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El rock nacional sigue armando su historia
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subir a el rock en argentina. 
Aparecieron diez títulos que abarcan años difíciles y creativos para el movimiento local entre los primeros setenta y 1983
Faltan muy pocos ladrillos ya para que en las bateas se complete la historia musical de nuestro rock en formato de CD. Esta vez, quien puso manos a la obra es Sony, con la reedición de la segunda parte del catálogo de Mandioca y Microfón que adquirió un año atrás.
Son diez álbumes que van desde los primeros trabajos del movimiento hasta el
resurgir rockero o, mejor, la "autorización" impulsada durante la última dictadura militar.
Y algunos de estos discos son fundacionales, no sólo por el momento histórico sino porque muestran aspectos distintos y distintivos que se desarrolarían más tarde.
Tres de los álbumes se editaron en 1970 como debut en los entrañables long plays de Moris, Vox Dei y Manal.
"Treinta minutos de vida" es todo un símbolo de aquellos tiempos de La Cueva con el que Moris (Mauricio Birabent) sorprendió al mundillo joven desde el mítico sello Mandioca. El álbum incluye varios clásicos: "El oso", "Ayer nomás", "Pato trabaja en una carnicería" y "De nada sirve", esa especie de himno rebelde (e improvisado) que se cantó durante años en cuanto fogón se armara.
"Manal", el primer álbum de los pioneros del blues, también aparece con los clásicos "Jugo de tomate", "Avenida Rivadavia", "Casa con diez pinos" y "No pibe", a los que se agregan varios bonus track, como "Qué pena me das" y "Para ser un hombre más", lados A y B de su primer single, de 1968, que a la vez es el debut de Mandioca bajo la batuta de Jorge Alvarez y Pedro Pujó.
Otro debut. "Caliente", de Vox Dei.Otro trabajo que, además de traer inolvidables como "No es por mala suerte", "Canción para una mujer (que no está) o "Presente", cuenta con el single debut: "Azúcar amarga" y "Quiero ser".

La cosa se pone pesada

Ahora damos un pequeño salto (tres o cuatro años, apenas). Si bien la realidad del rock sigue pasando por los costados de la sociedad, ésta se pone más violenta, con una realidad en la que la guerrilla deja huellas imborrables y donde la juventud es culpable de antemano.
Así, en ese ambiente, el rock, por un lado, se pone más duro y, por el otro, comienza a inventarse un lenguaje que sólo la tribu puede decodificar.
Después de abandonar Manal, Claudio Gabis anduvo por Brasil y, a su regreso a Buenos Aires, después de tocar con algunos cultores del jazz moderno, da a conocer "Claudio Gabis y La Pesada", una combinación entre un solista y una de las bandas con mayor peso histórico de esos tiempos, con Alejandro Medina, Pinchevsky, Isa Portugheis y Billy Bond, con temas como "Blues del terror" y "Boogie de Claudio".
Poco tiempo después (y tras una nueva estadía en Brasil), Gabis volvió más místico, algo que se trasluce en el primer álbum que lleva sólo su nombre. Más rock y blues pero ahora con posibilidades un poco más acústicas. El sueño pre new age se nota, por ejemplo, en "Blues de la tierra supernova", pero la propuesta rockera sigue con "Esto se acaba aquí", "Bajando a Buenos Aires" o el clásico "Blues de un domingo lluvioso".
También en ese tiempo daba señales de buena salud uno de los desprendimientos de Almendra, Aquellarre, con su álbum clave, "Brumas" (1973) y, dos años más tarde, "Siesta" (1975). Dos trabajos de esta banda que era para no perderse en vivo, con "Silencio marginal", "Parte del día" o "Violencia en el parque", todos de "Brumas", que retrataban una realidad violenta a través de imágenes. "Siesta", en cambio, es más lírico, con "Pájaro de la locura", "Canto cetrino" y "El hombre cercano".
Otro salto en la historia y nos introducimos en la última dictadura militar. Sui Generis había dicho adión y Charly García se formí una Máquina de Hacer Pájaros cuando la muerte era una cosa demasiado cotidiana. Con los dos trabajos incluidos en un solo CD, el que lleva el nombre de la banda (1976) y "Películas" (1977), Charly no para de dar contraseñas a los jóvenes. No todo está bien, y vale recordar "Bubulina", "Cómo mata el viento norte", "Por probar el vino y el agua salada", "NBo te dejes desanimar", "Qué se puede hacer salvo ver películas" o "Ruta perdedora".

A soltar los pájaros

Otro salto y llegamos a la agonía de esa sangrienta dictadura. Las heridas tratan de curarse con música. Y Emilio del Guercio aparece, en una etapa muy politizada, con "Pintada". Uno de los discos más recordables de ese momento y que, inexplicablemente, recién hoy (catorce años después de su edición), vuelve a ver la luz, con sutilezas varias en "Trabajo de pintor", "Aroma del lugar" y "Verano español", entre otros imperdibles.
Edelmiro Molinari, el ex Color Humano, también vuelve con otra banda poderosa, La Galletita, que cuenta entre sus filas con Skay Bailinson, el guitarrista de los Redondos, que ya en esos tiempos, sin disco, ya estaban dándole forma al mito.
Cada uno de los álbumes fue reeditado con su tapa original y, en algunos casos, con mayor cantidad de datos que sirven, para el iniciado, conocer un poco más y, para el veterano, recordar otros tiempos. Tiempos que no fueron los mejores.
por Daniel Amiano

El Acusticazo, un precedente del unplugged

Los festivales masivos, coletazos locales del mítico Woodstock, ya habían tomado forma con festivales al estilo de B.A.Rock, pero además había otra tendencia, la de fusionar el rock con nuestra música folklórica, que, desde los tiempos de Arco Iris, venía tomando mayor fuerza. Así, el 16 de junio de 1972 toma forma un antecedente indiscutido de lo que hoy llamamos unplugged: el Acusticazo.
Y el álbum, que lleva el nombre del concierto, vuelve en CD (reeditado por Trova) con la tapa original (el cuerpo femenino hecho guitarra, o al revés), la inocencia y la rebeldía de aquellos años en la voz de Litto Nebbia, León Guieco, Raúl Porchetto, David Lebón, Gabriela, Molinari, Miguel y Eugenio, el olvidado Carlos Daniel, Miguel Krochik y, como invitado especial, Domingo Cura, resistido en su momento por las huestes rockeras por provenir de otro sector poco transigente, el folklore.
Desde la presentación del espectáculo, a cargo de Lebón y Molinari, hasta el cierre con "Hombres de hierro", estrenado por Gieco en esa ocasión, previa discusión con alguien del público, somos partícipes de distintos matices del rock, ya sea con la primera mujer del movimiento, Gabriela ("Abre el día" y "Rodando"), con la incursión entre folklórica y progresiva de Nebbia ("Vamos negro"), la cuota inocente de Miguel y Eugenio ("Cuando"), o la postura religiosa de Raúl Porchetto ("Cortar el viento").
El "Acusticazo" es un momento clave del rock que no olvidan sus protagonistas y que hoy tenemos la posibilidad de volver a descubrir sin dejar de lado las desprolijidades naturales de aquel concierto y el espíritu de secreto compartido que tan apasionadamente se refleja a lo largo del álbum.