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Para que retrocedan las sombras
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subir a el rock en argentina. 
Aparece mañana "Para los árboles" un homenaje a las calladas verdades y bellezas de la Naturaleza.
Sin rastros del dolor, el Flaco entona canciones que se abren para sonar ventiladas y luminosas.
Pablo Schanton.
Cuando hay mucho sol en verano, la luz ametralla los árboles y, en las copas, tanto resplandor atomiza una ceguera moscatel.
Es lo que parece, porque explosión, lo que se dice explosión, no hay: "sólo estallan las hojas al brillar".
Cisne, el track 2 del último álbum de Luis
Alberto Spinetta
, se ciñe a describir imágenes naturales como ésta.
A fondo.
Hasta que no (le) queden palabras.
Del árbol resplandeciente pasa al cisne: una mancha espectral, como un "halo lunar", sobre el agua.
"Y ya no hay nada que decir así refleja el cisne así el agua en sus alas".
Este estribillo se repite cinco veces, como formando anillos concéntricos donde sobresale el sonido sibilante de una ese que hipnotiza.
Al final, una prístina voz femenina (Grace Cosceri, coach personal del Flaco) deshuesa la melodía de palabras.
Tararea y todo desemboca en la grabación de un graznido a cargo del Mono Fontana.
La canción, de lo más trascendente que haya escrito estos años, habla de "la condición de sentir casi todo sin decir".
Como si cambiara radicalmente la alegoría surrealista por la visión zen ("una visión atraviesa mi cuerpo y ya no hay nada que decir", entona), el Spinetta 03 se enfrenta al ensimismamiento emplumado del cisne como ante una revelación que se explica a sí misma, que no puede decirse, que se autorrefleja en su iluminación.
El sólo puede repetir la palabra "así" en el límite de lo descriptible.
Por eso, el disco se llama "Para los árboles": se trata de un homenaje a las calladas verdades y bellezas de la naturaleza más allá de la mirada humana.
La dedicatoria de este disco redime aquella otra que venía en el librito de Los Ojos (1999): "Para mi amor Carolina (Peleritti)".
En aquella obra, se oía un Luis de tono mohíno, siempre al borde de la súplica, el bolero y el lamento, que cantaba "Será que todo es tan absurdo si te vas".
En Silver Sorgo (2001), todavía un disco empantanado en la bruma de un amor inolvidable, La verdad de las grullas parecía ponerle punto final a tanta inercia afectiva porque "nada es imposible sin tu amor".
Tras ese exorcismo y un álbum en vivo de íntima y fluorescente psicodelia como fue Obras en vivo (2002), llega Para los árboles, un renacimiento donde las canciones se abren para sonar más ventiladas y luminosas.
Con qué cadencia balsámica Luis canta "Por fin" en Cisne y cómo sonríe y contagia luz su "Al fin soy feliz" en Vidamí.
Ahora sentir es mejor que comprender ("No sirve mirar sólo sentir las estrellas y saber que se mueven").
Nuevamente, los niños sirven de modelo a la hora de habitar el mundo.
"Niño precioso que no entiende nada más ya cuando apareces todo es diáfano escóndeme antes de que mire el mundo yo sé que acaso entiendes el lenguaje del cielo.", reza una nueva plegaria.
Ciénaga dorada y Néctar son reflexiones sobre el comienzo y el fin del amor respectivamente.
La primera es una fábula estilo Resumen porteño (83) donde se dramatiza el flechazo del enamoramiento.
Néctar refracta un viejo verso de No me alcanza (99) para ratificar su liberación del pasado ("¿cómo podía yo pensar en fijar mi vida en un punto atrás?").
En Para los árboles, no sólo reconocemos a un Spinetta cuya caligrafía melódica y cuya puntuación de interjecciones fluyen cada vez mejor sobre las armonías de jazz inauguradas en A 18' del sol (77) y sobre los riffs funk perfeccionados con Jade.
También nos sorprende con un bizarro blues a base de baguala electrónica (genial: ¡el Flaco programa hoy las percusiones como pensando en un bombo legüero!) y trunco solo de viola sintetizada como Miro tu amor.
Para más, Agua de la miseria recupera el pop de Privé.
En plan Para ir Umbral, cierra el disco Tu cuerpo mediodía, a voz y guitarra distorsionada, como un telón de soledad adonde asoma un viejo amor, a la vez reencarnado en cicatriz y amuleto.

Fin para su disco más vital post—Socios del Desierto.

Para los árboles: Luis Alberto Spinetta - Universal
Músicos: Claudio Cardone, Javier Malosetti, Mono Fontana, Rafa Arcaute, Nico Cota, Daniel Wirtz, Valentino Spinetta, Grace Coscieri.

( Diario Clarín - Julio 2003 )
por Pablo Schanton