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Spinetta-García - La cumbre que no fue
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subir a el rock en argentina. 

Charly García y Luis Alberto Spinetta tocaron en el mismo escenario, pero ni se saludaron.
(Córdoba - Enviado especial)
Demasiados egos, o no ¿quién sabe?
Lo cierto es que el viernes por la noche no hubo reunión cumbre del rock argentino.
Charly García y Luis Alberto Spinetta tocaron en el mismo escenario con diferencia de minutos pero ni se cruzaron en los pasillos.
No quisieron, no pudieron, no los dejaron.
No importa el motivo sino la desilusión de saber que es un imposible ver tocar juntos a los dos únicos próceres sobrevivientes del rock local.
Ya habrá versiones acerca de que uno quería y el otro no.
O al revés.
La mitología rockera se encargará de ello.
La historia
no se repite y el rock no tuvo su encuentro de Guayaquil -aquel en el que San Martín y Bolívar se dieron la mano tras liberar América de las fuerzas españolas-.
Sólo hubo un instante para el recuerdo en la hermosa medianoche del viernes cordobés.
Un instante en el abrazo histórico pareció posible.
Spinetta, de pelo teñido amarillo furioso y barba casi blanca de dos días, se desangraba los dedos punteando la guitarra en una de sus nuevas composiciones.
Charly, encargado de cerrar el Freedom Festival Córdoba 2000, escuchó desde los camarines y decidió acercarse lo más posible.
Después de abrirse camino entre la gente, lo vio a Spinetta y sonrió.
Siguió con la mirada cada uno de los movimientos del Flaco, aquel músico al que adora desde antes de ser Charly y al que en los sueños de adolescencia quiso imitar.
Bailó, prendió un cigarrillo y lo aplaudió al final.
María Gabriela Epúmer, guitarrista y amiga del alma del bigote bicolor, lo abrazó y se emocionaron juntos.
Justo allí fue cuando los dos mayores referentes del rock argentino cruzaron sus miradas.
Un instante. Infimo, pero repleto de energía.
No se saludaron, ni se dijeron nada.
Y sólo la fuerza de sus miradas quedó flotando en el aire cordobés como testigo de lo que no fue.
Spinetta largó con ese himno de varias generaciones que es "Los libros de la buena memoria" y todo siguió tal cual lo programado.
No habría Guayaquil del rock en Córdoba.
La unión de Spinetta y García no pudo ser.
No quiso ser.
No debió ser.
Aunque las heridas del último encuentro parecieran ya haber cicatrizado.
Ahora, de aquel proyecto conjunto que en 1985 los llevó a componer "Rezo por vos" sólo queda la ilusión de algún día.
Porque Spinetta y García demostraron que están muy cómodos sentados en los opuestos.
Sin rivalidades, ni enemistades.
Pero lejos el uno del otro.
Uno hizo un show prolijísimo, quizás demasiado prolijo.
Y el otro, todo lo contrario.
Quizá demasiado desprolijo.
Uno arde por dentro y el otro a flor de piel.
Son los dos próceres del rock argentino pero, siguiendo una vieja costumbre del país, caminan por diferentes veredas...

Por Sebastián Ramos
Enviado especial Copyright © 1999 La Nación
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