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Retrato de Spinetta: Esa voz y esa guitarra
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Esa voz y esa guitarra - Retrato de Luis Alberto Spinetta

Premios Clarín Espectáculos - Retrato de Luis Alberto Spinetta
Fue elegido como figura del rock argentino.
En 2002, tocó en el teatro Colón.
Aquí un repaso por su carrera y singular poética.
por Pablo Schanton.

- Luis, ¡cantá Muchacha!".
Por supuesto, Spinetta hizo caso omiso del pedido en pleno Teatro Colón, justo en medio de uno de los shows más consagratorios de su carrera.
El grito llegó desde la reverberación de tan
solemne recinto cuando serían como las 7 de la tarde de un lunes, exactamente el 26 de Agosto de 2002.
Horario bizarro si los hubo.
El pedido, que podría pasar por cliché de fan, sonaba sin embargo desgarrado.
A pesar de lo cansado que esté el John Lennon criollo de su hit primigenio (la compuso cuando todavía era un teenager), esa canción de Almendra quedó instalada en el inconsciente colectivo del rock nacional.
Por más razones de las que parecen.
Por empezar, muchos de los que éramos aún niñitos recién iniciados los '70, absorbíamos algunos versos de Muchacha ojos de papel por ósmosis televisiva: la canción ilustraba la publicidad de telas Estexa.
En aquellos años de los primeros pantalones patas de elefante, unas chicas iban de aquí para allá en un fashion tristón de TV blanco y negro.
Y alguna tela citaban los versos: tocar la piel de la muchacha equivalía a sentir la textura sintética del rayón.
La canción era surrealismo puro a ritmo beat, en pequeñas dosis de homeopatía catódica.
La versión pop de uno de los poemas fundacionales del surrealismo francés, Unión Libre, donde André Breton encontraba una metáfora para cada sector anatómico de su mujer (comparaba su cintura con la de "una nutria entre los dientes de un tigre", por ejemplo)
En 1987, el Flaco escribió para el Suplemento Sí una especie de explicación casi psicoanalítica de la letra de Muchacha intitulada (a no asustarse) "Desintegración abstracta de la defoliación".
"Lo real, corroborado, deja paso al lenguaje irreal que proyecta ilimitadamente los símbolos", se leía ahí.
Con la que aparentaba ser una mera canción de amor radiable y todo, un Luis adolescente abría un caleidoscopio de sensaciones acorde a la psicodelia del moemnto para la canción popular argentina.
Junto con Diana Divaga (Los Abuelos de la Nada) y La Balsa de Los Gatos, Muchacha instaura los primeros manifiestos estéticos e ideológicos del rock argentino a favor de la imaginación al poder.
Una fuga de la realidad en forma de metáforas que tendrá su desarrollo bíblico en una revista no por nada bautizada "Expreso Imaginario".
Una militancia por los derechos rockeros a expandir la percepción de la realidad cotidiana que, en Spinetta, alcanzará alegorías tan personales como metafísicas consideradas "herméticas" por muchos (duraznos que sangran, vientos que venden rifas, ojos que miran el magma)
Insistamos con aquel primer hit que no sonó en Colón por más solicitado que haya sido.
Es que en Muchacha ya se insinúan otros ADN de la canción spinettiana, la que irá progresando a medida que se apoderen de ella las armonías complejas del jazz y pasen por entre su carrera solista bandas inolvidables como Pescado Rabioso (72 al 73), Invisible (74 al 76), Spinetta Jade (80 al 84) y Los Socios del Desierto (97 al 98)
La cadencia melódica de Spinetta suele estar marcada por la melancolía del ruego dedicado a la mujer amada.
Compruébenelo desde el "Quedate hasta el alba" hasta el "Ayúdame" de la reciente Perdido en ti, pasando por el bajón de Credulidad (73)
Siempre hay una mujer que despertar, o que ayuda a despertar, a ver el mundo de otra manera.
Spinetta, como Héctor Oesterheld o Leonardo Favio, enfocó siempre la realidad porteña desde otro lado (los sueños, la mirada infantil, la locura, la ciencia ficción) sin perder la ternura de las referencias más entrañables (El anillo del Capitán Beto, 76)
Fue surrealista hasta cuando le tocó cantar sobre una desaparecida (Maribel se durmió, 83)
En su último álbum, la grabación live Obras en Vivo, un Luis Alberto ya entrado en los 50, revive clásicos y no tanto con una contumacia psicodélica única: oigan la guitarra tremolada de No te busques ya en el umbral, la onírica No ves que ya no somos chiquitos, cómo el final de Al ver, Verás se funde con su último estreno de nombre Sagrado Tesoro entre pajaritos y el riff de la beatle Here comes the sun.
Ok, no está Muchacha.
Tampoco figuraba en la lista de temas de su recital de cámara en el Colón ni en la de los posteriores shows "Electroacustik" del Coliseo.
No hacía falta.
Hoy, ya año 2003, este artista argentino que suele componer canciones podrá dejarnos temblando con el temblor de su voz a mano de cualquier melodía.
Lo suyo es un microcosmos de metáforas más un tono de plegaria por un mundo mejor que ya forma parte de la educación sentimental de muchos, pero muchos, de nosotros.

por Pablo Schanton.