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Pajarito Zaguri: el viejo joven
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por Martín Pérez

Formó parte de Los Beatniks, el primer grupo de la historia del rock nacional.
Después inventó Los Náufragos, La Cría Rockal, La Barra de Chocolate, Piel de Pueblo y La Murga del Rock’n’roll.
Además, tocó con Moris y Tanguito y era habitué de La Cueva.
Y ahora, después de tres décadas como solista, Pajarito Zaguri acaba de formar Los Jóvenes Viejos, el grupo con el que reaparece en los escenarios porteños, como hace cuarenta años.
A diferencia de aquella legendaria canción de Manal, la casa tiene un solo pino.
Y no está hacia el sur –”una casa con diez pinos/ hacia el sur hay un lugar”–, sino al oeste, tierra del más heroico rock suburbano bonaerense.
Disputándole palmo a palmo el pequeño terreno a la casa, el pino en cuestión es enorme, y su presencia es lo que permite reconocer el lugar en una perdida calle de Hurlingham con numeración algo discontinua y salteada.
En esa casa habitada por un desorden casi adolescente y con una pequeña sala de ensayo improvisada en uno de los cuartos del fondo, Pajarito Zaguri ensaya, desde febrero de este año, sus nuevas canciones.
“Porque siempre terminé grabando con mi último grupo las canciones de mi grupo
anterior”, asegura el Pájaro.
“Con Los Náufragos grabé las canciones de Los Beatniks, por ejemplo.
Y siempre fue así.
Pero ya es hora de romper con eso.
Así es que con Los Jóvenes Viejos estamos tocando canciones nuevas.
Porque yo no extraño absolutamente nada, ¿sabés? Antes que extrañar algo que pasó prefiero vivir esto que hago ahora.”
Además de ser el título de un legendario film del cine argentino de los años ‘60, dirigido por Rodolfo Kuhn y ambientado en Villa Gesell, Los Jóvenes Viejos es el nombre del actual grupo de Pajarito Zaguri, el último de una larga serie de grupos con los que fue forjando una leyenda de casi cuatro décadas dentro de un rock nacional del que legítimamente se puede vanagloriar de ser uno de sus creadores.
“Pero éste no es mi grupo, sino que soy parte de él”, aclara Zaguri, que se presenta como uno más del cuarteto que lo tiene como voz cantante arriba y abajo del escenario.
Aunque en realidad no lo sea.
Porque, mal que le pese a ese sueño imposible que es la democracia dentro de un grupo de rock, Pajarito Zaguri nunca dejará de tener a su lado toda su historia.
Esa que arranca con Los Beatniks, el verdadero primer grupo de la historia del rock nacional, y se continúa con La Barra de Chocolate, Piel de Pueblo, e incluso La Murga del Rock’n’roll, grupo en el que estaba el germen de Dulces 16 y Memphis La Blusera.
“Yo voy a ser under toda mi vida”, sentencia Zaguri, sentado a la mesa de su casa con un solo pino y llena de gatos, uno de los cuales descansará en su falda a la hora de las fotos.
Y agrega, sin ningún asomo de remordimiento: “Pude haber llegado a muchos lugares, porque el bondi siempre pasó por la puerta de mi casa.
Pero yo siempre dejé que siguiese de largo.
Y no me arrepiento de haberlo dejado pasar”.

EL NOVIO DE BRIGITTE
No es nada casual que el nuevo grupo de Zaguri se llame precisamente como el film de Kuhn.
Porque si ese film funcionó como punto de partida para la leyenda hippie de Villa Gesell, para él también funcionó como un comienzo.
“El que me puso Zaguri fue Kuhn”, cuenta Pajarito.
“Yo estaba trabajando en Gesell cuando él estaba filmando Los jóvenes viejos, y era un fanático de Brigitte Bardot.
Tenía un poster enorme de ella colgado en la cocina del bar donde trabajaba.
Y un día pasa Kuhn y me dice: ‘¿Qué hacés, Zaguri?’ Yo no entendí nada, y ahí me contó que el novio de entonces de la Bardot era un tal Bob Zaguri. Y me quedó.”
Si cuenta la leyenda que Kuhn rodó Pajarito Gómez después de conocer a Pajarito, a partir de entonces Alberto García sería Pajarito Zaguri, uno de los más jóvenes habitués de La Cueva.
Y eso no termina ahí, porque la leyenda de Pajarito se cruza con muchas otras de la misma época.
“Siempre me metí en todos lados”, cuenta Zaguri.
“Antes de ir para La Cueva, por ejemplo, me iba con Federico Peralta Ramos a Mau Mau.
Por eso Billy Bond siempre dice que yo era un cajetilla que iba a La Cueva de traje.
Porque Peralta Ramos me hacía vestir así para acompañarlo, y después terminaba así en La Cueva.
Siempre me supe divertir con todo el mundo.
Porque así como iba a Mau Mau, también iba a Mataderos a escuchar a Los Dukes, que era la primera banda de Tanguito.
Y hoy hago lo mismo.
Puedo ir a Betty Blues, que es un local que está en pleno Puerto Madero.
Pero también me voy a Ciudad Oculta a comer un asado y tomar un vino con los amigos”, dice Pajarito, que estuvo desde el comienzo y siempre tuvo muy claros sus gustos.
Tanto, que cuando vino Bill Halley a la Argentina y todos corrieron a verlo, el Pájaro aclara que no fue.
“Me parecía un blandito”, cuenta.
“Con Moris por entonces ya éramos fanáticos de Gene Vincent y Fats Domino.”
A la hora de hablar del primer capítulo en su relación con la música, Zaguri se remonta mucho más atrás: a cuando todavía no era Zaguri.
Ni siquiera Pajarito.
Fue un día en que su madre lo agarró y le dijo: “Beto, esta noche vas a acompañar a tu hermana al baile y no te vas a separar de ella”.
Por supuesto que, cuando llegaron al club Villa Malcolm, el que aún está en Córdoba y Juan B.
Justo, lo primero que hizo Beto fue olvidarse de su hermana e instalarse al lado del escenario.
“El que tocaba era nada menos que Oscar Alemán, y apenas lo vi me dije: yo quiero esto.
Y ese día se acabó el colegio, se acabó todo para mí.
A partir de ahí me empecé a juntar en Plaza Italia con Moris, por ejemplo, a escuchar rock, blues, jazz.
Y a tocar la guitarra.
O a juntarnos en alguna casa donde hubiese un piano.
A partir de ese entonces fue que comenzó todo”, dice justamente Pajarito, el que estuvo en el comienzo de todo.
Un par de semanas atrás, cuando Los Jóvenes Viejos tocaron en uno de los tantos pubs de la zona del Palermo natal de Pajarito –que cursó unos años de secundaria en el Nicolás Avellaneda–, su voz blusera sonó tan vibrante como siempre.
Pero cuando llegó el momento del solo de guitarra en ese nuevo blues que la banda estaba tocando y Zaguri hizo una seña para avisarle al grupo que era su turno, para cualquier conocedor de su leyenda fue imposible no remontarse cuatro décadas atrás.
Y recordar su lugar al frente de Los Beatniks, también con la guitarra eléctrica al cuello.
Pero desenchufada, porque no la sabía tocar.
“Pero ése fue un lugar que me gané por prepotencia de trabajo, como decía Roberto Arlt”, asegura Pajarito, con una carcajada, recordando al efímero grupo que a comienzos de 1966 –y con Moris como voz cantante– llegó a editar “Rebelde”, un simple que supo ser el verdadero primer simple del rock nacional.
“Nosotros no sabíamos tocar, ésa es la verdad.
Por entonces recién estábamos aprendiendo.
Y yo ni siquiera podía tocar la guitarra eléctrica.
Por eso necesitábamos la asistencia de los jazzeros de entonces, como Jorge Navarro, Alberto Fernández Martín y Pérez Estévez.
Ellos eran nuestro apoyo logístico musical, pero no entendían la idea.
No les importaba que las letras fuesen diferentes, que apuntasen al despertar de la conciencia de los pibes.
Ellos sólo ponían la música.
Y lo demás corría por cuenta nuestra”, cuenta Pajarito, que celebra el hecho que ese despertar de conciencia de alguna manera haya llegado.
“Fue algo que logró Javier Martínez con Manal, que llegó buscando Litto Nebbia desde Rosario y que logró con Los Gatos.
Spinetta también estaba en ese mismo camino, incluso tenía un grupo que se llamaba Los Beatniks y debió cambiarle el nombre porque nosotros éramos más conocidos que ellos.
Todos estábamos buscando lo mismo.
Excepto Sandro que, pese a todo lo que dicen de Sandro y Los de Fuego, lo único que quiso toda su vida fue cantar boleros.”
Si de algo no deja de enorgullecerse Pajarito es de haber formado parte de una generación que logró concretar una nueva forma de hacer rock.
“Porque si algo logramos fue eso”, asegura.
“En el mundo hay tres clases de rock: el norteamericano, el inglés y el argentino, que es el mejor rock en castellano”, exagera –o no– Zaguri, que estuvo allí en aquellos comienzos tan bien fabulados por Piñeyro en su Tango Feroz.
“Para mí es una película linda, pero en el sentido cinematográfico”, opina Pájaro.
“Es como aquella película La Rosa, de Bette Midler, que imaginaba la vida de Janis Joplin.
Pero que no tiene nada que ver con la realidad.
Porque Tango Feroz es como la Argentina de Walt Disney”, se ríe Zaguri, que conoció aTanguito y por eso alguna vez se lo imaginó diciéndole desde el cielo: “Todos hacen guita conmigo, Pajarito. ¿Vos qué estás esperando?”
A la hora de hablar del comienzo de los flamantes Los Jóvenes Viejos, el Pájaro no hace más que regresar al lugar del crimen.
“Todo empezó, como siempre, en Villa Gesell.
” Allí, donde empezó la historia de Los Beatniks, fue que este verano Pajarito se encontró con Blas Rizzardo, Roberto Huala y Miguel Rodríguez, los tres músicos que lo acompañan por los escenarios porteños.
“Desde febrero que estamos tocando juntos”, cuenta Pajarito, que nunca se ha cansado de armar bandas en su dilatada trayectoria.
Después de Los Beatniks, por ejemplo, apareció en Los Náufragos.
“Un grupo que fue mufa, pero porque los tipos que salimos en la foto del primer disco no éramos los que tocábamos”, explica Pajarito, cuya leyenda cuenta que él grabó la mitad de los temas y luego se fue de viaje, para encontrar a su regreso el disco en la calle bajo el nombre de Los Náufragos, grabado con la orquesta de López Ruiz y canciones firmadas por Francis Smith.
Entonces armó La Barra de Chocolate, que tuvo su éxito con el tema “Alza la voz”.
“Ahí sí que agarré guita”, dice.
Luego estuvo en La Cría Rockal –“un grupo netamente peronista”– y más tarde armó Piel de Pueblo.
“Ahí más que peronistas, éramos totalmente de izquierda.
Revolucionarios ciento por ciento.
Incluso el primer tema decía: Hago un silencio para el pueblo que está dormido.
Pero, eso sí, con La Cría Rockal éramos mucho más pesados.
Pese a ser peronistas, eh. Porque estábamos en contra de todo”, explica Zaguri, que luego de esas experiencias grupales comenzó una carrera solista de extraño recorrido: un disco por década. En los ‘70 editó Pajarito Zaguri y La Murga del Rock and roll; en los ‘80, el sorprendente El rey criollo del rock and roll y en los ‘90, En el 2000 también, un simpático CD que venía en una pequeña caja de cartón como si fuese una pizza, con palitos y mancha de aceite incluida.
“Los temas de este último disco son los que estamos haciendo mayormente en vivo, hasta que tengamos listos los nuevos”, explica Zaguri, hablando de un repertorio impecable, que incluye una versión rocker del clásico folklórico “Vidala para mi sombra”.
“Lo único que no supe aprovechar en toda mi carrera fue el éxito que alguna vez tuve”, dice hoy Zaguri.
“Pero si hoy tuviese el éxito que tuve entonces, me hacen un monumento al toque acá al lado.
Porque en aquella época yo era Gardel y ahí se acababa todo.
Si tenía que tocar, tocaba; pero no tenía la conciencia de devolverle a la gente lo que había pagado por su entrada.
Por ahí pasaba por arriba del escenario sin el esfuerzo de brindarme, ¿entendés? Algo que no dejo nunca de hacer ahora.
Sé que por la manera que me brindo por lo menos uno me va a escuchar.
Y con eso me alcanza”, dice el tipo que supo escribir esa canción que dice “alza la voz/ que te van a escuchar/ y aunque no la escuchen/ álzala igual”.
Y que se lamenta: “Mirá, fue una lástima que entonces no nos supieran escuchar.
A nosotros y a toda nuestra generación.
Porque si nos hubieran dado bola, no estaríamos como estamos ahora.
Ni en Buenos Aires, ni en Afganistán”.