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Poética en el rock - El tango de la vida
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El tango de la vida
(por Oscar Conde - Licenciado en Letras)

Lunfardeadas.
Por décadas —ni siquiera Borges permaneció al margen del error— el lunfardo fue considerado como surgido del mundo de la delincuencia, en lugar de entendérselo como lo que es en realidad: un modo de expresión popular, un vocabulario —un conjunto de palabras y expresiones— usado por el hablante del Río de la Plata en oposición a la lengua general, es decir, al léxico del español corriente.
Los géneros de la canción popular —fundamentalmente el tango y el rock nativo, y ahora también la bailanta y sus subgéneros— contribuyeron de modo decisivo a la expansión del lunfardo en forma transversal, difundiéndolo en todas las capas sociales.
Es sabido que una
palabra solamente nace cuando el hablante no tiene otra mejor para expresar lo que quiere decir, y las voces lunfardas no escapan a esta ley.
El tango primero y el rock después supieron encarnar e interpretar la mirada que sobre la vida y el mundo, cualquier porteño puede tener.
Y con frecuencia esta cosmovisión tuvo que servirse del lunfardo.
Francisco Marino escribe en el final de El ciruja: "Hoy ya libre e la gayola y sin la mina, campaneando un cacho ''e sol en la vedera", porque mejor no puede describirse la ociosa desolación de un hombre que mató por amor.
Discépolo ladra en Yira...yira...: "cuando rajés los tamangos buscando ese mango, que te haga morfar", porque no se agujerean los zapatos, si se sale a conseguir dinero para comer.
Sólo es posible rajar los tamangos, cuando lo que se busca es el mango para morfar.
No hay mejor manera de pintar el cuadro decadente de una disco porteña de los '80 que como lo hizo Luca Prodan: "Caras conchetas, miradas berretas y hombres encajados en Fiorucci".
Manzi, Le Pera o Spinetta casi siempre prescindieron del lunfardo.
Eso no los desmerece poéticamente.
Pero algunas letras de Divididos no son indignas sucesoras de Margot o Muñeca brava.

El tango de la vida - Clarín Abril 2001 )