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El rock de los años 70 se vende a precio dólar
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El rock de los años 70 se vende a precio dólar, en especial los discos de Pappo y Spinetta
Un japonés, un inglés y un argentino entran en una disquería de vinilos de la calle Corrientes.
El japonés, sin mirar las bateas, camina hacia el mostrador y le dice al vendedor: "Yo llevar batea completa de vinilos rock argentino años 70", paga y se retira; el inglés, luego de pasear entre las bateas intentando parecer desinteresado, camina hacia el mostrador y le dice al vendedor: "Veo que el cliente anterior no se llevó las joyas del rock de los años 70 que usted tiene en la vidriera, me las llevo todas", paga y también se retira satisfecho; el argentino, sorprendido tras ver cómo los dos turistas embolsaban discos de Billy Bond y La Pesada, Kubero Díaz, Materia Gris, La Máquina de Hacer Pájaros, Aquelarre y Manal, camina hacia el mostrador y le pregunta al vendedor: "¿Estoy soñando o acaba de vender un disco de Pescado Rabioso a 600 pesos?"; entonces el vendedor, que no había dicho ni una palabra, le responde con acento nórdico: "Disculpe, pero no hablo español, compré esta
disquería ayer porque me dijeron que el rock argentino de los años 70 estaba en alza... y ya lo ve.
¿No le interesa un long play de «Artaud» que está mal fabricado y en el lado A tiene grabado un disco de Nito Mestre? Es especial para coleccionistas exquisitos"
El fenómeno ya estalló, cultivado con paciencia en cuevas de galerías olvidadas, mercados de pulgas para turistas y ferias de discos en plazas y parques de la Capital Federal: los viejos discos de vinilo del rock argentino, "especialmente los hechos en el período 1967-1976", se han puesto de moda en el circuito de coleccionistas y melómanos varios, no sólo del país, sino también del mundo entero.
¿Por qué un disco de vinilo de Pescado Rabioso puede costar 600 pesos?, se preguntará usted:
1) Son objetos únicos que no han vuelto a fabricarse.
2) El rock nacional de aquellos años posee, desde siempre, un prestigio internacional que no se ha repetido en el género, ya sea por la buena cantidad de obras de calidad que se grabaron por entonces como por ser el primero en documentar el rock cantado en castellano.
3) La relación peso-dólar y peso-euro beneficia a la gran cantidad de turistas que pasean por Buenos Aires llenando sus bolsos con productos "very tipical".
4) Al estar descatalogados, el precio real de estos long plays no existe; cada uno (dueños de disquerías, individuos con necesidad de desprenderse de su pasado en ferias o, simplemente, herederos de colecciones ajenas) puede venderlo a cuanto se le antoje mientras la demanda no decaiga y, es sabido, existe mucha gente dispuesta a pagar lo que sea por una pieza que, paradójicamente, "no tiene precio".

La grasa de las capitales
"Se buscan mucho los discos psicodélicos del rock de los 70 porque en esa época no había otro país en América latina que hiciera algo parecido, ni siquiera Brasil", asegura el dueño de una de las aproximadamente 50 cuevas que venden en Capital Federal este tipo de material (ver recuadro).
En los últimos años, a esos locales de bateas desgastadas se les ha sumado una incontable cantidad de páginas web, con base de operaciones en el país y en el Primer Mundo también que lanzan anzuelos virtuales como: "Vinilos rock argentino. Gran surtido".
Allí, los precios son aún más elevados.
En una recorrida ligera por la Red se pueden encontrar cosas como éstas: "Claudio Gabis" (1974), $ 100; "Alejandro Medina y La Pesada" (1974), $ 250; simple de vinilo "Ah, Maharaj Ji" (1974), del grupo Lila de David Lebón, $ 200; "Color Humano 2" (1973), 50 euros.
Incluso en algunos sitios uno hasta se puede topar con una advertencia así: "La edición original en vinilo de «La Cofradía de la Flor Solar» (1971) supera ampliamente los 500 euros en círculos de coleccionistas".
O chats como el siguiente:
"-¿A cuánto vendés los discos de Kubero Díaz y los dos compilados del sello Mandioca?
-No están a la venta, pero deben costar entre 300 y 400 pesos cada uno.
-Bueno, si algún día te interesa venderlos, por favor avisame y concretamos la operación."
La locura por el rock de acá llegó hace rato y en las tiendas de discos usados sostienen que su servicio no se compara con el de las modernas disquerías virtuales.
"Los extranjeros prefieren venir y revolver, revisar las bateas, asegurarse de que estén en buen estado.
Todo eso por Internet no lo pueden hacer", dicen, pero al mismo tiempo se niegan a dar precios para esta nota, porque "ya nos pasó que salimos en una revista diciendo un precio de un disco muy caro y las demás disquerías se nos vinieron al humo".
¿Una lista de los delirantes precios que se pueden encontrar en las diferentes disquerías capitalinas? "Pescado Rabioso 2" (1973), $ 600; "Pidamos peras a Mandioca" (1970), $ 150; "Música del alma" (1980), de Charly García y otros, $ 120; "Almendra" (1969), $ 100; "Pappo´s Blues Vol. 2" (1972), $ 140.
¿Un disparate o un fenómeno acorde con los tiempos globalizados en los que vivimos? Después de décadas de descuido con reediciones vergonzosas en CD (incluso existen casos como el de los LP de Billy Bond que ni siquiera se editaron en CD), el catálogo setentista del rock de acá se pone de pie, al menos en el circuito de coleccionistas.