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¡Alegría! ¡Lo tenemos a Spinetta!
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subir a el rock en argentina. 

Por Daniel Amiano - Diario La Nación
¡Alegría! ¡Lo tenemos a Spinetta!
Que suerte que haga canciones.
Que haya hecho canciones.
Que suerte tenemos de estar de este lado del mundo para poder verlo.
Que suerte que escuchamos Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Jade, Los Socios del Desierto y "A 18´ minutos del sol", "Privé", "Kamikaze"
Que alegría que haya compuesto canciones de todos.
Que bueno que haya inaugurado una galaxia privada para extender el universo de todos.
Y que "Pan" todavía esté calentito en las bateas.
Luis Alberto Spinetta es un espécimen único.
Puede gustar más, menos; pudo haber formado contra su voluntad fanáticos insoportables (con los que puede discutir en un show); también, detractores implacables.
Pero es un artista con una obra autárquica y absolutamente personal que, incluso, difícilmente puede compararse a sí misma.
Sí: el Flaco es único, inimitable, irrepetible, inconfundible.
Desde los ya lejanos años de los orígenes del rock hecho en la Argentina hasta hoy, el Flaco recorrió un camino que inventó una y otra vez.
Primero, dándole un nuevo formato a la canción, desde el mítico "Muchacha" hasta "Laura va"; después, con un sonido más afilado y distorsionado; después, el coqueteo con la música ciudadana que Piazzolla había rebautizado, hasta llegar a los aires jazzeros y entonces, sí, a fracturar toda esa información de nuevo y arremeter otra vez con la canción.
Eso, más o menos, se redescubre cuando se lee el último número de la revista La Mano, dedicado -salvo unas pocas páginas- al genial artista del Bajo Belgrano.
¿Por qué un número enteramente dedicado al flaco sin que haya una fecha específica para celebrar?
Es que se celebra a la obra, al artista, porque sí.
Porque lo tenemos ahí y está al alcance de todos.
Y porque de alguna manera hay
que agradecer la alegría que nos da tener a Spinetta hace ya tantas canciones, tanta excursión poética, tanta búsqueda distinta.
A medida que pasan las páginas aparece la tentación: ¿cómo no volver a escuchar Almendra?
Oh, "Artaud", ¡cuántos nuevos mundos abrió para siempre!
¿Cuántas veces más nos va a emocionar "Los libros de la buena memoria"?
¿Por qué todavía nos extrañan sus largos períodos de ostracismo?
¿Cómo no vamos a esperar un nuevo disco suyo?
La tentación continúa, página tras página, disco tras disco, etapa tras etapa.
Es una rareza, como Spinetta, sí.
Que una revista dedicada a la cultura rock decida renunciar a las noticias del momento (en general, olvidables un instante después) y dedicar su edición a la estética de un solo artista, es un hecho excepcional, y hasta podría tratarse de un milagro.
Pero no, los milagros son otra cosa. Esta vez se trata, simplemente, de representar la imagen de un artista.
Un músico que no se parece a nadie; a veces, ni siquiera a sí mismo. Es que Spinetta no sólo hace canciones, hace algo más, inasible. No representa un costado de la realidad ni maneja "ciertos códigos" de la jerga rockera; él, simplemente, desarrolló un universo paralelo.
A partir de sus lecturas, de su forma de ver, de escuchar.
Con sus palabras clave, con sus animales, con el sol, con personajes mundanos que atraviesan experiencias espaciales, con el planeta agredido por el progreso.
Spinetta es un artista distinto, un espécimen de esos que es difícil emular.
Por más que se lean los mismos libros, por más que la vida nos atraviese con la misma crudeza, con la misma irrealidad, él hace algo distinto.
Refleja un espejo que no vemos.
Por eso, que bueno; tenemos a Spinetta.