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Pappo, una leyenda de la Paternal
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por Juan Andrade

Desde su vieja casa, rodeado de una colección de guitarras, un perro desobediente y millones de recuerdos, Pappo repasa su historia, se ríe del mundo y de sí mismo y ensaya secretos sobre su vigencia. A poco de celebrar con disco y recitales sus treinta años de carrera, al Carpo sólo lo puede la ruta. Niega haber sido menemista ("si en política nunca me metí") y reconoce que a veces olvida que "soy Pappo, pero no puedo olvidarme de que soy músico".
Norberto Napolitano sabe que a su alrededor se ha tejido una leyenda. Un tipo recio y jocoso a la vez, amante de las mujeres, los fierros y el rock and roll. Vestido con un par de zapatillas, jogging negro y remera negra de mangas largas, con la huella de la siesta todavía en el rostro, enfila como un
autómata hacia el garage de su casa de La Paternal y comienza a hacer monerías frente a la cámara. En menos de un minuto encuentra un disfraz: con un casco de guerra y unas antiparras que saca de una pequeña repisa, montado sobre una bicicleta playera que yacía arrumbada en un rincón, se planta dócil ante los flashes. No para de hablar, imitando a un comercial de cable que acaba de ver en el televisor de su dormitorio. "Si uté quieeere bajaá de peso, iame ia al número que apareece en la paate de abajjjo de la pantaia. Io soy el sargento Eric Estrada", dice con su voz grave y cavernosa, y la escena parece salida de una versión rockera y subdesarrollada de Chips. Todos a su alrededor se ríen, y él parece conforme con su actuación. Entonces lanza una risotada que estalla con la fuerza de un trueno en la diminuta habitación.
Una vez finalizada la sesión de fotos, Pappo atraviesa un pequeño patio interno de baldosas gastadas y se dirige hacia la cocina. Allí todo está en perfecto orden, a excepción de una botella de agua mineral, otra de gaseosa y una bandeja abandonada con dos pilas menguadas de sandwiches de miga.
"Igual que esa canción que improvisé una vez subiendo al escenario: 'No puedo evitar / que vengan hacia mí / los sandwiches de miga - entona, con una sonrisa. Es una pesadilla ser músico: en las fiestas de presentación de los discos, en las conferencias de prensa, en las notas, en los camarines, en todos lados, siempre, hay sandwiches de miga", protesta, y vuelve a soltar una carcajada.
Pappo enciende la hornalla para calentar la pava y baja el volumen del último trabajo de AC/DC que brota de los parlantes de un radiograbador. "Imaginate qué puede pasar si a una banda internacional le das el trabajo de suplantar a alguien como Bon Scott. Es muy jodido, pero los acé-decé (sic) lo hicieron, y muy bien."
Mientras trata de espantar a Cactus, un enorme fox-terrier de cinco años que bien podría ser su sombra, sorbe los primeros tragos de una taza de té.
-Andá para allá, no seás maleducado -le señala un rincón. Cactus lo ignora, y Pappo no puede contenerse: "¡Sos un pelotudo!".
Habla de su colección de guitarras: "Tengo una Les Pauls clásica del año 70, la mejor, dos guitarras muy viejas, una del 57 y una Baretta como la que promocionaba Eddy Van Halen, y otro modelo como el que usan Steve Vai y Joe Satriani, dos grandes virtuosos. Tienen menos problemas de afinación y de sonido que otras".
¿Te considerás un guitarrista virtuoso?
Para nada. Virtuoso es un violinista que sabe muchísimo de música y le dedica la vida al estudio de su instrumento. Soy un guitarrista con buen gusto. Nada más. No tengo la técnica de un virtuoso.
Vos sos autodidacta.
Tomé algunas clases de guitarra cuando era adolescente, pero no las asimilé porque no las entendí. Era folklore. Mi hermana es concertista de piano, y daba lecciones que se escuchaban desde mi pieza. Y yo me tapaba con las almohadas para poder seguir durmiendo. Empecé a sacar cosas con la guitarra cuando oí mi primer disco de rock, uno de Little Richard.
Suena el timbre de la puerta de calle y la entrevista se interrumpe. Pappo mira como pidiendo disculpas, y aclara: "Éste viene a manguearme guita. No le puedo decir que no". Su voz se oye lejana, como si rebotara dentro de una caverna: "Palabra de honor, me la devolvés mañana". Después se pierde en la penumbra de una habitación y vuelve con una caja de zapatos destartalada, llena de álbumes y de montañas de fotos sueltas. Elige algunas y las va desplegando con meticulosidad sobre la mesa. "Éste es el Nissan, mirá." "Ésta es la Chevy, una bomba de tiempo", describe con voz cascada. Y la imagen del músico vestido de piloto de carreras se multiplica en la serie de los diferentes bólidos que supo conducir.
¿Qué es más fuerte: la velocidad o la música?
Ni hablar... por supuesto que la música. La pasión por los fierros llega hasta ahí.
Entre tantos autos, sale a la superficie una imagen del recital en el que volvió Riff, hace más de dos años: "Nos juntamos, hicimos un disco y no nos dieron ni cinco de pelota. Porque no hay -y se detiene, verifica si el grabador funciona, y continúa- en la Argentina productores que puedan darle a una banda como Riff el respaldo económico que necesita. Es un grupo caro de mantener: cada concierto sale 60 mil dólares".
¿Al crecer los intereses, el rock no fue perdiendo autenticidad?
No, al contrario. Ahora se hizo más profesional. El rock no tiene que ser marginal. Para cierto sector de la sociedad, sigue formando parte de "lo mal visto". El rock es alegría, diversión. Y ellos, a través de los diarios más populares, hacen hincapié en los despelotes y los exageran.
¿Cómo es ser rockero a los 50 años?
Es un estilo de vida. Tengo una Harley Davidson y me voy de viaje cuando puedo.
¿Cómo te llevás con el eslogan "sexo, drogas y rock&roll"?
No creo en los rótulos. Ése es el nombre de un tema de Lou Reed, porque a él se le ocurrió. El rock no se mezcla con lo demás, está aparte. Y el sexo y las drogas también van por separado. Hay que mezclar lo mejor de cada uno (se ríe).
¿A veces te cansa ser tu propio personaje?
Claro, pero ya cambié varias veces. Voy modificando mi personalidad, para no aburrirme de mí mismo. Si no, es como escuchar el mismo casete todo el tiempo: te harta. Yo hablo conmigo mismo: si me digo siempre lo mismo, quizá me empiezo a putear para adentro. Por eso trato de explorar zonas desconocidas de mi cerebro, y a veces consigo olvidarme de que soy Pappo, aunque nunca me olvido de que soy un músico.
A los 50 años, Pappo ya lleva más de tres décadas trepado a los escenarios del rock, desde los tiempos de Los Buitres y su paso por La Cueva hasta su presente con una nueva formación de Pappo's Blues. Su nuevo disco, Pappo & amigos, reúne a veintitantos músicos y grupos que interpretan casi cuarenta canciones del repertorio de la banda, una suerte de espejo que sintetiza la trayectoria del Carpo.
¿Pappo & amigos es una suerte de "autohomenaje"?
No, para nada. La idea nació del ejemplo de John Lee Hooker. Él juntó en un disco a Santana, Van Morrison, Ron Carter y a un montón más. Yo sigo los pasos de mis maestros. ¿Quién me enseñó a moverme como se debe sobre el escenario y a dejar el alcohol? El señor B. B. King. Y él hizo un disco que se llamó B. B. King & Friends. Pero en ningún momento pensé en un autohomenaje. Es ridículo. ¿Vos te harías un homenaje a vos mismo?
Yo no soy Pappo...
Igual... queda medio fanfarrón. En realidad, esta convocatoria es para festejar mis treinta años de carrera, con el disco y el recital en vivo. Cuando terminamos de grabar el disco, me di cuenta de que habíamos creado un pequeño monstruo. Es imposible, pero ojalá que se repita. Es un disco de salón: están todas las bandas.
Se hace un breve silencio en la charla, y Pappo lo aprovecha para zambullirse una vez más sobre las fotos. Y señala: "Mirá, ésta es la Lamborghini Diablo, es una máquina. Acá estamos con Botafogo y su familia, en un día de campo. Acá estamos en una gira con Pappo's Blues, creo que en Trenque Lauquen. Esta otra es de una conferencia de prensa donde yo les saqué una foto a los periodistas", relata, y por enésima vez lanza una carcajada estentórea.
Con la vuelta de Aquelarre, Vox Dei y Serú Girán, con este álbum en el que revisás la historia de Pappo's Blues, ¿el rock se está convirtiendo en un viaje de vuelta?
(Se toma su tiempo) Buena pregunta, pero no la puedo contestar. Yo no lo sé, porque a los temas de Pappo & amigos los vengo haciendo desde que tengo uso de razón. Me alejé del circuito profesional para salir de gira y tocar en lugares chicos del interior. En 1998 hice unos noventa recitales. El año pasado un poco menos: cincuenta. En lo que va del 2000 llevo unos veintipico. Me gusta la ruta: cargar el micro con el perro, mis amigos y algunos familiares que trabajan conmigo. Así vivís la música un poco más de cerca, aunque no haya una base firme de dinero: ni la tenemos, ni la queremos, porque es para quilombo. Trabajamos para plantar la bandera del rock en este país.
¿Por qué no estuvieron los que no estuvieron? Por ejemplo, Spinetta...
Spinetta fue invitado, pero tuvo que viajar al exterior por problemas personales.
El Flaco es un fuera de serie, único. Si te dan a escuchar algo de él, te das cuenta enseguida de que es suyo. Tendría que grabar un poco más: se dedicó a producir mucho a los hijos, lo cual me parece perfecto, pero el público quiere escuchar más. Quiero escuchar a un Spinetta más rockero. Y sé que lo puede hacer.
Otro ausente fue el Indio Solari.
Lo suyo es algo fuera de serie: tiene una base tan sólida como su pensamiento.
Charly tampoco figura entre los "amigos".
Como músico, me parece excelente. Es muy talentoso.
Alguna vez tuvieron sus diferencias.
Lo único que dije era que Sui Generis me aburría. Que después eso haya sido agrandado no es mi culpa. Sui Generis no me gusta, no me compraría sus discos. Eso no quiere decir que tenga algo personal contra Charly García.
En los tiempos de Riff hiciste un llamado para "eliminar a los tontos del rock". Y hace poco lo repetiste. ¿Quiénes serían los tontos?
Siempre hay que sacar a la gente que molesta del medio, y para eso tenemos que juntarnos todos los que hacemos rock. Pero no son ningunos tontos: están haciendo un montón de plata. Me refiero a los que hacen música envasada, a los que te venden un paquete terminado que incluye los videos de promoción vendidos, un sponsor y la carita linda de algún estúpido que canta y se mueve más o menos bien. Para los empresarios es más fácil comprar eso que desarrollar a un artista.
Estuviste cerca del éxito varias veces. ¿Cómo te resultó la experiencia?
Para llegar se tienen que dar dos factores: suerte y conducta. Y un poco de seriedad, no mucha: cumplir con los contratos, con los horarios, tener un buen abogado y un mejor contador.
Pese a que tocaste con B. B. King, pese a que tu banda es Pappo's Blues, pese a tus muestras de devoción por el blues, tu música siempre tendió más al rock.
Todo lo que aprendí lo saqué de Jethro Tull, Black Sabbath, Chuck Berry, Johnny Winter, John Mayall. Mucho después conocí a Muddy Waters, Albert King y B. B. King. A ellos llegué a través de Cream, porque recibimos primero la cultura rockera inglesa. Creíamos que Eric Clapton o Mick Taylor eran los únicos guitarristas de rock. Y después supimos que Clapton decía que todo lo que él hacía era imitar a B. B. King.
"Mirá qué paisaje le saqué a mi chica...", dice, y marca con el índice una montaña y un estanque, sobre los que se recorta una muchacha rubia de unos 25 años. "¿Es tu novia?", le preguntan. Por toda respuesta, Pappo murmura un par de palabras ininteligibles. "Somos una familia bastante normal, dentro de todo... Tenemos una base sólida: nuestros ancestros eran gente muy correcta. Nunca hubo un robo, una agresión, un asesinato o algo raro. Siempre fue una familia sólida, de italianos trabajadores."
¿Qué importancia les das a las letras ?
Mis letras son lo que pienso. No me siento con el diario a ver qué pasa para protestar por lo que está mal, que es otra manera de componer. A mí me gusta mucho jugar con lo místico y lo mágico, con un tipo de letras que no hablen de algo que se ve a simple vista. Ésos son los detalles más esenciales para poder divertirnos con nuestro paso por este mundo.
En El auto rojo, el último disco de Pappo's Blues, hay otro tipo de letras que, lejos de la mística, hablan de chicas, rutas, motos y alcohol.
Es que estábamos más "ruteros" que nunca. En realidad, estamos dando un punto de vista distinto: el nuestro no es un estilo "normal". Nos preguntábamos qué hacer en el disco nuevo, y dijimos: "Vamos a tirarnos a un rock más cuadrado". Y a su vez lo tonificamos con un sonido más moderno. A pesar de la precariedad en que lo grabamos -lo hicimos en un estudio móvil- estamos muy conformes con este trabajo. Esta formación de Pappo's Blues es muy potente, es como una trompada.
¿Buscás un rock cada vez "más cuadrado"?
Todavía me acusan de "cuadrado", pero se piensan que es fácil tocar así, como AC/DC. Si alguien no entiende de qué se trata, no puede sentarse con un vaso de vermut, un domingo a la mañana en pantuflas, prender el televisor y criticar a Schumacher porque bajó una décima de segundo. Subirse a un Fórmula Uno no lo hace cualquiera. Es lo mismo que cuando a mí me critican por mi música: yo hago lo que me sale. Al que le gusta, bien. Y si no, no lo comprés, escuchá otra cosa.
En los tiempos de su amistad con el ex jefe de la SIDE, el Tata Yofre, luego de varias trasnoches en compañía de modelos en reductos fa-shion, la imagen de Pappo se confundió con la de la noche menemista. Tanto, que se lo llegó a señalar como a un rocker "del mismo palo" que el riojano. "No, nada que ver", se ataja. "Fue todo consecuencia de la fama. Si te acercás a alguien, después te adjudican un montón de historias. Una vez aparecí en Punta del Este, y se armó un quilombo bárbaro, como si hubiera matado a alguien. Uno se manda cagadas en la vida. Si yo fuera perfecto, también sería aburrido. Pero eso de que yo era menemista... Con la política nunca me meto."
En el último número de 3 puntos, Bobby Flores dice que "la generación del rock llegó al poder". Ejemplos no faltan: Charly García desayuna con Menem, María Gabriela Epumer es la novia de Darío Lopérfido...
María Gabriela no hace rock, y Charly García tampoco -retruca Pappo desde el baño, escupiendo las palabras mientras se cepilla los dientes-. Siempre se lo trató de confundir con el poder, pero no pueden: el rock es muy fuerte. El rock es diversión y sandwiches de miga.