No corras más, quédate hasta el alba
Sueña un sueño despacito entre mis manos.
Hasta que por la ventana suba el sol.
Muchacha piel de rayón
No corras más, tu tiempo es hoy..."


La sala estalla en una ovación.
Tres mil jóvenes de pie, gritan y aplauden aunados en una sola emoción.

-Nuestra juventud nos protege: no tenemos compromisos, ni ataduras, ni seguimos venerables escuelas.
Pretendemos crear en libertad, espontáneamente, sin que ello signifique irreverencia para nadie ni desconocimiento de los valores universalmente aceptados. Simplemente, somos nosotros...
Lo dicen con humildad, sin la menor intención que sugiriese un afán promocional.
Realmente, la fresca autenticidad de Los Almendra, es la primera conclusión del diálogo que se entabla sin esfuerzo, con Luis Alberto Spinetta, Rodolfo García, Edelmiro Molinari y Carlos Emilio Del Guercio, componentes de un conjunto que ha asomado con personalidad incuestionable en el ámbito artístico local.
Hay que verlos y escucharlos.
De inmediato, se advierte su absoluta identificación con el público (público joven, naturalmente= que les presta religiosa atención.
Poesía, melodía y ritmo, armonizan para que Los Almendra provoquen esa adhesión de sus fans sin esfuerzo aparente.
Pensamos que, en una época que ha reconocido a la comunicación como la clave para el entendimiento y para alejar las tensiones, estos muchachos de 20 años, sin técnicas aparentes, deben poseer alguna fórmula secreta.
Y se lo preguntamos a Luis Alberto, de quien ya teníamos noticia: poeta con sensibilidad -autor de 145 composiciones-, ejecutante de varios instrumentos.
Es rubio, delgadísimo (casi etéreo, afirmó una de sus admiradoras) y su mirada es la de un pajarito triste.
Se erige en portavoz del grupo por tácito acuerdo con los restantes.
-En medio de un mundo lleno de máquinas, hemos avanzado hacia la esencia del hombre.
Tenemos la sensación de tomar sobre los hombros una tristeza infinita, colectiva, de recoger los lamentos que están en el brillo de las lágrimas de mil años y sentirnos uno, con el individuo atado a su destino, irremediablemente.
La nuestra es una búsqueda emocional.

Por eso digo en "A estos Hombres Tristes"

"...Salva tu piel; la ciudad te llevó el verano.
Ponte color, que al morir los hombres
Son blancos, más blancos
Que al volar sin volver
Sin volver que al volar sin volver.
Tú tienes pies y tienes manos:
Pero no se ven.
Si tus pies hoy nacieron viento,
Déjalos correr.
Y si tus manos con las plantas:
Déjalas crecer...
Vive de azul, porque azul no tiene domingos;
Ríete al fin, que llorar
Trae tanto frío... más frío
Que olvidar como ver
Que olvidar como ver...
Una vez vi que no cantabas
Y no sé por qué...
Si tienes voz, tienes palabras:
Déjalas caer. Cayéndose suena tu vida
Aunque no lo creas...
¡Cuánta ciudad, cuánta sed...
Y tú, un hombre solo...!"

Una Opera ´70

- Nos han dicho que Los Almendra están preparando nada más y nada menos que una ópera.
¿Qué nos dice?
Luis Alberto Spinetta asiente, con entera naturalidad.
-¿Cuál es el tema que se proponen desarrollar?
-Es una historia extraña.
Seguimos las tribulaciones de un individuo extraordinario, un mago, empeñado en encontrar, por razones que luego se explican, a un vagabundo, un individuo reducido a la condición de ciruja.
Su aventura es la de un hombre que necesita hallar la pureza que anida en el corazón de un ser marginado.
Quien, para colmo, sabe cuál es la revelación que de él se pretende.
El personaje es fascinante: nuestro mago se entera finalmente que va a la búsqueda de sí mismo, de su propia identidad.
Comprende que cada hombre encierra en su yo insondable varias entidades y que, aún desfasado, se puede convertir en uno: reencuentro final, sublimado por el idealismo...
-¿Cómo encaran ustedes la estructura operística?
-Creamos todo: partituras, textos, orquesta, masa coral, solistas...
Le recuerdo que cada uno de nosotros domina la técnica de la composición de acuerdo con los más severos preceptos académicos.
En lo que diferimos es en la forma de exposición...
-Inferimos que el mago de la obra corporiza algo así como la humanidad y su eterna apetencia de pureza y liberación...
-Tal vez.
Se trata de un largo proceso de introspección, de un viaje interior hacia la más maravillosa de las metas...
Entendemos que es el drama milenario de la criatura humana... el eterno Orfeo desafiando con su canto las tinieblas...
-¿No sienten temor frente a la magnitud de la empresa?
-No. Nos anima un entusiasmo tremendo.
Estamos convencidos de cumplir así con una etapa de nuestras vidas y nuestra trayectoria.
Del baldío al pentagrama

-¿Cómo se formó "Almendra"?
-Los cuatro somos del mismo barrio.
Concurríamos al mismo colegio y nos sentimos solidarios cuando descubrimos vocaciones afines.
Interrumpe Del Guercio:
-Recuerdo que solíamos jugar a la pelota... por una especie de obligación cívica.
Pero ya habíamos pactado el futuro: nos entregamos al trabajo con demoledora energía.
Parecíamos anacoretas, lejos de toda diversión fácil.
Escribíamos juntos poemas y cuentos.
Y ensayábamos todo tipo de música.
Fue algo así como la liberación colectiva de un mismo afán creador.
-Pero también, según parece, había disciplina...
-¡Sí! Nada impuesto, sino una decisión entusiasta, alegre, vital.
-¿Por qué entonces las canciones que interpretan tienen un trasfondo triste?
-Creemos que en el fondo de la tristeza que agobia al hombre está escondida la esperanza.
Por otra parte, sabemos entregarnos con alegría.
Muchas veces, durante un baile o un recital, sentimos un regocijo indescriptible que nos llega de nuestros pares, los jóvenes...
-Resumiendo: a pesar de alcanzar éxito con temas populares, ustedes han decidido evolucionar hacia formas más trascendentes.
¿No es eso quemar las naves?
-Por el contrario, ambicionamos la obra monumental, pero construyéndola con pequeñas piedras artísticas, con motivos de belleza perdurable como aquellos enormes arquitectos aztecas, que burilaban cada trozo y pulían cada fragmento antes de integrarlo con el todo gigantesco e imponente