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Los fundamentales
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subir a el rock en argentina. 
Hoy: Almendra
por Claudio Kleiman

El verano de 1969-70 sería imprescindible (o más bien, fundacional) para lo que luego daría en llamarse rock nacional, con la aparición de dos LP claves: Almendra y Manal, marcaban no sólo el debut discográfico de los grupos homónimos, sino el inicio de toda una nueva etapa en la música popular argentina.
También testimoniaban un pico de inspiración creativa raramente alcanzado desde entonces; tal es así que, a casi tres décadas de su aparición, Almendra suele ser consagrado en las encuestas como mejor álbum de
rock nacional.
Si bien el rock en castellano se había iniciado con Los Beatniks y popularizado con Los Gatos, tanto Almendra como Manal (que encarnaban un poco a nivel local la dicotomía Beatles-Rolling Stones), llevaban la cosa un paso más allá con un nivel inédito de ambición poética y musical, claramente representativa del movimiento de música progresiva que poco antes había tenido su primera manifestación masiva con la realización del Festival Pinap, que convocó más de 12.000 personas.
Ya desde la tapa -un extraño payaso cuyo rostro era surcado por una lágrima, dibujado por Luis Alberto Spinetta-, Almendra anunciaba un despliegue de originalidad sin precedente.
El desprejuicio, la apertura mental y la variedad estilística que caracterizaba a los Beatles -la gran fuente de inspiración en ese entonces-, era adoptado en su esencia y no en su exterioridad formal.
El grupo integrado por Spinetta en guitarra y voz, Emilio Del Guercio en bajo y voz, Edelmiro Molinari en primera guitarra y Rodolfo García en batería y percusión, en lugar de realizar una adaptación más o menos fiel de la música del cuarteto de Liverpool (lo que fue una característica del movimiento beat), tomaba el ejemplo de sus ídolos para disparar la propia creatividad en múltiples direcciones.
Eso significaba incorporar una multitud de influencias que andaban dando vueltas cuando aún resonaban los ecos del verano del amor del 67 y el Mayo Francés del 68: la poesía de los surrealistas franceses, el jazz, la bossa nova, el nuevo tango encabezado por Piazzolla, las improvisaciones free-form de la psicodelia y su ácida imaginería, todo se conjugaba para conformar un ciclo de nueve canciones tan redondo y perfecto que prácticamente cada una de ellas ha pasado a convertirse en un clásico.
Empezando por ese monumental poema llamado Muchacha (ojos de papel) y culminando con Laura va, cuyo expresivo lirismo se ve realzado por un arreglo entre urbano y vanguardista a cargo de Rodolfo Alchourrón, que emerge como una especie de George Martin porteño.
Estos temas operan como una especie de apoyalibros sobre el cual descansan canciones que expresan la angustia de la vida en las ciudades a través una poesía cargada de metáforas: la tristeza de los habitantes urbanos en A estos hombres tristes, el drama de los chicos de la calle en Plegaria para un niño dormido, la alienación de un internado en un hospicio en Fermín.
Frente a esto, tenemos la búsqueda del color, la luz, los lúdicos juegos de la infancia en Ana no duerme y Color humano, o las imágenes de inspirado surrealismo de Figuración y Que el viento borró tus manos.
El álbum marcaba también la aparición de un cantante y compositor único, con un lenguaje plenamente formado, algo doblemente asombroso cuando tenemos en cuenta que Luis Alberto Spinetta -que por supuesto, de él se trata- tenía sólo 19 años al momento de la grabación.
Sus compañeros andaban por la misma edad, y eran mucho más que simples acompañantes: Edelmiro, Rodolfo y Emilio aportaban arreglos y toques imaginativos, cantaban, componían y tocaban varios instrumentos, creando un clima de verdadero encantamiento que aún hoy sorprende por su libertad y frescura.
La reedición en CD de Almendra completa acertadamente una retrospectiva sobre la primera etapa del grupo, con la inclusión de algunos temas originalmente aparecidos en simples.
Tema de Pototo y Hoy todo el hielo en la ciudad (una fábula que aludía a la dictadura de Onganía) son bellísimas canciones que muestran la madurez que había alcanzado este grupo integrado por chicos de sólo 18 años.
Final, con sus logradas armonías vocales, exhibe su faceta más Beatle, mientras que Hermano perro muestra un sonido rockero y una lírica más dura, demostrativa de los cambios que se aproximaban con el inicio de una nueva década.