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El registro de una época
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subir a el rock en argentina. 
Que en 1977 se haya realizado un encuentro rockero que se llamó Festival del Amor resulta significativo, más allá del toque sarcástico que puede darle alguien como Charly García.
En un país sumergido en la violencia, unos músicos de rock (entonces una propuesta estética netamente alternativa) se juntaban a recrear algunas canciones significativas de su tiempo, con un único factor
en común: Charly, que tocaba con todos.
Un vistazo general a ese momento dice que La Máquina de Hacer Pájaros y Crucis grabaron su segundo álbum, "Películas" y "Los delirios del mariscal", respectivamente; Spinetta tomaba distancia de Invisible con un álbum solista, "A 18 minutos del sol", rodeado de músicos de extracción jazzera; MIA editaba en forma independiente su segundo álbum, "Mágicos juegos del tiempo"; Aquelarre regresaba de su experiencia española; Norberto Napolitano armaba Aeroblús para luego volver a Pappo´s Blues; Gieco ya comenzaba a tener una intensa actividad, y Soluna, el grupo que formó Gustavo Santaolalla después de abandonar Arco Iris, presentaba su único álbum.
Ninguna de las bandas nombradas sobrevivirá a ese año, y muchos músicos emigrarán en busca de horizontes más accesibles.
No es fácil salir adelante.
No sólo porque el mercado es acotado, sino porque la represión y la censura previa hacen muy difícil la concreción de los proyectos.
Charly, entonces, ya estaba enamorado de Zoca, había decidido dejar La Máquina y se propuso convencer a David Lebón (entonces entregado a sus creencias religiosas) para que volviera a tocar la guitarra y lo acompañara a Brasil para tramar algo nuevo al lado de su amada y muy cerca de Billy Bond, ya establecido en el país vecino.
Ese viaje trajo de vuelta a Serú Girán, pero ésa es otra historia, porque antes de partir, el 11 de noviembre de 1977, Charly organizó el Festival del Amor en el Luna Park.
No se trató de un recital solista.
Simplemente, Charly tocó con buena parte de las figuras rockeras del momento.
Estaban los músicos de La Máquina, Crucis, Lebón, Gieco, Nito Mestre, María Rosa Yorio, Raúl Porchetto.
La idea original era editar luego un disco con el registro del concierto, pero hubo varios problemas técnicos y pudo ser editado tres años después, en 1980, bajo el nombre de "Música del alma", luego de corregir -quiere decir: volver a grabar- muchos pasajes.
Hay momentos interesantes, como las apariciones de Lebón, como la versión de "Dos edificios dorados", donde mejora la versión que había hecho en estudio (como solista no pudo concretar eso que insinuaba en sus shows) y "Tema de los devotos".
También el registro de "Iba acabándose el vino", donde Porsuigieco demuestra el trabajo armónico de Porchetto-García-Mestre-Yorio-Gieco, y "Las dulces promesas", interpretada por un cándido León.
El resto, no agrega mucho.
Tal vez demasiada improvisación y cierto caos que no deja de reflejar ese momento.
"Música del alma" tuvo su primera reedición en CD hace unos pocos días.
No puede considerarse un álbum solista de García.
El es, más bien, el núcleo de la cuestión.
Toca con todos y todo tiene su acento.
Y las sobregrabaciones se notan claramente.
Pero hay un lugar por el cual se agradece su aparición en las bateas: es el documento de una época.
Lo mejor estaba por llegar.
Por Daniel Amiano