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La batería de Black Amaya
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subir a el rock en argentina. 
Hoy, la batería de Black Amaya
Con más de treinta años de carrera, se presentará junto a Los Gardelitos
La actuación será a las 22 en Hangar
Dice que se siente satisfecho con lo que hace hoy
A lo largo de tres décadas, tocó en las agrupaciones de Pappo y de Spinetta, entre otras

Esta noche, a las 22, cuando el grupo Los Gardelitos suba al escenario de Hangar (Rivadavia al 11.000, Liniers) presentará algunos cambios recientes en su formación.
A Korneta
Suárez y su hijo Eli se sumaron Charly Campos en bajo y un histórico del rock en la batería, Black Amaya.
"Si me dicen eso suena a que soy muy viejo.
Ni prócer ni genio; un músico afortunado por sentirme cómodo con lo que hago y con lo que hice", asegura Black, a los 51 años, luego de uno de los rigurosos ensayos matutinos que realiza con la nueva formación.
Black comenzó a interesarse por la música a los 12 y empezó tomándole el gusto al sonido de las cacerolas de la cocina familiar.
Recién a los 17 llegó la preciada batería y, para entonces, encontró un aviso en el diario que pedía un integrante para el grupo Las Piedras, que lideraba Héctor Starc.
Tres años después pasó a las filas de Pappo´s Blues, grabó para los primeros discos del Carpo y se insertó en el mundillo rockero.
"Arranqué un poco más tarde que la gente de Los Gatos, Manal o Almendra.
Pero se me abrieron muchas puertas porque conocí a muchos de ellos.
Héctor Starc me llevó a la casa de Pappo, a La Cueva, me presentó a Moris y a Billy Bond", relata.
Pero llegó un momento en el que cambió el rol de "colado" para convertirse en colega de toda esta camada.
"Una vez, en la casa de Pappo, Spinetta me dijo que quería hacer una banda conmigo.
Al principio se iba a llamar Los Diaguitas, pero también tenía otro nombre que me resultaba más extraño y divertido, Pescado Rabioso."
Así fue ganando experiencia: "De la onda inglesa" de Las Piedras al blues de Pappo, y de allí a "lo más melódico y lírico" que tenía Spinetta.
"Todas las épocas me marcaron un poco -admite-.
Pappo es un violero que hace todo lo que vos querés que haga.
Creo que siempre me convocó porque entiendo su manera de tocar.
Soy un baterista básico, rítmico, que acompaña; me encanta hacerlo porque me gusta escuchar a los demás.
Con Spinetta aprendí mucho y tuve más participación en la composición.
Tengo siete u ocho temas escritos con él.
Pescado Rabioso me hizo creer un poco más que era músico profesional, a pesar de que tenía 23 años.
" La experiencia fue rica, pero breve.
Dejó el grupo, pasó a La Banda del Paraíso y en 1973 se fue a España.
"Salí paranoico en una época donde la calle estaba difícil.
Cerraban boliches, te interrumpían los recitales y te metían preso.
Me cansé, vendí la batería y me tomé el barco para saber qué pasaba conmigo."
Durante cinco años pasó por diferentes oficios; anduvo por Valencia, Ibiza (donde tocó con La Cofradía de la Flor Solar) y recorrió algunos países de Europa hasta que decidió emprender el regreso.
Pero los ochenta no fueron los mejores años.
"Todos estaban haciendo otra música y yo salí a tocar rock and roll y blues.
Hice bandas propias, aunque me daba vergüenza poner mi nombre.
Pasé un período bastante malo hasta que levanté cabeza en el ´90".
Desde entonces trabajó junto a grupos como las Blacanblus; en proyectos propios, como Robertones, y compartió escenarios y grabaciones con Charly García, Deacon Jones, Miguel Botafogo y Juanse, entre otros, hasta llegar a Los Gardelitos, una banda de la actualidad rockera con buena convocatoria de público.
"Bruno (el baterista), que era alumno mío, se tomó un descanso y me recomendó para el grupo.
Además, a Korneta lo conozco desde hace unos 15 años.
¿Y sabés lo que me gusta? Que bandas como Gardelitos, La Renga o Los Piojos son más reales en sus letras.
No se hicieron conocidos por la prensa, sino por el boca a boca.
La gente los quiere.
Son músicos de barrio que tocan para el barrio.
Y ya que no canto ni escribo, pensé que podía participar de un movimiento así.
Hay músicos de mi generación que no entran con el público joven.
Claro, yo también tuve 20 años, y entonces aparecieron Spinetta, Nebbia, Moris o Tanguito, los que la gente quería.
Pero ahora no están escribiéndoles a los jóvenes, a la realidad.
Y a mí, a los 51, me hace bien tocar frente a 500 pibes."
Pero el inicio sigue marcado en su vida.
Con Pappo conserva códigos y chistes de juventud, y una promesa que hicieron durante una gira.
"Cuando lleguemos a los 60 vamos a tocar blues como en los comienzos, pero vestidos de smoking, en un pub con entradas caras.
Hace poco estuve en su casa y me mostró una guitarra Les Paul que tiene reservada para ese momento", dice con cierta nostalgia.

por Mauro Apicella