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Osvaldo Bocón Frascino - La vuelta de un histórico
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subir a el rock en argentina. 
Fue bajista de la etapa inicial de Pescado Rabioso.
Pero quiso hacer la suya.
Más de 20 años después editó un disco con su primer grupo: Engranaje.
José Bellas clase ´50.

Frascino dice que es la de los pioneros del rock argentino.
Después de años difíciles, está otra vez en carrera.
Soy de la clase ´50, la de los pioneros.
Como novelando lo que su documento de identidad contiene,
el hombre de apariencia frágil y lentes oscuros enuncia un pasado donde su nombre (Osvaldo), su apellido (Frascino) y fundamentalmente su apodo (Bocón) se inscribieron en la historia grande del rock argentino.
A treinta y cinco años de que aquel pibe de Ramos Mejía descubrió otra música ( la que hacían Beatles, Rolling Stones, Who...) que lo entusiasmó hasta convertirlo en músico, Bocón será siempre aquel bajista de Pescado Rabioso que co-compuso junto a Luis Alberto Spinetta temas de la talla de Dulce 3 nocturno y Algo flota en la laguna (del disco Desatormentándonos), Me gusta ese tajo y el sensacional Mi espíritu se fue (incluído en el mítico álbum doble Pescado 2).
Después de lo que reconoce como "unas vacaciones de mí mismo", Frascino vuelve como guitarrista y cantante de su primera banda, Engranaje, que acaba de publicar su primer disco (Tu hostilidad) en lo que debe ser el debut más demorado del rock argentino.
-¿Cómo es que, después de tanto tiempo, volvés con Engranaje?
-Porque es como mi segundo hogar.
Yo era un pibe al que le gustaba tocar la guitarra pero que tuvo que amoldarse siempre al principal problema de nuestro rock: la falta de bajistas.
Tenía 18 años y Pajarito Zaguri le dijo a Pappo que yo me las arreglaba con el bajo y me llamó.
El nombre fue una idea de Javier Martínez y tocamos un tiempo, hasta que me llegó la colimba.
Cuando salí, (el baterista) Black Amaya, que había tocado conmigo en Engranaje, le dijo a Spinetta que yo era el bajista ideal para el trío que estaba armando y así me llamó a participar de lo que fue Pescado Rabioso.
Me entusiasmaba, además de la posibilidad de tocar con el Flaco, la idea de integrar un grupo donde el lirismo que traía de Almendra se asociara a un rock más crudo, como el que me gusta a mí.
-¿Por qué te fuiste tras el primer disco?
- Básicamente yo soy guitarrista y compositor.
Y llegó un momento en el que tuve que optar entre quedarme a participar del proyecto y lograr trascendencia y reconocimiento, o alejarme cada vez más de mi esencia como músico.
Lo charlé con Luis Alberto y me fuí.
- ¿Te arrepentiste alguna vez?
- No, nunca.
Sé que fue un grupo mágico, increíble.
Se acababan de separar Los Gatos, Almendra, Manal, la juventud necesitaba un nuevo referente y lo tuvo en Pescado.
Pero no podía relegarme por ello.
Al toque me puse a ensayar con Sacramento, que era un grupo donde estaban Ciro Fogliatta y Alfredo Toth, que venían de Los Gatos.
G rabamos un disco bárbaro pero nunca vió la luz.
Desde entonces, me la pasé tocando en forma clandestina.
- Durante más de 20 años prácticamente se te perdió el rastro.
¿Cómo subsistías?
- Estuve laburando como diez años en teléfonos del Estado, antes de las privatizaciones.
De allí tengo una pensión.
Además, hace poco me asocié a SADAIC, de donde voy cobrando derechos de autor por los temas de Pescado.
Y, como muchos músicos, pasé por lo que se dio en llamar el reviente.
Ví y viví cosas muy fuertes con las drogas y el alcohol.
Pero por suerte hace dos años estoy alejado de los vicios.
Por ahí otros tuvieron otro tipo de experiencia; para mí fue muy nocivo.
- ¿Cómo es tu relación actual con Spinetta?
- Lo volví a ver hace poco, después de más de veinte años.
Es un músico excepcional, un creador nato.
No hay rencores entre nosotros.
Al contrario, tuvo el gesto de poner a disposición sus estudios para que yo volviera a grabar después de tanto tiempo.
- ¿Los músicos de antes eran mejores?
- No sé si mejores, pero tienen más peso.
Debe ser porque nos criamos en una época donde ser rockero era un insulto a la sociedad.
Por llevar el pelo largo nos escupían desde los autos.
Hoy es más fácil despertarse una mañana y decidir ser músico de rock...