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Pettinato escribe sobre Spinetta
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subir a el rock en argentina. 

Editorial de Roberto Pettinato
Revista La Mano Número 25, dedicada integramente a Luis Alberto Spinetta - Abril 2006
Un día salí con una chica que tenía la particularidad de transpirar como un jabalí.
Vivía en una casa muy oscura y en realidad, no era bonita, pero un primer amor - amor de Parque Rivadavia - y las colecciones de discos y salvar al mundo charlando debajo de los árboles, organizando reuniones para "La Ballena", una revista underground que editábamos y de la que sólo apareció un primer número.
Bueno, resulta que hablamos mucho sobre Spinetta y me dí cuenta de que nunca iba a existir una mujer bonita-bonita y que fuera fanática del "Flaco"
De esto concluí que también eran mujeres que podían dejarse el vello debajo de las axilas y que no les importaba tener mal aliento o llevar con orgullo - en este caso - la transpiración y el olor bestial.
Todo esto lo relacioné por siempre con el disco "Artaud".
¿Por qué? Porque Artaud ya era rarísimo como poeta y escritor ( desde los Tarahumara hasta las Cartas de Rodez )
Era como un demente que atraía a otros dementes y así formaban un enjambre del que un Joyce saldría ileso como si fuera el más sano de la clase.
Entre los dementes atraídos estaba lógicamente Spinetta.
A los que nos gustaba Artaud o el primero de Invisible, podíamos ahora sí levantar el estandarte de una locura por momentos incomprensible.
Era como si
Spinetta nos hubiera dado la llave que abría la habitación más extraña, pero también; apenas pasabas del otro lado, se te cerraba detrás tuyo y no sé si volvías a salir, por lo menos tal como habías entrado.
Spinetta era El Libro. El Anillo Revelador.
El que te llevaba por un océano de palabras e imágenes que no encontrarías en los demás que representabas simplemente: música.
Me acuerdo la primera vez que lo ví.
Fue en el Club Gimnasia y Esgrima.
Eramos tres que íbamos a verlo porque sabíamos que tocaría ahí.
Delante mío había sillas de metal y gente mayor ( socios del Club ) que al igual que todos, habían concurrido a un espectáculo más de... los Carnavales en Gimnasia y Esgrima.
De pronto apareció este tipo completamente calvo.
Pelado como Luca.
Se sentó y tocó canciones acústicas y absolutamente nadie de los presentes entendió de que se trataba.
Los ancianos comían choripanes y Coca en vasos de plástico y de pronto la noche se lo llevó del escenario y apareció una banda cualquiera como si estuviésemos realmente en una peña folklórica.
Después entramos al salón del Club y el disc jockey puso música para bailar.
No conseguimos ninguna chica.
De hecho casi no recuerdo que las hubiera, sino niños y más niños correteando como salvajes de un lado a otro de la pista.
Un día, después de tantos años, hablando con Pérez y Bitar: les dije que quería un número completamente dedicado a este personaje, pero no para lanzar una flor tras otra, sino intentar entre todos explicarnos y descifrar y resolver este misterio que es Spinetta.
Un misterio con el cual uno no deja de sorprenderse.
Escuchabas las historias más disparatadas: de creerlo un ser de luz total, - venido a la Tierra para liberarnos - ¡¡¡ a enterarte que era fanático de River !!!
¿Quién podría sospechar que Spinetta se detendría en algo tan banal como el fútbol?
O bien enterarte de sus celos pasionales, de sus histerias que podían llevarlo al llanto como un niño, porque la portada de su disco no había sido como el pretendió que fuera.
Y qué de sus fanatismos repentinos; como cuando solo escuchaba a Gino Vanelli o su enamoramiento con John Mc Laughlin que lo llevaron a una vana imitación de velocidad guitarrística con Spinetta Jade, que por suerte no prosperó.
Un día, siendo el director del Expreso Imaginario, recuerdo tenerlo al lado mío con su cuaderno "Arte" azul, en el cual había escrito largos discursos que no paraba de leerme en voz alta para escuchar mi opinión, o tal vez para escucharse a sí mismo.
Porque si de algo tenías que enterarte, era que Spinetta - cuando hablaba, escribía u opinaba - siempre tenía la razón... y si no pensabas que la tenía; igualmente te sentías un gusano venido a menos.
Spinetta se las ingeniaba siempre para que sintieras que
te estabas perdiendo algo inédito en el mundo; algo repleto de seres invisibles que sólo él podía ver y que no estaba demasiado dispuesto a regalarlos así como así.
Nadie sabe a ciencia cierta como formó esa personalidad entre egocéntrica y frágil como un papel.
Un día le dije que no entendía Invisible y su mirada me atravesó.
Otro día me dijo que Peter Hammil le parecía un nazi cantando, sólo por el hecho de que habías mostrado admiración por otro que no fuera, unicamente él.
¡ Ni hablar del día en que alguien osó comparar Invisible, con ciertas influencias de King Crimson !!!
Todavía se escuchan sus gritos en la redacción.
Y ahora también recuerdo cuando cubrí la gira de Almendra por todo el interior presentando "El valle interior".
El malestar, el enojo de Spinetta había crecido fuera de toda proporción porque Edelmiro Molinari había vuelto de Estados Unidos fanatizado con el tiro al arco...
Edelmiro llevaba consigo toda la parafernalia profesional de un tirador, y el alma sensible de Spinetta no podía soportar verlo lanzar flechas a los árboles.
Por el amor de Dios... estaba lastimando la naturaleza, estaba hiriendo a los árboles y eso, en la mente de Spinetta, resulta algo inadmisible.
Pero su atrapante figura se formó así.
Y también la que lo convirtió en un ser "único"
Es más: estoy convencido (como tantos) que NADIE en el mundo entero, ha hecho una música siquiera parecida... - y aunque escuché su furia porque la CBS de los Estados Unidos, en una gacetilla de prensa había dicho que Pescado Rabioso era una suerte de Led Zeppelin - sigo creyendo que su material es definitivamente, una novedad insondable...
Spinetta ha sido el ser humano que uno más tardaba en reconocer, justamente como tal.
Cientos de capas lo cubrían para evitar ser considerado un ser de carne y hueso.
Y de alguna forma, de tanto insistir; lo logró...
En este número de la revista, la idea consiste en descubrir todo ese mundo... desde los tiempos en que gastábamos sus discos, hasta los largos períodos en que dejamos de escucharlo, o nos perdimos la otra mitad de su carrera.
La carrera de un músico absolutamente único en el rock nacional.
Quiero decir: comparemos cualquier tema de Spinetta con el de otro... ¡¡¡ y veremos que ni siquiera podremos sacar los tonos de una canción !!!
Sus letras rara vez bajaban a una Avenida Rivadavia y si decía "Las golondrinas de Plaza de Mayo" creíamos que se trataba de una humorada o de un mensaje cifrado...
Lejos de Páez, de Charly, de los Redondos, de Tanguito, de los Abuelos, de Sumo, de cualquiera... Spinetta realmente formó su propio universo y sus productos funcionaron como si se tratara de simple rock and roll.
Es más; sus conciertos - hasta el día de hoy - se escuchan de sentado y en teatros.
Ni clubes, ni mucho menos: discotecas.
Si uno lo compara; todos los demás parecen una feria hippie en Plaza Francia y él, un Museo de Arte Moderno y Contemporáneo.
Espero que este número - aunque no sea suficiente - baste para que por primera vez una revista dedique toda su edición a una personalidad tan compleja, quejosa, divertida, surrealista, retorcida, hiperkinética, como la de este... ¿cómo decirlo? muchacho de Bajo Belgrano.