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El Lebón que no escuchamos
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subir a el rock en argentina. 
Radicado en Mendoza, donde logró dejar las "tres botellas de vodka por día", David habla de todo: su paso por las drogas, por el gurú Maharaji, la relación con sus hijos y con su nieto down, la devoción por Spinetta, Pata Villanueva y qué significa ser rocker a los ´50.
por Pablo Schanton

No es fácil para nadie.
Menos aún para quien sufre de claustrofobia en los aviones como David Lebón y vive retirado al pie de la cordillera con dos ovejeros alemanes, 39 rosales, parra y un pino que bautizó Don Silencio.
Pero aquí lo tenemos en el patio
de un hotel estilo "trampa" de Villa Urquiza tras haber volado de Mendoza a Buenos Aires con una ayudita de algún calmante.
Para más, recién recuperado del mal de alturas, el ex Serú Girán ya está recordando detalladamente una vívida situación traumática de su infancia: la muerte de su padre.
"Manolo Lebón no era muy fiel con mi vieja.
Le gustaban los caballos, el Maipo, los relojes de oro, el boxeo.
El día que muere estábamos mi hermana Mabel y yo con él en un departamento que compartía con su amante Sarita y en la radio anunciaron que su percherón había ganado.
A los 10 minutos le dio un derrame cerebral y como parece que sintió miedo de irse me agarró la mano muy fuerte.
Yo tenía 8 años y lo entendí todo sin reaccionar.
No reaccioné hasta que un día, a los 12, me sequé la cara con una toalla que todavía tenía su olor."
Lebón ya contabiliza 5 hijos y 5 nietos además de serenos 50 años, de ésos que inspiran el balance de una vida.
Más de una vez contó sus días entre los 8 y los 16 años en Miami, adonde su madre lo llevó para que respirara buen aire debido a su asma psicosomática.
La memoria ahora recupera a mamá Alexandra.
"La X es porque mi abuela era rusa.
Tuvo a mi vieja en China huyendo de la revolución bolchevique.
Durante la Segunda Guerra, cuando vivía en Londres, fue en una misión a Alemania, la tiraron de un paracaídas y no volvió más.
Cuatro nazis la torturaron y al caer Hitler, ella misma fue hasta donde estaban y los mató.
Mi vieja era una mujer muy fuerte, sabía karate, había matado gente y muchas veces pensé que yo era tan familiero y normal por haber tenido una madre tan aventurera.
Pero conmigo era muy dulce. El día que tomé ácido lisérgico por primera vez, a los 12 años, me acuerdo que mi vieja me acostó, me dio whisky con leche y puso Rubber Soul de Los Beatles.
'Relajate, después hablamos', me dijo.
A la semana, el profesor de música me echó porque era malo con el contrabajo.
Le prometí a mi mamá que si me dejaba abandonar el secundario me dedicaría a la música y sería famoso.
Era lo que quería, un hijo artista.
Vendió las joyas de Manolo y me compró una guitarra.
Pasaba las tardes poniendo los discos de Los Beatles en 16 rpm y sacaba los acordes.
Así empecé."
Sigue en Nueva York donde Alexandra y su hijo David ven a Lennon & cía en vivo, en el Shea Stadium.
"Yo lloraba en medio de una gritería infernal y chicas que se hacían caca encima.
No volví a vivir una cosa así hasta que fui a ver a Bandana con mi hija de 11".
En velocidad fast forward el rocker de 50 años deja pasar en su relato sus participaciones en Pappo´s Blues, Color Humano, Pescado Rabioso, Polifemo, Serú y su carrera solista de los 80-90.
Ahora prefiere reivindicar el hecho de ser abuelo.
"Mi abuelo me decía que uno amaba más al nieto que a los hijos porque cuando tenía un hijo era demasiado joven y no le daba atención.
El abuelo tiene tiempo y da el amor que no le pudo dar a sus hijos.
Y ellos te dan el amor que necesitás.
Ahora viene a verme Nacho, uno de mis nietos que tiene síndrome de Down.
Sin embargo ese tipo tiene tanto amor adentro...
Estoy cerca de mis hijos.
Panchi es mi baterista y vive en Mendoza. Tayda está conmigo también, grabando un disco solista.
Yo quiero vivir largo como mi abuela, que murió a los 110 años llena de arrugas pero con el pelo hasta el culo y tomando vodka sin parar. "
¿Cómo pega el hecho de ser un rockero a los 50?
La verdad que cuando los cumplí en octubre, me asusté un poco.
Por el físico, la onda "estoy quedando pelado, muy gordo".
Y justo coincidió con la grabación de mi último disco, Yo lo soñé y con algo peor, la separación de una pareja de 6 años, de Anabel, una mujer que yo amé, que sigo amando.
Fue muy fuerte el fin del 2002. No tenía agencia, hacía 10 años que no grababa un disco en estudio con canciones mías y me lo tenía que pagar yo.
¿Cómo podés quedarte en Mendoza después de lo que te pasó?
Porque ahí encontré mi lugar en la vida. Voy a contar algo que pocos saben.
Cuando llego a Mendoza hace 5 años yo tomaba tres botellas de vodka por día y alguna otra "cosa" para levantar después la resaca y seguir tomando.
Mi novia me iba a comprar las botellas incluso.
Yo no era pegador ni violento, me daba más por lo sentimental. Resulta que con la gente que me contrata viene una señora petisa, muy mal hablada, escupiendo.
Apenas me ve, se pone a eructar pero no me dio asco, yo vi sus ojos y me di cuenta de que se le transparentaba la mirada.
Era una bruja de magia blanca. Me dice que si me quedo en Buenos Aires me voy a morir porque hay vampiros que me quieren chupar el alma. Y que tengo que quedarme en Mendoza y dejar de tomar. Me larga todo y ahí nomás vomita a mis pies.
'No te asustes, te vomité a vos', dice.
Fue así que le creí y juré no irme más porque yo de muy chiquitito, dibujaba una casa en la montañas y uvas; se ve que tenía visualizado mi futuro.
A los dos años dejé el alcohol y aunque tengo una parra en mi casa, no hago vino.
¿Y tu acercamiento al Gurú Maharaji en los 70 cómo se dio?
Otra limpieza. Una tarde yo estaba a punto de suicidarme porque no aguantaba las voces que hablaban en mi cabeza, una se contestaba a la otra pero ninguna me daba una respuesta.
Cuando había decidido matarme, suena el timbre. Era el periodista Pipo Lernoud que volvía de la India, de recibir el conocimiento del gurú.
Pero no me quería copiar de Harrison, Santana o McLaughlin, siempre tuve una búsqueda religiosa.
Perdí el ego de ser músico y me cansé de querer ser una estrella como en los tiempos de Pescado, cuando competía con Spinetta por figurar más.
En tu último disco cantás: "Luces y fama no pueden conmigo."
¿Cómo recordás hoy tus días mediáticos junto a Pata Villanueva?
Yo me había copado con la gran persona que hay en ella pero nunca pensé que iba a haber tanto quilombo.
Ella y yo no pegábamos ni con cola, pero éramos buscadores de amor.
Pero quiero aclarar que no estoy en contra de lo material como diría Harrison.
Creo que a todos nos gustaría tener mil Rolex, mil Rolls Royce.
Yo tuve tantas etapas de linyera como de rico y aquí estoy.
¿Tu vida en Mendoza es pura naturaleza y contemplación?
No me vas a creer pero tengo el televisor prendido casi las 24 horas.
Siempre necesité un monitor encendido cerca, preguntale a Spinetta
Yo iba a ensayar con Pescado y me llevaba el bajo y una tele chiquita.
No podía tocar si no estaba mirando la pantalla haciendo interferencia.
¿Y ahora qué mirás?
Sí, mirar es la palabra, no veo.
Pongo a Rial y cosas así, de chismes, y me río mucho.
En la ventana yo tengo al cielo tan cerca que te da miedo.
Veo cosas que a Zerpa le asombrarían. Pero atrás está el televisor, siempre, recordándome lo mundanos que también somos.