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Spinetta y Divididos, cruce de grandes en River
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subir a el rock en argentina. 

por Roque Casciero
A la 1.30 del lunes, el cansancio tras el maratón de shows era más que ostensible en la cancha auxiliar de River Plate. Sin embargo, ése fue el momento más trascendente de la tercera fecha del Quilmes Rock Festival, y quizá de todo este megaevento del rock argentino: sobre el escenario, Ricardo Mollo invitaba a “un ángel” a compartir el ritual rockero de Divididos y decía que esa banda existía, entre otras cosas, por Pescado Rabioso.
Por supuesto, quien subió al escenario fue Luis Alberto Spinetta.
Entonces, apenas importó que la guitarra del Flaco fuera una bola de ruido ininteligible: la satisfacción que transmitían los rostros de los cuatro tipos plantados en escena se convirtió en un antídoto contra el agotamiento, contra el frío de la noche, contra los cuarenta minutos de cola antes de acceder a un baño, contra
todos los males de este mundo.
Cuando Mollo y Spinetta cantaron juntos, no hubo corazón que no se estremeciera por ese “Despiértate nena” blusero e inmortal, y que no comprendiera “lo bueno y dulce que es amar”.
Ese momento será por siempre un recuerdo preciado para las 18 mil personas que colmaron el predio del festival, pero especialmente para los protagonistas.
Spinetta, que por estos días toca con menos decibeles y está más cerca del jazz rock de su etapa Jade, se reencontró con el volumen brutal al final de su propio concierto, programado antes del de Divididos.
El Flaco
hizo que su banda quedara casi en el fondo del escenario, con él mismo a un costado de la batería, a unos diez metros del frente.
Lejísimos del público, logró sin embargo una empatía notable de parte de gente que, en su mayoría, estaba ahí en busca de la distorsión de la Aplanadora del Rock.
El comienzo del show de Spinetta no pudo ser más bello, ya que rescató “Aguila de trueno”, una perlita de Kamikaze.
Por un buen rato, fue su único viaje a su glorioso pasado, porque decidió mantenerse fiel a su costumbre de pensar que mañana es mejor y, por tanto, de mostrar su material más reciente: “El mar es de llanto”, “Agua de la miseria”, “Ciénaga dorada” (que presentó como “una canción acerca del deseo cohibido”), “Vidamí” y “Prométeme paraíso” (de su hijo Dante), entre otros temas.
“La Argentina es nuestro paraíso.
Ustedes tienen la responsabilidad de hacerlo.
No se corrompan porque van a ser iguales a los que odiamos todos”, pidió Spinetta a la multitud antes de tocar “Paraíso”.
La respuesta fue una ovación.
El público aplaudió el virtuosismo de su banda y agradeció el buen humor de Spinetta, que hasta canturreó “Me gustas tú”, de Manu Chao.
El postre, como corresponde, llegó al final, con poderosísimas (¿heavy metal?) versiones de “Ana no duerme”, “Me gusta ese tajo” (“Esta ya la conocen, pero siempre parece nueva, inclusive para mí”, dijo el músico) y de la imponente “Post crucifixión”, con su hijo Dante a puro solo de guitarra hiriente.
Si Spinetta decidió darles el gusto a sus fans recién al final, Divididos se planteó todo lo contrario: las canciones para el show habían sido elegidas mediante una votación a través de internet.
Con esa lista, el trío de Hurlingham armó un set demoledor, en el que agrupó en el medio las canciones menos rockeras (“Como un cuento” tocada con cajón peruano, “Pepe Lui”, “Sisters”).
Antes y después de ese pasaje reposado, hubo adrenalina al mango, banderas, bengalas, salto y polvareda, como en todo recital de Divididos, con “Ala delta” y “El 38” como principales liberadores de energía.
Una perlita de humor: como a Mollo se le apagaron los equipos, hicieron una versión a capella de “Camarón Bombay”, en la que cantó la parte de guitarra.
El problema siguió un rato más, entonces anunció que Diego Arnedo iba a recitar una poesía.
Hubo carcajadas, que se redoblaron cuando el bajista cambió el recitado por un zapateo.
Con cierta perspectiva, se puede pensar que el paso de Divididos por el Quilmes Rock Festival –más de dos horas de show– fue la síntesisperfecta de la banda.
Los covers son reveladores: además del tema de Pescado Rabioso, hicieron “Little Wing” de Jimi Hendrix y “Rock and roll” de Led Zeppelin.
Fue como decir “De aquí venimos”.
Y, en ese sentido, la misma importancia tuvo que revisaran el pasado de Mollo y Diego Arnedo en Sumo con “La rubia tarada”, “El ojo blindado” y “Mañana en el Abasto”.
La postal del angloitaliano Luca Prodan sobre un barrio porteño tuvo una relectura electrizante con el erke norteño de Fortunato Ramos: mundos que se conjugaron.
O, como diría Spinetta, ruido de magia.