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Discos inevitables
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subir a el rock en argentina. 
¡Hola, pequeño ser!
El doble de Pescado Rabioso por fin en versión completa
Por Martín Pérez

No tengo más Dios!”, grita Luis Alberto Spinetta al final de los ocho minutos de ‘Cristálida’.
El tema cierra el contundente álbum doble de Pescado Rabioso, que incluye otros clásicos de su carrera como ‘Credulidad’ o ‘Como el viento voy a ver’.
Maravillosa perla negra
dentro de la larga discografía del Flaco, el segundo opus del grupo con el que durante apenas un año y medio (y tres discos) vomitó toda la bronca por la separación de Almendra supo ir mutando en las sucesivas reediciones en diferentes formatos.
Aquella edición doble original, por ejemplo, con un cuadernillo lleno de fotos y dibujos, nunca volvió a repetirse en tiempos del vinilo.
Durante muchos años, incluso, fue un álbum imposible de conseguir y se volvió legendario.
Las disquerías de usados solían ofrecer alternativamente uno u otro vinilo y nadie se quejaba: después de todo, era eso o nada.
La primera reedición en vinilo apenas si reeditó los discos, y por separado.
Con el cd, en cambio, se pudieron escuchar sus dieciocho temas de corrido, milagro con el que sus autores habían soñado desde el primer momento.
Si bien el arte original fue reapareciendo de a poco, con cada reedición en compact, como un fósil bajo el cepillo de un arqueólogo, recién en esta flamante e impecable colección de Sony Music (que a lo largo de este año republicó casi todo su catálogo de rock nacional en un formato facsimilar del vinilo, sólo que en tamaño cd) recupera el cuadernillo original clave, con letras y toda clase de comentarios imperdibles de puño y letra de sus autores.
Pescado 2 de Pescado Rabioso.
Sony Music

Tuve tu amor
Un Piano Bar con algunas sorpresas

Por M. P.
A pesar de su impronta urbana y urgente, Charly García escribió casi todos los temas de Piano Bar durante unas vacaciones en Buzios.
Por ejemplo –según precisa la biografía de Sergio Marchi–, la melodía de “Promesas sobre el bidet” se le ocurrió mientras se duchaba en el balneario brasileño.
Eso sí: al volver de sus vacaciones, el bigote bicolor juntó a su banda y la obligó a grabar todo el disco casi sin explicaciones.
Lleno de clásicos blindados de su repertorio, Piano Bar cumple este año veinte años desde su lanzamiento original.
Su flamante reedición es la joya de una colección de Universal que recupera, en su mayoría, perlas de los ‘80 del catálogo Interdisc: El tiempo es veloz de David Lebon, por ejemplo, o Bajo Belgrano de Spinetta Jade, entre otras.
El principal detalle de estas reediciones es la reproducción fiel de su tapa original. (Es una lástima que el resto del arte del disco no haya recibido el mismo tratamiento.) Con eso alcanza, sin embargo, para que esta nueva versión de Piano Bar sea casi obligatoria para los fans: recupera la portada original con las letras manuscritas –que las sucesivas reediciones dejaron de lado– y privilegia una foto de Charly sacada de un fotograma del video. Pero eso no es todo: el cd también incluye una versión de “Canción para mi muerte” grabada en las mismas sesiones del disco.
Qué pena que los responsables de esta reedición no incluyeran también el simple de promoción editado antes del álbum, con versiones diferentes de “Demoliendo hoteles” y “Raros peinados nuevos”.
Piano bar de Charly García.
Universal

Imágenes entre las nubes
El disco mítico que Miguel Cantilo compuso en El Bolsón.

Por M. P.
Tras su meteórica aparición con La marcha de la bronca a comienzos de los ‘70, el dúo Pedro y Pablo se pondría mucho más rockero en su segundo disco, Conesa
Acompañados por los rockers platenses de La Cofradía de la Flor Solar, Miguel Cantilo y Jorge Durietz cantaban “Apremios ilegales” y “Catalina Bahía” y despertaban prohibiciones varias.
Entonces, cumpliendo el sueño hippie de la época, Cantilo se fue a vivir a El Bolsón.
Ahí fue donde compuso con Kubero Díaz un repertorio de temas que tardarían en grabarse y mucho más en editarse.
“En vez de grabarlos enseguida, nos fuimos a Brasil.
El típico desorden de la época”, recordó Cantilo en un reportaje realizado por Pipo Lernoud para la revista Canta Rock.
“Cuando volvimos, el país estaba demasiado cambiado y no pudimos aguantar mucho en Buenos Aires.”
Compuesto a fines de 1972 en Las Golondrinas, cerca de El Bolsón, grabado un año después en Buenos Aires y editado recién en 1975 por el sello Trova, Miguel Cantilo y Grupo Sur es una explosión de energía mística.
Con la guitarra de Willy Pedemonte aullando y los coros que acompañan la voz chillona de Cantilo, es un fascinante rezo rocker al final de una época.
Su esmerada reedición en cd es obra del sello independiente Viajero Inmóvil, que hizo el mismo impecable trabajo con algunos álbumes de Nebbia (Fuera del cielo, El vendedor de promesas) y el inconseguible único disco del Trío Pacífico.
Miguel Cantilo y Grupo Sur de Miguel Cantilo y Grupo Sur. Viajero Inmóvil

Muchacho del taller y la oficina
Entre El Oso y Madrid, el mejor Moris

Por M. P.
Alguna vez, en los tiempos míticos de la vieja radio Rock & Pop, el programador musical de una emisión nocturna llamada Piso 93 tardaba en presentarse en el estudio y su conductor se limitó a esperarlo los nueve minutos que duró en el aire “Muchacho del taller y la oficina”, un legendario tema del segundo álbum de Moris.
Con eso estaba todo disco, dijo Rafael Hernández, dando por terminado el programa que acababa de comenzar.
Pero el conductor de Piso 23 no sólo le reprochaba el faltazo a su colega; también tenía razón.
Suerte de aleph del rock nacional heroico, ese extenso tema de ritmo cambiante lo había dicho todo.
Algo parecido podría decirse del resto de un álbum en el que –entre menciones de José León Suárez y el Dock Sud– Moris inmortaliza al arrabal más urbano, con la melancolía de aquellos náufragos que seguían buscando tierra cuando ya se venía la inundación.
Mucho después de El Oso, y antes de irse a dar cátedra de rock en Madrid, Ciudad de guitarras callejeras es un testimonio ejemplar de su época: el disco menos conocido del mejor Moris, que vuelve a las disquerías en el marco de otra colección de reediciones, en este caso de la vieja RCA.
Con largas entrevistas firmadas por Alfredo Rosso (salvo en el caso del disco de Moris, que sólo tiene un breve texto de su autor), la colección incluye discos de Arco Iris, Manal y el primer álbum solista de Melero, entre otros.
Pero la reedición del disco de Moris resulta fundamental al restituir el master original de “Muchacho del taller y la oficina”, censurado en el momento de su edición.
Allí, en 1974, Moris parece contemplar el aleph de Borges y profetiza: “Estoy viendo campos de concentración forzada / muchachos de veinte años sirviendo a una casta armada”.