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Diego Arnedo habla de Spinetta
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"Le entregué mi cuerpo y mi alma al rock"
Antes de los shows electroacústicos que Divididos ofrecerá el próximo fin
de semana, Diego Arnedo confiesa que ha vivido... y mucho más.
No sé si se puede contar...
Bah, todo se puede contar, pero habría que ver cómo."
Diego Arnedo arroja un manto de misterio sobre por qué le dicen Cóndor.
Es conocido así desde las épocas de Sumo, allá por los revoltosos años 80, de pubs y bares con más botellas rotas que público en las mesas.
Ahora el tipo tiene 50 años, es una de las personas más amables del rock local, el muy coqueto se corta el pelo en Roho (la peluquería rockera más top de los últimos tiempos), es considerado el mejor y más original bajista de la escena y lleva más de tres décadas al servicio del rock.
Respetado y amado por igual, pocas veces se ha podido escuchar su versión de la historia.
Es más, los dedos de una mano sobran para contabilizar sus entrevistas a solas.
En Sumo, Luca y Pettinato se encargaban de ese trabajo; en Divididos, su hermano espiritual, Ricardo Mollo, fue el que puso la cara (y el discurso) a lo largo de estos quince años.
"Si necesito ayuda te llamo", bromea con Mollo antes de enfrentarse a solas con un grabador, en una de las piezas de la quinta/sala de ensayo que el trío posee en Parque Leloir.
En el transcurso de la charla el disco electroacústico grabado en vivo por Divididos que acaba de salir resulta una excusa (ver recuadro) y Arnedo repasará, no sin mostrar cierta timidez, los acontecimientos más importantes de su vida desde que, por casualidad, se topó con un bajo y decidió que quería ser músico de rock, como Spinetta.

Angeles y predicadores
Ultimo adelanto de lo que vendrá.
Cuatro frases que bien podrían haber titulado esta nota y dan cuenta de que este músico tiene mucho que decir: "Ya no soy un músico de rock"; "No quiero comerme la película de la responsabilidad del número uno"; "Ricardo es lo que yo quiero ser y no puedo"; "tengo a Sumo en un lugar demasiado mío, que quizá tenga que repensar".
Ahora sí, con ustedes, Diego Arnedo, el Cóndor sobreviviente.
"¿Quince años ya? No lo puedo creer", se sorprende con el cumpleaños que Divididos festeja por estos días.
"Y... yo estoy más para agradecer que para otra cosa.
Porque el cúmulo y la cantidad de vallas o momentos que hubo que saltear para poder continuar con esto de la música...
Ahora lo veo todo junto y se me hace que tiene realmente un peso muy grande para mí.
Más cuando te das cuenta de que todo viene a partir de una decisión de querer algo, de querer seguir con una historia que elegí hace tiempo.
Han pasado muchas cosas y Divididos no es la misma banda de cuando empezamos.
Definitivamente creo que este grupo tiene un ángel que hay que cuidar."
En 1997, los excesos de años se la cobraron con una pancreatitis que lo puso al borde de la muerte.
Por ahí va la necesidad de agradecer, por ahí va eso de ser un sobreviviente.
"Es el peor recuerdo que tengo...
Mi cuerpo desnudo en terapia intensiva con una bolsa de hielo arriba del abdomen, en un sanatorio de Hurlingham."
-¿A partir de la pancreatitis qué cambió en tu vida?
-Mucho.
Son sensaciones límites que me hicieron pensar cuánto habré depositado en cosas para protegerme de algo elegido.
No fuimos a la escuela del rock, no estábamos preparados para esto.
Entonces, hubo quizá que contener ese pensamiento con algo químico, orgánico o espiritual.
Y bueno, no fue fácil.
Son males y son caídas que hacen al éxito.
Pero me refiero al éxito de poder hacer lo que uno elige.
Y ahí entregué el cuerpo.
No lo justifico, fue realmente así.
Uno es un organismo físico-psíquico-espiritual puesto al servicio de un desafío.
Hicimos canciones, discos, tocamos, pero también nos metimos en el barro y no olvidemos que nosotros éramos músicos de rock.
Y digo éramos porque quizás ahora sólo nos quedamos con la música de rock.
-¿Ya no te sentís un rockero?
-No. Estuvieron muy lindos todos los excesos del rock, la diversión de todo eso, pero llega un momento en que las cosas empiezan a cambiar, porque cuando uno tiene responsabilidades con otros, comienza a trabajar con el egoísmo también y se da cuenta de que ya no es uno sólo el reventado, sino que empieza a reventar a todos.
Hoy tengo una familia, hay chicos y el viaje cambió.
Ya no soy un músico de rock, ahora me quedo con la música de rock.
Entonces, está bueno si podés cambiar, y es también parte del proyecto que uno empezó algún día, hace mucho tiempo.

De Hijitus a héroe del rock
El proyecto de Arnedo se inició en 1970, cuando tenía 17 años y un amigo dejó en su casa un bajo por un par de días.
El entonces sueño de ser futbolista se había caído a pedazos gracias a una certera patada en la rodilla y el joven Diego le dio una oportunidad a la música.
Hijo del prestigioso folklorista Mario Arendo Gallo (autor de clásicos como La amanecida , Salvina y La flor azul , entre otras zambas, gatos y chacareras), Diego trabajó pintando paredes, armando perchas de alambre y llevando a procesar latas de películas en la empresa de dibujos animados de García Ferré (luego llegó hasta a filmar algún capítulo de Hijitus).
-¿Soñabas con ser músico de rock?
-Sí, claro.
Por ahí no sabía qué era, pero miraba una foto de Almendra y pensaba que estaba bien eso.
Miraba para ese lado, para lo que fue el comienzo de todo, que tenía una manera de pensar y una estética relacionada con la libertad.
Arnedo no quiere ni escuchar acerca del lugar de héroe que ocupa para el rockero medio.
"Es un compromiso... voy a tener que empezar a tomar valium otra vez.
No, no toco más", bromea para luego ponerse serio: "Creo que trato de llevar adelante mi propia locura.
La pasé bien y la pasé como el orto.
Pasaron un montón de cosas y si la gente está viendo algo en mí que de alguna manera le determina a favor en su vida, está bien.
Pero lo que no quiero comerme es la película esa de la responsabilidad del número uno.
Nunca lo quise ser y me parece que esa calificación y ese premio no lo quiero.
No es verdad que sea el número uno en nada.
Quiero vivir tranquilo, con esa misma libertad que elegí cuando tenía 17 años".
Desde este pequeño cuarto repleto de equipos apilados se lo puede escuchar a Mollo ensayando sólo en la habitación contigua.
Y la ocasional banda sonora ameniza la entrevista.
"Ricardo es como el que yo quiero ser y no puedo.
Es la otra parte, el complemento.
Es medio psicológico lo que digo, pero hay que analizarlo.
Esa cosa que funciona porque lo que tiene uno no lo tiene el otro.
Hay algo que en lo distinto se juntó y armó este quilombo.
Tanto Ricardo como yo dejamos el alma en esto."
Arnedo se entusiasma con la convocatoria que están teniendo los músicos con trayectoria ("me parece que se está reconociendo a gente que no se bajó de su decisión original") y el tema lo lleva al sueño que cumplió hace apenas poco más de un mes.
"Poder encontrarme con Spinetta, que vino con su guitarra y su novia a ensayar con nosotros, fue uno de los momentos más fuertes que me ocurrió en los últimos tiempos.
En el concierto (el que ofrecieron en el Quilmes Rock Festival) estuvo bueno, pero a mí lo que me mató fue el encuentro entre cuatro paredes con Luis Alberto Spinetta, con su guitarra y su novia", dice y larga una carcajada final.
Ah, por cierto, ¿se puede o no se puede contar lo del Cóndor? Sí, pero en versión libre y apta para todo público:
"Y... se podría decir que en épocas de Sumo teníamos un micro: en la mitad de atrás iban los equipos y en la mitad de adelante, los músicos.
Yo me subía a las cajas, a mirar desde arriba cómo era el desplazamiento de los que quedaban en pie.
Entonces, cuando divisaba al último despierto, hacía un vuelo rasante desde la montaña"...
Risa sarcástica y silencio cómplice.
"°Guarda que viene el Cóndor!, gritaba Ricardo.
Y ahí quedó. ¿Se entiende?"
Al salir de la habitación, guitarra en mano, Ricardo Mollo increpa a su amigo de toda la vida: "¿Y? ¿Te confesaste?" "Sí, ya saqué todo -responde Arnedo-, ahora la próxima entrevista a solas la voy a hacer en 2010".

La reunión que nunca fue
En mayo de 1997, en el día de lo que hubiera sido el cumpleaños 43 de Luca, Las Pelotas y Divididos compartieron fecha por única vez, del otro lado del charco, en Montevideo.
Y los rumores rodaron por aquí y por allá.
Mucho más cuando se confirmó que Roberto Pettinato y Andrea Prodan también serían de la partida.
¿Vuelve Sumo?
Nada de eso.
Sólo hubo dos shows por separado y un final con Las Pelotas más Petti y el hermano de Luca recordando un par de temas de Sumo.
Todos señalaron a Arnedo como el hombre que se plantó en sus veinte y dijo no.
"Quedé marcado...
No pude, no pude participar.
Me pareció que o yo tengo a Sumo en un lugar demasiado mío, que tendría que repensar, o realmente tengo ubicado bien lo que es el respeto por Sumo y por Luca.
Me pareció que no estaba bien tratado, que se podía hacer mejor.
Porque no había surgido de una decisión nuestra, en la cocina de la casa de alguno de nosotros, con una guitarra, tocando, pasando por lo que fue el recuerdo de la banda y decir: "bueno, ¿por qué no hacemos algo?" No fue así, no nació así.
Creo que todo el compromiso con la prensa del momento generó una presión determinada que fue lo que entendí que estaba llevando eso.
Y cuando lo tuve bien conciente en ese último momento, dije: Luca, ayudame...
No sé si me ayudó a mí o ayudó a los otros.
Qué sé yo, Sumo, Luca, todo eso convive en mí, le tengo un respeto muy especial y me gustaría generar un buen punto de partida para que eso suceda, con todos los integrantes de todo eso que fue Sumo."

Electroacústico, en vivo y acá
Sentado junto a la batería de Jorge Araujo, Arnedo sueña en voz alta mientras escucha Villancico del horror , el primer tema de Vivo acá , el álbum que registra los exquisitos conciertos electroacústicos que Divididos ofreció en el teatro Gran Rex, en julio último.
"Me gustaría grabar un disco nuevo así, en ese lugar, con gente y todo, como hacía Frank Sinatra".
El disco (doble) incluye el show completo con hermosas versiones de clásicos de Divididos y Sumo y será editado por el flamante sello Pelo Music (propiedad de un legendario empresario discográfico de los años 80, Pelo Aprile).
"El experimento nació como dos conciertos separados: uno acústico y otro power, bien eléctrico.
La idea era hacerlos en dos lugares distintos, dos días seguidos, que de alguna manera estuvieran conectados.
Pero no pudo ser y tuvimos que juntar los dos shows en uno."
El último recuerdo de Arnedo en un show con público sentado, es de un Astros con Sumo.
"Lo contrastante fue que estábamos invitando a la gente a tomar asiento y sabíamos que había una parte más power, fue una jugada más."
Divididos volverá al teatro Gran Rex para presentar Vivo acá , el 5, 6 y 7 de diciembre.
"Para la gente que sigue a la banda, estos conciertos son algo especial y el disco, para nosotros, también nos sirve como carta de presentación en el exterior, porque es muy posible que se edite en México y en España"