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Spinetta y los Socios: Muchacho ojos de CD
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Tras un largo retraso por fin se editará, a fin de mes, "Spinetta y los Socios del Desierto", el álbum doble del Flaco que La Nación adelanta, tema por tema, en forma exclusiva

Corrió mucha arena bajo los puentes. Desde "Pelusón of milk" (1991, el último trabajo formal en estudios) y "Fuego gris" (1993, guión-banda sonora del film de Pablo César), Luis Alberto Spinetta dio pocas señales de vida.
Algunos
movimientos, contadísimas entrevistas y un aparente desinterés por la producción musical.
Se borró por algún tiempo.
Se autoexcluyó.
Dijo que no quería dar entrevistas porque no tenía nada que decir en un momento en el que todos hablaban y el rock parecía coquetear demasiado con el jet set, como en otro tiempo lo hizo la bailanta.
Por un lado, se entendía (y se entiende) que el Flaco no abra la boca cuando en todos lados hay mucho ruido y pocas nueces.
Pero también es cierto que su trabajo es necesario en este tiempo que le pertenece y nos pertenece. Los creadores como él (y en este rincón del mundo sobran las manos para contarlos) pueden darnos, desde su obra, dimensiones reales. Otras medidas.
Y por fin sucedió.
Fue la convocatoria al Velódromo en el verano del ´95.
Un trío de rock and roll... así de crudo.
Con un manojo de palabras nuevas y clásicos como "Superchería" y "Los libros de la buena memoria" como para hacer lagrimear al rockero mejor estructurado.
Mucha energía para satisfacer la ansiedad arrolladora de una multitud que llegó hasta uno de los lugares de más incómodo acceso de Buenos Aires.
Todo bien.
Lo vimos al Flaco.
Ahora queremos más... pero ¿cuándo?

El año clave es 1995.
Todos sabemos que está de regreso, o al menos ya se subió a ese camino.
No vendría nada mal un disco de Spinetta.
Saber por dónde anda nuestro corazón y hasta qué punto podemos sorprendernos.
Vemos MTV, escuchamos radio y nos dejamos inundar por nuevos nombres, pero en ningún caso llenan ese lugar ganado a fuerza de gestos creativos.
Ocupa, al igual que Charly García, ese lugar intransferible que casi nunca pasa por el top ten.

Octubre de 1995.
El Flaco dice: "Ahora, por un tiempo, vuelvo a estar de moda".
Y, poco antes de sus conciertos en el Opera, Spinetta presenta a sus socios. "Yo les dije: muchachos, no sé si voy a salir a tocar... ustedes son los socios del desierto".
Y, sin camellos a la vista, Spinetta, Marcelo Torres y Daniel Wirtz alzaron sobre la arena un paraíso de rock and roll.
El escenario parece una sala de ensayo.
Un trío poderoso que para gustar no necesita més que su música.
Después de un año de ensayos, la banda sacó más de cuarenta temas.
Muy bien.
¿Cuéndo sale el disco?
Otra vez a esperar.
Si hay una virtud en los seguidores de Spinetta, es la paciencia.
Por lo menos, parte de la ansiedad se remedia con los conciertos, pero sería bueno llegar a casa y poner alguno de estos nuevos sonidos.
La noticia más optimista es "el disco sale en enero" (del ´96).
Después, se trasladó a marzo, y últimamente parecía que iba a aparecer para los Juegos Olímpicos del 2004.
Entre un milagro y otro, Spinetta sigue molesto con la industria discográfica.
Hasta le manda un fax a la prensa para que todos puedan conocer su descontento.
Tiene listo un álbum doble, con 37 temas, pero falta que alguien le ponga un moño.
El músico no tiene apuro.
Está bien acompañado por Carolina Peleritti y aparece en Gente a su lado y con un cartel (gracias por la ironía) que dice "lean libros".
Pero resulta que esta historia (la del álbum) tiene final feliz.
A fin de mes estará en las bateas el doble "Spinetta y Los Socios del Desierto" a través de Sony.
El 25, dará una conferencia de prensa donde, seguramente, comenzará otro capítulo.
Mientras tantos, tendremos con qué disfrutar.

por Daniel Amiano
La llegada al disco, o la eterna lucha
Cuando apareció "Fuego gris", Spinetta ya había decidido salir de la escena del rock.
Una actitud que, si bien no se apartó de su coherencia artística, generó un vacío que se profundizó aun más con el silencio "en vivo".
No quiere hablar.
No tiene nada que decir porque, según él, no está haciendo nada.
El concierto en el Velódromo en el verano del ´95 fue el primer guiño.
Un trío poderoso que emociona con temas nuevos y algunos clásicos que hacía tiempo no visitaba.
El Flaco se anima a echar un vistazo a su pasado.
Los conciertos de octubre en el Opera son la clave.
No hay disco, pero sí muchos temas nuevos.
Con sencillez, vuelve a cambiar las medidas del rock.
De todas formas, no puede (ni quiere) desprenderse de la grabación de su álbum.
Le dice a los sellos "Señores: No me constituiré en empresa ya que se contradice con mi filosofía de vida".
Finalmente, firma con Sony.
En pocos días, el doble de "Spinetta y Los Socios del Desierto" llegará a las bateas.
Spinetta satisface la sed de rock
Escuchar de antemano lo que se convirtió en una conversación obligada de los amantes del Flaco tiene su sabor;
La Nación o paladeó y lo comparte con sus lectores
Vamos a entrar al desierto de Luis Alberto Spinetta.
Un territorio que, más allá del desafío, tiene más de treinta razones por las cuales internarse.
Más de treinta tracks (algunos pasajes son sólo introducciones o distracciones musicales) que, como oasis, vienen a hacer justicia por los años de espera.
Prepárense...
Aquí comienza la travesía de uno de los álbumes más esperados de los últimos años y que verá la luz (muy cantada por cierto aquí) en pocos días a un precio reducido y con el sello de Sony, que ya tiene en su catálogo nada menos que a Pescado Rabioso e Invisible, con las pretensiones artísticas a las que el Flaco no quería renunciar.
CD I
"Cheques", el tema más promocionado de esta nueva etapa, tiene el puro sabor de rock and roll que Luis supo recuperar, como si exprimiera su historia y retornara a Pescado Rabioso con el formato de Invisible, donde se da el gusto de insinuar dos finales para un principio.
"El tiempo se desnuda en años", canta el Flaco en una típica melodía spinetteana, con un ritmo aparentemente intrincado donde el Tuerto Wirtz se hace notar bajo una melodía que crece naturalmente.
Aparecen los duendes, aquellos que supieron habitar "Pelusón of milk", pero con un áspero sonido de guitarra que vuelve al solo.
La cosa empezó fuerte. Para relajarnos, un pequeño entretenimiento musical.
Por algo será.
Un sonido de los ´90 para la guerra que marcó los ´90. "Bosnia" tiene pasta de clásico.
La crudeza de la guerra en la poesía y el sonido desgarrador del trío: una joya.
Después de la guerra, un poco de luz.
"¿Ves?, sólo es la luz sin freno", cuenta Spinetta en medio de arreglos donde por fin podemos escuchar a Marcelo Torres.
¿Quieren más rock and roll? Adelante. "Cuenta en el sol" es una buena excusa. A esta altura, el Tuerto es una piedra fundamental desde la precisión y la potencia.
"Ejemplo 4:6. (Un tono a la vez ascendente y descendente" )dice una voz española.
Luis habla de Diana.
Una canción de amor.
"Magnolia". Mucho ritmo, un funk a lo Spinetta.
Salimos al aire libre.
Un poco de sonido acústico para limpiar un poco el ambiente con el brillo de la luna.
Aceleramos el ritmo. "Trae la noche" es otro de esos temas que se nos hace sangre.
"Tony". Un homenaje a un amigo.
Una canción que desgarra desde la luz.
En fin, un Spinetta auténtico.
El ritmo es intrincado. El Tuerto la gasta, y "La luz te fue".
Otra canción.
Otro momento.
Estamos acostumbrados a los conciertos, así que extrañamos que en medio de los temas aparezca "despiértate nena".
Para variar, un blues.
Vuelven a aparecer las seis cuerdas bajas de Torres para "Sueño de hoy".
"Ejemplo 4:10, un fragmento musical".
Pura insinuación. Una zapada-relax.
"La orilla infinita" nos llega como un eco.
Como "un amor sin después".
Es el fin del primer CD.
Es necesario tomar un respiro.
CD II
Antes extrañábamos "Despiértate nena".
El segundo álbum abre con "Nasty People".
Es cierto, el idioma del rock es el inglés.
Empezamos la segunda etapa con buen ánimo.
Refresquémonos con un poco de pop.
"Cada vez que estás aquí" se nos queda incorporado.
Lo llevamos puesto.
Otro momento intimista y una letra surrealista.
Esos momentos poéticos que, si bien no son fáciles, tienen de esas fraces que nos quedan dando vueltas en la cabeza:
"Lluvia temprana, desguasada entre las mantas de la tierra".
"Espejo en una sombra".
El Flaco canta como si a veces estuviese a punto de quedarse sin aire.
Después de tanto silencio, quiere decir todo junto.
Por eso hay tantos momentos distintos.
Toda una prueba; haberlo visto varias veces en vivo tiene sus ventajas.
Muchos de los temas ya los tenemos, aunque vistos desde lejos.
Otros no, y ahí se complica un poco más.
Es un álbum extenso, y, se sabe, hay que prestar atención a lo que se dice y a lo que se hace, y una sola oída no basta.
Es inútil darle sólo una pasada y definirlo.
Otra vez el dinero, el vil metal, se cuela en sus preocupaciones.
¿Una muestra de coherencia?
La guitarra se ensucia un poco.
Muy en lo profundo.
Todo sucede en un ambiente extraño.
Hay un toque pop, pero disimulado por un trío que se dedica al rock y se permite algún riff que corte tanta cadencia.
¿Alguien extrañaba las melodías estilo Jade?
Aquí tienen una, liviana como el aire y con las trabas lingüísticas que tanto disfruta su autor.
Una interrumpción burlona.
De esas que el Flaco hace hasta cuando habla, para quitar un poco de solemnidad al acto.
Enseguida vuelve la banda con un instrumental donde el Flaco vuelve al vicio y pela un solo a lo él.
No es un virtuoso, lo sabemos, pero son "sus" dedos. ¿Un homenaje Vaughan?
Nirvana se permitió recuperar la crudeza de Led Zeppelin.
Los Socios del Desierto se dan el gusto de escuchar a Pescado y reinventarlo para los noventa.
"Te fue la luz" es lo más fuerte del álbum.
Para ser bien actuales, en lenguaje rockero se lo definiría como un tema "reventado".
Después de las explosiones, como en un film, llegan imágenes para calmar un poco la excitación.
El pop es bueno para eso.
Nos relajamos.
"Ejemplo 2:3, cadencias expandidas".
Otra vez el español interrumpe para dar vía libre a otro pasaje, nuevamente rockero.
Un solo de guitarra que nos deja con ganas de más.
Otra canción.
Una historia poética y personal sobre la que hay que insistir para porder incorporar.
Una nueva distracción.
Esta vez vocal, interrumpida.
"Como el sol y la afeitadora eléctrica".
Escritura automática y ese ambiente jazzero que tanto conoce Luis.
Otro viaje hacia la luz. "Una palabra y un temor. Hay un amor que no regresa a tus ojos. Las aves parten y al pasar no comprendemos cómo anulan el viento".
"Ejemplo 4:2, la ilusión de escala".
A distorionar libremente mientras Wirtz le da duro a los parches.
Final sin orquesta.
La historia continuará.
Así se nos va un capítulo importante de nuestra relación musical con el vate.
Paul Bowles recomendó alguna vez que, aunque sea una vez en la vida, habría que experimentar la soledad del desierto.
Spinetta sabe cómo calmar nuestra sed.

por Daniel Amiano