Estamos trabajando en la nueva versión del sitio, enterate como participar.



Hay información, pero falta talento
 Vistas desde creación:1954
 Vistas desde último cambio:1683
 Vistas este mes:1936
 Vistas este año:1954
subir a el rock en argentina. 

Por Cristian Vitale
Reportaje a Héctor Starc
El legendario guitarrista festeja sus 40 años de carrera con viejos amigos.
Héctor Starc relojea viejas revistas Pelo. Se detiene en cada publicidad donde aparecen Marshalls y guitarras.
“Mirá –le dice a su mujer, Graciela–, este amplificador lo usamos en el segundo show de Tantor...” “¿Y esta viola...? Uhh, es la que le cambié a Charly”, exclama como pibe con chiche nuevo ante una foto de García en Serú Girán.
El legendario guitarrista revela un fanatismo
vehemente sobre todo lo que sea sonido, más allá de tener una empresa del rubro.
“Me identifico mucho con los heavies. Ellos pueden comer mortadela todo el día, pero tienen un cuidado por lo que sea sonar bien y al palo que da envidia. Eso es rock”, define.
La pasión de uno de los guitarristas más enérgicos de los ’70 explica la razón que lo llevó a marcar con precisión el comienzo de su carrera y armar un show con invitados para festejar el 40º aniversario, tomando como punto de partida el día que su mamá le regaló su primera guitarra.
“Fue el 5 de septiembre de 1964 y, por supuesto, era eléctrica.
Tengo que hacerle un monumento, porque uno de mis orgullos es el de nunca haber tocado guitarra española. Sigo siendo un guitarrista eléctrico y molesto.”
–Eternizado como “Bola de Ruido”, el apodo que le pusieron a principios de los ’70...
–Totalmente, y cada vez peor.
A dos días de haber recibido el regalo estaba tocando y sigo tocando lo mismo hasta hoy.
Mucho no avancé (se ríe).
Me acuerdo de que, cuando empecé, me quería apurar para aprender, porque pensé que la moda de la guitarra eléctrica se iba a acabar rápido, como las figuritas.
Para la celebración, el ex Aquelarre y Tantor convocó a varios amigos y armó una velada para viejos amantes del rock patrio.
Hoy en El Condado (Niceto Vega 5542) confluirá parte de la flor y nata de aquellos tiempos personificada en Black Amaya, Ciro Fogliatta, Rinaldo Rafanelli, Marcelo Torres, Rodolfo García, Emilio Del Guercio, Hugo González Neira, más dos músicos “extrageneración”: Roberto Pettinato y Gillespi.
“Van a abrir Los Paramors, un grupo instrumental que hace música de Los Shadows y para mí es significativo, porque voy a subir a tocar Estrella azul, el primer tema que toqué.
Después, con Black y Rino vamos a reflotar el Starc Trío que se presentó en el segundo BA Rock”, anticipa.
También están previstas las resurrecciones de La Superbanda, reciente proyecto que el guitarrista armó “sólo para tocar con Fogliatta”, Tantor y Aquelarre.
“En los ensayos con Rino y Black pintó la emoción.
Le dije a Rino: ‘¿Por qué no hicimos esto en vez de haber tocado otra cosa durante 40 años?’ Creo que fue culpa de Almendra, porque los tres terminamos en grupos que se originaron cuando se separó aquél (Rino en Color Humano, Black en Pescado Rabioso y Starc en Aquelarre).
Igual, gracias a Almendra aprendimos a bajar revoluciones, porque éramos muy zarpados.”
–¿Por dónde pasa la actitud rocker cuando se superan los 50 años?
–Para mí es la misma de siempre.
Cuando estoy tocando y cierro los ojos, vuelvo a los 18... recién ahora estoy tratando de madurar.
Lo que sí siento es que nadie te da bola.
Eso duele. Ni los productores ni las discográficas te dan bola.
La edad se nota en el olvido, aunque también es cierto que somos parte de una generación pasada.
Yo trato de escuchar grupos nuevos, pero no puedo evitar ponerme en viejo choto.
–¿Sigue siendo crítico del rock que se hace hoy en la Argentina?
–Hay que diferenciar qué es rock.
Hay una radio que llama rock a Todo a pulmón o a Lolito Torres.
¿Qué tienen que ver con el rock...?
Faltan Banana Pueyrredón y Pintura Fresca y estamos todos... déjenme de joder.
Para mí, rock es La Renga, Skay o Vitico, un tipo que tiene 55 años y sigue tocando al mango, con la misma campera y el mismo bajo.
Lo demás...
Miranda! por ejemplo, son modas para los chicos.
Se juntan tres tipos en una computadora y hacen maravillas, pero cuando tienen que pelar arriba del escenario es una desgracia que te querés morir.
Recuerdo que con Pappo aprendíamos a tocar con discos que les robábamos a los disc jockeys.
Los poníamos en 16 rpm para poder sacar los solos.
En cambio, hoy hay una información terrible, pero no hay talento.
No hay compositores que vengan con una guitarra y me canten una canción que me muera... el último fue Fito.
¿Qué es un productor?
Nosotros no teníamos productor, hacíamos canciones y punto.
Hoy se arma un edificio de sonido tremendo, con todos los chiches, pero sin nada en el medio.
–Parece un fundamentalista del pasado...
–No crea. Todos hablan de los ’70 como la década divina y para mí no lo fue tanto... por lo menos desde 1974 fue como el principio del fin. Los ’60 sí fueron enormemente inspirados, con Manal, Almendra y Los Gatos.
La creatividad era increíble, pero después empezó a caer... se empezó a ganar mucho dinero y apareció el odiado marketing, algo así como la ciencia que estudia cómo cagar al prójimo.
No me jode que haya marketing para una pomada para los ojos, pero sí para la música.
Se suponía que la música era un arte.
–¿Por qué se desarmó La Superbanda?
–Porque fue algo puntual que armé para tocar con Ciro.
Mi sueño hubiese sido tocar con Los Gatos y que Pappo no exista (risas).
Por eso lo convoqué junto con Edelmiro y Black, lo invité a casa a comer y la cena no duró ni dos minutos... porque enseguida le pasé los acordes del Rock de la mujer perdida, que no se los acordaba, y empezamos a tocar.
¡Cómo toca Ciro el Hammond! El es el gran fundador de todo este quilombo que es el rock nacional.
¿Por qué piensa que quedaron 700 tipos afuera la vez que nos presentamos?