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Lito Epumer Mi música está unida a mi vida
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subir a el rock en argentina. 

por Karina Micheletto
A fuerza de cultivar un perfil siempre bajo, con los tiempos largos de quien avanza sin apuros, el guitarrista Lito Epumer pudo encontrar un camino personal en el que, claro, aparece todo su pasado musical, desde la fundación de Madre Atómica en los setenta, junto a Pedro Aznar y Mono Fontana, hasta su trabajo con músicos como Luis Alberto Spinetta, Dino Saluzzi o los Fattoruso.
Un camino que incorpora con naturalidad ritmos rioplatenses y jazz argentino, e incluso porteño, si es que existen tales posibilidades.
Dos zorros, su último trabajo, dedicado a su hermana María Gabriela, fallecida el año pasado, brilla en lo cuidado de los arreglos, en los aportes de un
grupo de buenos músicos (Abel Rogantini en teclados, Cristian Judurcha en batería, Mario Gusso en percusión, Gustavo Liangot en acordeón) y de los invitados especiales: Pedro Aznar (quien también tuvo a su cargo la producción del disco) y Luis Alberto Spinetta, quien aporta un tema inédito.
Hoy a las 21, Epumer presentará Dos zorros en el teatro ND Ateneo (Paraguay 918), con Aznar y Spinetta como invitados.
“Creo que es la primera vez que Luis (Spinetta) compone la música de un tema y le deja la letra a otro.
Trajo una melodía y, como no había mucho tiempo para ponerle la letra, se la pasó a Pedro (Aznar), que es una topadora y la tuvo lista al otro día.
Discutieron un par de frases y salió Alas de la mañana”, cuenta Epumer.
Princesa cristal, con una bella melodía cruzada por un ritmo de baguala, tiene dos versiones, una con letra de Aznar.
“Me salió un día que estaba bastante bajoneado, pero sentí que no alcanzaba, que tenía que expresarse también con palabras.
Por eso pensé en Pedro, que conoce toda mi historia y la de María Gabriela.
Es evidente que mi música está unida a mi vida.
A otros no les pasa, pueden estar viviendo una situación y componer sobre otra.
Pero yo me pongo a pensar en alguien y por ese lado sale un tema, por eso tengo tantas canciones dedicadas.
En mi disco anterior (Nehuén) estaba viviendo el descubrimiento de mi hijo, en éste, circunstancias mucho más tristes”, dice el músico.
A Epumer le sobran motivos para nombrar a su último trabajo Dos zorros, el título de un tema que ya había grabado en un disco anterior, Pasaje La Blanqueada.
“Es un tema de María Gabriela que para mí remite a los dos hermanos músicos, pero a la vez es el significado de mi apellido en ranquel”, explica.
–¿Cómo definiría su búsqueda musical?
–Yo quiero que el que escuche mi música diga “éste es Lito”, no “ésta es la guitarra más rápida, la más rebuscada, la más perfecta técnicamente”.
Ese sería mi mayor orgullo.
Mi búsqueda no es egocéntrica, no estoy al frente con la guitarra todo el tiempo, llenando un disco con solos de viola.
Yo pienso más como compositor, más al servicio de la música que del lucimiento de mi instrumento.
–Pero queda claro que está por fuera de los circuitos establecidos.
–Sí, claro, de hecho toda mi producción es independiente, y me encanta que sea así.
Prefiero ser dueño de todo.
A muchos les da fiaca encargarse de esa parte, yo tuve que aprender.
En el rock, por ejemplo, es más fácil meterte en el circuito comercial, pero en cierto punto no sos dueño de nada.
Yo estoy feliz con que la gente compre mis discos y con tener cierto público, pero sé que lo mío no va a ser masivo nunca, que haga lo que haga no voy a vender como Diego Torres.
Es así, y está bien que sea así.
–¿Por qué es tan explícito el homenaje a su hermana en este disco?
–Podría haber sido algo más interno, pero se me dio por tomar la posta, sentí que tenía que homenajearla a través de mi música.
Quizás porque estábamos en lo mismo y compartíamos tantas cosas.
Es una forma de cerrar una historia y de sacar afuera un montón de cosas.
Cuando te pasa una cosa así y podés empezar a pensar se juntan la bronca, la impotencia y hasta la alegría de decir “puta, qué hermana que tuve”.
Eso me pasó después del concierto homenaje que le hicieron.
Para mí fue como un remanso, me sentí aliviado de encontrarme con tanta gente que la quería, vi a todos sus amigos y no los vi mal, sino ofreciendo algo.
Me hizo bien.