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La leyenda de Tanguito
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subir a el rock en argentina. 
Hace veinte años, Pipo Lernoud escribía en Expreso Imaginario (célebre publicación de la cultura rock) una extensa nota sobre José Alberto Iglesias, más conocido como Tanguito, con el fin de "desmitificar" su figura y devolverla a una situación más terrena.
En fin, ubicar su vida y su obra en el contexto histórico en el que se movió en aquellos años sesenta, cuando el movimiento rockero local tomaba forma.
De todas formas, hubo muchos que no leyeron aquella nota; tanto que se llegó a hacer una película.
Lo llamaron Tanguito sus compañeros del grupo Los Dukes en 1963, no por su afinidad con la música ciudadana sino porque, al parecer, bailaba muy bien el rock and roll.
También se hizo llamar
Ramsés VII, "me pusieron así porque dicen que uso mucho la séptima en la guitarra", y porque no quería firmar con su nombre verdadero o el apodo de Tango.
Personaje extravagante, aventurero y generador de las más insólitas anécdotas (verdaderas o no), Tanguito es el primer mito del rock nacional: murió joven (el 19 de mayo de 1972, a los 26 años) y dejó una obra verdaderamente inconclusa (un simple y un grupo de canciones que grabó con algo de desgano en los estudios TNT)
Pero, sobre todo, es el coautor, junto con Litto Nebbia, de "La balsa", el tema fundacional de nuestro rock, grabado por Los Gatos.
Cuenta la leyenda que fue compuesto en el baño del bar "La Perla", de Once: mientras Tanguito cantaba los primeros versos, entró Nebbia y continuó la canción.
Así se hacían las cosas en aquellos tiempos en esa especie de cofradía que se había formado en La Cueva, de Pueyrredón, en la que participaban, entre muchos otros, Javier Martínez, Moris, Pajarito Zaguri, Lernoud y Miguel Abuelo.
Treinta años después de su muerte, el mito de Tanguito no se derrumbó.
Quedan algunas de sus canciones: además de "La balsa", "Amor de primavera" (hermosamente versionada por Spinetta) y "La princesa dorada" (con letra de Lernoud), pero sobre todo quedan anécdotas, historias, incluso situaciones con ciertos toques de humor, como cuando prometió un happening y apareció con una media de mujer en la cabeza, un cartel en la espalda que decía "ciudadano, tenga fe" y un balde atado a un pie con un piolín.
Fue abucheado, claro, y al otro día llevó una frazada, una almohada y se acostó.
Tanguito terminó en el Borda.
Después de atravesar esos años en los que vestir en forma extravagante y llevar cabellos largos era la mejor excusa para terminar encerrado varios días en un calabozo; después de ver cómo sus compañeros nocturnos empezaban a concretar sus proyectos (Manal, Moris, Los Abuelos de la Nada); después de dejar una historia para cada uno,
Tanguito se escapó del hospital psiquiátrico para regresar a la casa de su madre, en Caseros.
Nunca llegó.
Al parecer, se cayó del tren.
Nunca se pudo saber qué pasó.
Como con su vida. Todavía es ese personaje increíble que sobrevoló Buenos Aires.
Intensamente...

Por Daniel Amiano