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Rock y tango
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Rock y tango

Desde hace algún tiempo los músicos de rock comenzaron a experimentar con el tango en sus distintas formas.
Muchos de ellos incorporaron a su repertorio las canciones ciudadanas más clásicas y otros directamente se decidieron a componer. Horacio Fontova, Palo Pandolfo, Claudia Puyó, Fito Páez, Andrés Calamaro, Daniel Melingo, Miguel Cantilo, Moris, Los Pericos, Muñecas Bravas son algunos de los representantes de este nuevo fenómeno que promete renovar la música de Buenos Aires Desde 1969, cuando Pedro y Pablo decidieron incorporar un bandoneón, por sugerencia de su productor Francis Smi-th, en "Yo vivo en una ciudad", el tango y el rock convivieron de distintas maneras a lo largo de estas casi tres décadas.
El barrio, el asfalto, la humedad y la fibra porteña de ciertas melodías provocaron matrimonios fugaces entre dos músicas tan distintas entre sí, que hasta aún hoy se miran de reojo.
El tango con sus giros armónicos e idiomáticos sigue respetando sus tradiciones impuestas desde principio de siglo.
Astor Piazzolla, tal vez el más revolucionario de todos, se animó a enfrentar el conservadorismo y logró crear un estilo dentro del mismo tango, pero le costó ser reconocido.
Por su parte el rock nacional, hipnotizado por la cultura anglosajona, optó por copiar otros sonidos sin darse cuenta que a la vuelta de la esquina, existían melodías con sabor a tango volando en el aire.
Tal vez sea consecuencia de una moda, o por un acercamiento sincero, o por una cuestión de edad (por aquello de que al tango se lo empieza a entender a los 40), desde hace algunos años, varios músicos de rock decidieron incursionar en el dos por cuatro respetando sus cortes, sus quebradas y dejando de lado de ciertas parodias musicales que con formato de disco se plasmaron en el Heavy-Tango de Nacha Guevara.

Grandes valores del rock
Fito Páez, Andrés Calamaro, Horacio Fontova, Claudia Puyó, Palo Pandolfo, Los Pericos, Pipo Cipolatti, Daniel Melingo, Fabiana Cantilo Miguel Zavaleta, Divididos, Moris, Miguel Cantilo y Muñecas Bravas, son sólo algunos de los músicos que decididamente se volcaron a tocarlo, cantarlo y hasta grabarlo.
La razón es una sola: el tango es su segunda piel.
Aunque para los puristas del género, decir que algunos temas del rock nacional suenan a tango puede resultar demasiado arriesgado, con sólo recorrer algunas letras alcanza para comprobar esta teoría.
Cómo no decir que son tangueros "Avellaneda blues" de Javier Martínez, "El capitán Beto" de Luis Alberto Spinetta y el mencionado "Yo vivo en una ciudad" de Pedro y Pablo.
Y cómo no prestarle atención a los tangos hechos y derechos compuestos por los Divididos ("Volver ni a palos"), Los Visitantes ("Turbias golondrinas"), el inédito "Tanguito era Gardel" de Miguel Cantilo, "Loca Tuca de Dios" de Fito Páez y las versiones de Los Pericos de "Por una cabeza", de Moris con "Tomo y obligo" o las zapadas nocturas en el Roxy de Andrés Calamaro y Mariano Mores.
Ninguno de estos músicos sostiene que al tango lo descubrieron ahora y que por eso decidieron adoptarlo.
Porque como dice Horacio Fontova: "El tango es como un espíritu que siempre está ahí.
Y me encanta que se haya puesto de moda.
Creo que esto se debe a que se lo volvió a bailar y la ciudad se ha llenado de milongas.
En mi repertorio siempre tengo algún tanguito y me encanta tocarlos de la forma más tradicional posible.
Porque yo amo el tango reo, arrabalero con cuatro violas detrás del cantante".
El espíritu adulto de la música de Buenos Aires y el hecho de que durante mucho tiempo estuvo en manos de gente que se resiste a los cambios, provocó un quiebre entre las nuevas generaciones y el tango.
Es muy difícil que un veinteañero se siente a escuchar una orquesta tradicional por distintas razones que intenta explicar Miguel Cantilo: "Al tango uno lo empieza a reconocer a partir de haber quemado algunas etapas previas.
A los 20 te pega de una manera y a medida que va pasando el tiempo te va calando más hondo.
La razón es que el tango está escrito por gente con una profunda madurez.
Aún cuando hay tangos como «Mano a mano», que fue escrito por Celedonio Flores cuando tenía 17 años.
Yo me decidí a hacer tangos porque, básicamente, me cansé de la rítmica del rock.
Encontré un límite.
En estos momentos tengo una banda armada con mis hijos, con los que antes de fin de año voy a presentar mi CD Tanguito era Gardel".
Si Edmundo Rivero le cantaba a la ciudad diciendo: "Sur, paredón y después, sur una luz de almacén...", desde el rock y bajo la pluma de Javier Martínez se dijo: "Y los obreros fumando impacientes a su trabajo van, sur un trozo de este sito, barrio industrial...".
Dos formas de cantarle a una misma pasión, a pesar de que Martínez haya elegido el blues para componer "Avellaneda blues".
"Reconozco que mis letras son tangueras -afirma Martínez-, pero yo no cambio el caballo en el medio del río.
Me parece bárbaro que otros músicos de rock canten tango, pero yo pertenezco a otro género y hay que morirse en el de uno.
Sin embargo, tengo algunos compuestos, pero no los voy a cantar yo, prefiero que lo haga alguien que sepa verdaderamente hacerlo".
Como decía Miguel Cantilo, el tango puede pegarle a la gente de distinta manera de acuerdo con la edad que tenga.
Este es el caso de Palo Pandolfo que, con Los Visitantes profundizó su acercamiento al dos por cuatro.
Sin ir más lejos, en el último CD del Cuarteto Cedrón, el Tata le puso su voz a "Turbias golondrinas", compuesto por Roberto Palo Pandolfo.
"Es un sueño hecho realidad esto de estar como asociado con el Tata -dice Palo Pandolfo-.
Yo le canté en un programa de radio "Turbias golondrinas" y el chabón murió.
En ese momento no tenía muy clara su historia, pero parece que le toqué una fibra interna con un par de frases como "donde fueron escondidos los cuerpos de mis amigos"...
La aproximación al tango de Palo Pandolfo también es muy significativa y su historia está llena de magia y romanticismo.
"De chico me pegaba el tango Sur que lo cantaba en la primaria.
Después viví una historia de amor que se frustró mientras estudiaba canto.
La profesora que me enseñaba me pidió que comprara algunas partituras para seguir estudiando.
Me ponía a cantar tangos y me largaba a llorar.
Era un océano para olvidarme del dolor a mansalva".
En los recitales de Los Visitantes es habitual que los picos de mayor emotividad se vivan cuando la banda arranca con el valsesito criollo "Sangre" o con sus versiones de "Sur" y "La última curda".

En el nombre del padre
Distinto es el caso de Claudia Puyó que si bien dice no componer tangos, tiene uno dedicado a su padre: "Tengo el registro de escuchar a la música de Buenos Aires en mi casa y siempre recuerdo que le preguntaba a mi mamá como se tenían que cantar.
Así aprendí a hacer «Tomo y obligo», «Yira yira», «Malena» y «Los mareados" que canté para el programa de Daniel Melingo, "Malayunta".
Nunca lo había hecho en vivo y menos con músicos tangueros.
Tenía bastante miedo, pero no me resultó difícil porque yo soy medio tanguera y medio blusera".
Precisamente, uno de los más prolíficos compositores en materia de tango, es Daniel Melingo que dice tener alrededor de 60 temas compuestos. Multiinstrumentista, productor, compositor y ahora responsable artístico de "Malayunta"; el programa que se emite por la señal de cable Solo Tango, y por donde pasaron varios músicos de rock interpretando canciones de Buenos Aires.
Hoy, Melingo tiene un trío de tango con el que se presenta habitualmente en distintas milongas de Buenos Aires.
"La idea era hacer algo diferente y resultó maravilloso porque todos se animaron a hacer una versión remozada de los tangos más famosos.
Estoy muy orgulloso del resultado que logramos."
Melingo también cuentaque está por musicalizar cinco tangos de Enrique Cadícamo escritos entre 1920 y 1928.
Un desafío mayor sabiendo a quién pertenecen esas letras.
Los Pericos, por iniciativa de su cantante el Bahiano, registraron en su último disco el tema "Por una cabeza" y para lograrlo invitaron a Walter Ríos para que le diera, con su bandoneón, el toque tanguero.
"Queríamos darle algo diferente a la gente.
Se lo propuse a la banda y nos pusimos a experimentar.
Nos costó mucho ensamblarlo, pero logramos respetar la melodía y la letra dejando que la banda se expresara libremente.
Yo descubrí al tango bastante tarde y ahora con mi profesora me estoy dedicando un poco más.
Tuve la suerte de compartir el escenario de «Buenos Aires no duerme» con Atilio Stamponi y fue una experiencia bárbara."
La lista podría resultar interminable, pero no podemos dejar afuera te, a Fito Páez que participó del homenaje a Aníbal Troilo, cantó con Roberto Goyeneche, Rubén Juárez y Gandini y se trepó a varios escenarios para interpretar, entre otros temas, "Grisel"(junto a Luis Alberto Spinetta en "La, La La"), "Naranjo en flor" y "Sur"; Litto Nebbia con varios tangos en su haber y con el homenaje a Carlos Gardel y Lepera, en formato de disco.
O a Pipo Cippolatti, que grabó con Los Twist en su disco "El cinco en la espalda", el tangazo "Cigarrillos", con la participación de Néstor Fabián y el bandoneón de Walter Ríos.
Y las Muñecas Bravas, Claudia Levy (que viene de lo clásico) y Laura Casarino (cantante de Los Twist).

"Tango que me hiciste mal..."
Miguel Zavaletta, alejado momentáneamente del pop y del rock por decisión propia también se reconoce como un gran fanático de la música ciudadana.
El líder de Sueter, se confiesa admirador de Julio Sosa "se lleva todas las palmas", pero también le gustan Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche "de joven", Carlos Gardel y Mariano Mores "que es como el Charly García del tango".
"Hasta la guerra de Malvinas -afirma Zavaletta- todo lo que era argentino daba vergüenza y ahora cambiamos la mentalidad.
Sabemos que el tango representa un montón de gente horrible que se lo apropiaron y creo que hay que sacárselos de alguna manera.
Los pibes tienen que escucharlo y rescatar la cosa poética y no el escepticismo que cualquier cínico puede usar o escribir.
Es muy lindo que gente luminosa lo esté tomando nuevamente."
Este nuevo amor por el tango podría ser considerado por los ortodoxos como una moda pasajera.
Sin embargo, cada uno de estos músicos y los que están por venir están impregnados de "ciudad" y de un espíritu que lleva el nombre de Osvaldo Pugliese que, como un talismán de la suerte, es nombrado por los músicos de rock cada vez que algo sale mal en un concierto o en una grabación.
Basta con escuchar a León Gieco en "Los Salieri de Charly" para comprobar aquello de "siempre nombramos a Pugliese..."

Textos y producción Felipe León

Hermanos Mollo: "El tango no divide"
Omar Mollo tiene 46 años, siete más que Ricardo Mollo (líder del grupo Divididos), y los dos son la síntesis perfecta de esta historia que une al rock con el tango.
De movida nomás no hay que dejar de mencionar "Volver ni a palos", el tango de Mollo-Arnedo que incluyeron en su disco "Otro Le Travalanda" y la actuación Omar junto a su hermano en el programa "Malayunta" donde cantaron "Mano a mano" y "Nada".
"Aunque sonemos distinto -dice Omar Mollo-, apuntamos exactamente para el mismo lado.
Al tango lo sacamos de la intimidad para afuera porque está más aceptado.
¿Te acordás cuando tocábamos rocanrol? (dirigiéndose a Ricardo) y decíamos volver...
El tango antes no era aceptado.
Nosotros lo hicimos siempre.
Cuando lo invitaron a «Malayunta», Ricardo me llevó con él.
Y si hay algo que tengo que agradecerle, es que si hubiera sido por mí no habría llegado a ningún lado, por todo lo que pasó en mi vida.
El me está dando la fuerza y eso es lo que tengo que agradecerle."
Ricardo: El Dani Melingo le tiró una onda de grabar un disco, pero después desapareció y quedó todo en la nada.
El asunto es que sea cierto porque lo que hace Oscar es bueno de verdad.
Darle bola sería un hallazgo para el tango.
Sería una voz nueva entre tanta cosa conocida.
Excepto Adriana Varela no escuché a nadie con tanta polenta como la de mi hermano.
Me encantaría darle una mano, pero producir tango para mí es como chino básico.
- ¿Cuándo te empezaste a interesar por el tango?
Omar: Cuando tenía 18 años iba a la casa de un coleccionista de tangos que se llamaba Piraña.
Ahí se juntaban Pugliese, Goyeneche y Morán. Era un ambiente denso y así aprendí a cantarlo.
- Y en la casa de los Mollo, ¿qué se escuchaba?
Ricardo: Mi viejo siempre tenía le canción justa para definir una situación.
Omar: El viejo afinaba bien y tenía buen oído.
Ricardo: No le gustaba Goyeneche, cosa que nunca entendí.
Era un tipo muy laburador.
Y siempre cantaba un tango "rechiflate en el laburo...", era muy raro porque cantaba eso mientras trabajaba.
La letra era de un mono que se iba al puerto a tomar champagne... y mi viejo seguramente lo cantaba como una expresión de deseo.
-Omar, ¿cómo nace tu historia musical?
-En 1968 armé una banda con Dartagnan Sarmiento.
El tocaba los teclados, teníamos un baterista y un bajista.
La banda se llamaba Años Bisiestos, y ensayábamos en casa.
-¿Y Ricardo andaba revoloteando por ahí?
- Sí, por supuesto.
Cuando terminábamos, Ricardo venía y empezaba a tocar todo.
Lo que pasa es que él me tiene a mí de cuando yo tocaba en los cumpleaños y en las fiestas.
Empecé con el folklore hasta los doce.
Después, cuando dejamos Pergamino y nos vinimos a Buenos Aires, hice de todo.
-¿"Volver ni a palos" fue tu primera experiencia como compositor e intérprete de tangos?
- Sí, lo que pasa es que tocar tangos para mí es imposible.
No entiendo la lógica que tiene.
Omar: Lo que pasa es que nunca se puso.
Ricardo: No me sale.
Omar: La melodía la podría tocar, pero nunca le dio bola a la base.
Ricardo: Necesitás mucho swing para tocarlo y varias trasnochadas.
Quizá toda mi influencia venga de mi hermano.
Es culpa tuya.
Omar: Está tan agradecido que la culpa es mía.
Ricardo: Al contrario, me encantaría tener la culpa de eso. (Risas)

Las letras más tangueras de los músicos rockeros
No es ninguna novedad que todo tipo de música recibe influencias y que, a la vez, influye sobre otros géneros.
El tango no es la excepción en ese influjo.
Sus letras nostalgiosas y su ritmo cadencioso están presentes en varios compositores rockeros.
"A la hora del perdón/la hora que te arranca lentamente tu ronca confesión", canta Andrés Calamaro en "El tiempo dirá".
La música está muy lejos de ser un "dos por cuatro", pero su letra es eminentemente tanguera.
Hay varios que han apelado a tangos clásicos: En el disco "Yerba buena", de Los Pericos, se puede escuchar "Por una cabeza", de Gardel y Le Pera, en ritmo de reggae.
La música argentina y la jamaiquina se unen en esta canción que habla de caballos y de amor.
Otros ejemplos de esta tendencia son la versión de "Yira yira", por Los Piojos, o las distintas interpretaciones del "Cambalache" de Discépolo, entre las que se destaca una realizada por Sumo que sólo se puede conseguir en un cassette "pirata".
En muchos de estos casos, los músicos tratan de respetar fielmente el arreglo original, otras veces realizan modificaciones.
Charly García y Fito Páez, también han insertado en sus cuidadas melodías este ritmo tan porteño.
Los omnipresentes bandoneones en "Giros" y "Total interferencia", y la música y letra de "Carabelas de la nada" ("Una chica toma un taxi/Caballito, Buenos Aires/muere un tipo en Mataderos/ un balazo, en un aguante") y "No soy un extraño" ("Y yo los miro sin querer mirar/ enciendo un faso para despitar") son una clara muestra del acceso a las fuentes aludidas.
Litto Nebbia, símbolo ineludible de los comienzos de rock nacional, está cada vez más volcado al tango.
Así lo demuestra su letra "Corazones perversos", que da título al tercer álbum de Adriana Varela.
En ese mismo disco está "El otro cambio, los que se fueron", que es una clara demostración de esa aproximación de Nebbia.
Otro visible ejemplo es "Todo a mi favor", un tango bien logrado por Adrián Abonizzio e interpretado por Juan Carlos Baglietto en el álbum "Ayúdame a mirar".
La palabra "tango" encierra para muchos rockeros un halo de misterio.
Es así que varios autores apelan a ella y logran darle a su música un aire gardeliano: "Tango en segunda", de Sui Géneris; "Tanguito de Almendra", de Alejandro del Prado, y "Espiritango", de Los Visitantes, son algunas de las señales de cómo se usa este recurso.
No sólo los argentinos han apelado al tango para enriquecer su música.
Famosos músicos uruguayos no soslayan este género bien rioplatense.
Jaime Roos lo hace en "Las luces del estadio" ("Donde viene a piantarse la niña más bella/dejando perfumes que ahuecan el alma") o musicalizando el soneto de Mauricio Rosencof, "Conversación", con un final abruptamente tanguero.
La influencia del tango también cuajó a la perfección en la vida y las historias de Joaquín Sabina: "Tango del quinielista" y "Con la frente marchita" hacen dudar, a más de uno, del verdadero origen de Sabina.

por Guillermo Pellegrino

Fernando Samalea y Cardenal Domínguez, la nueva generación
Fernando Samalea y Javier Cardenal Domínguez, dos representantes de la nueva generación de rockeros, coinciden en que su acercamiento al tango fue gracias al repertorio de los años 20.
Cardenal escucha algún tema de Pescado Rabioso entre tangos de Carlos Gardel; mientras que Samalea, después de recordar sus solos de batería en la banda de Charly García, profundiza en el estudio del bandoneón.
"Yo escuchaba rock todo el tiempo -comenta Javier Cardenal Domínguez-, hasta que un día le presté atención a la letra del tango «Me da pena confesarlo».
Hasta ese momento tenía la idea de que sólo se hablaba de la minita que dejó al chabón, de la vieja, del barrio y del farolito."
Cardenal Domínguez escuchó ese tema hace cinco años, cuando tenía apenas 23.
"Este tipo tiene una crisis existencial,-pensó Javier Domínguez-.
Me di cuenta que el tipo hablaba de las cosas que yo sentía en ese momento.
Dos hechos imprevistos ocurrieron en la vida de Domínguez para que se dedicara a este género.
Mientras tocaba con su banda conoció a Palo Pandolfo, el líder de Los Visitantes, que estaba cantando tangos en el Parakultural.
Cardenal se subió al escenario e interpretó temas de Gardel.
El otro evento que lo marcó fue ser el ganador del concurso Hugo del Carril y cantar junto a los 24 músicos de la Orquesta del Tango de Buenos Aires.
Por su parte, Fernando Samalea, actual líder de A-Tirador Láser, llegó al tango por un episodio que fue rotundo para el nacimiento de esta pasión: "Cuando falleció mi padre, en el 89, de pronto me vinieron imágenes a la mente -rememora Samalea-, el tocadiscos, el ruido de la púa, los libros viejos, las calles empedradas, y un concierto de Piazzolla que me hizo escuchar mi viejo en Mar del Plata, cuando tenía 12 años".
A partir de ese momento, Samalea comenzó a investigar sobre la vida de aquellos músicos de los años 20; las giras, la vida en zaguanes y cabarets...
"Se me fue armando una especie de fantasía cinematográfica sobre el pasado de Buenos Aires -dice Samalea-; sobre todo, después de leer la magnífica Historia del Tango, de Horacio Ferrer y de conocerlo a él personalmente."
"¿Y si compro un bandoneón?", se preguntó entonces el joven rockero.
Y se lo compró. "Ahí me di cuenta de que tocar tangos no era tan fácil -confiesa Samalea-, así que una noche me fui al viejo salón La Argentina y escuché al cuarteto de Carlos Lazzari.
Después él me enseñó los secretos del instrumento.
Para fin de año voy a grabar un cuento musical con ocho temas que hablan del Buenos Aires de 1920. "

José Pérez Kerco