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Piazzolla & Spinetta
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Astor Piazzolla habla de Luis Alberto Spinetta y del rock
por Antonio Carrizo – Radio Rivadavia – Marzo 1985
(gracias al amigazo "Durazno" por facilitarme este artículo "incunable")

- La gente del rock te admira, pero vos parece que los ignorás...
- ¿De qué gente me hablás? ¿Quienes me admiran?… Por favor...
Salvo el pibe Aznar y Spinetta, los demás creo que me huyen, como tantos otros...
- Vos no te acercás a ellos tampoco...
- Con qué tiempo... Me río cuando me llaman maestro…
Yo solo tengo tiempo para mi música y no me alcanzan las 24 horas, me da bronca cuando duermo.
No tengo ni tiempo ni paciencia para enseñar nada, pero si me preguntaran con gusto les aconsejaría maestros en serio y que ejercen: Gandini, Schneider, Ziegler, Pane,
Malvicino, Suarez Paz; ellos saben en serio enseñar.
- ¿Y la experiencia con Spinetta?
- Fue bárbara. Pero tenemos dos mundos diferentes.
El "Flaco" es un fenómeno como cantautor y yo soy sólo un músico.
Siempre me costó entender la poesía cantada.
Soy de los que creen que la poesía tiene su propia música y la música su propia poesía.
Laura me lee las canciones de Silvio Rodríguez o del "Flaco" y me parecen bárbaras, y ellos le ponen una música apropiada a lo que crean. Buscan la belleza en esa conjunción.
Spinetta es uno de los tipos más honestos que conocí en nuestro medio, como Jairo, otro fenómeno de tipo.
- Pero en el rock hay muchos músicos tambien, que se ganaron a todos los pibes, al revés del tango que los pateó...
- Lo que más me molesta de los rockeros argentinos es su falta de inquietudes.
Dicen que hacen fusión… ¿de qué? No alcanza con que Charly García le ponga nombre de tango a sus discos, eso no es fusión, no es nada. Que tomen el ejemplo de Queen, Pat Metheny, Sting, Emerson, Lake & Palmer.
Este Keith Emerson es un tipo de conservatorio, un pianista de nivel mundial.
Sting fue a golpear la puerta de Evans. Hay muchos así, están podridos de tocar siempre lo mismo.
Ojo que al rock de otros lados le está pasando lo mismo, como pasaba con el tango del ´40. Yo estaba ahí. Nadie aceptaba cambiar nada.
En el ´39 cuando entré a la orquesta de Troilo y hacía los arreglos, no es cierto que el gordo me tachaba cosas… la gente en realidad no lo aceptaba. Yo tachaba... Al rock me parece que le pasa lo mismo.
En Londres vino al camarín despues de una actuación el guitarrista de Genesis y se puso a charlar con Lopez Ruiz, que me decía que era un fenómeno.
Fuimos a cenar y él mismo me dijo que hacía 10 años que tocaba lo mismo y creía que la desvinculación de los Beatles en buena parte se debía a lo mismo y rescataba a Harrison como el que más buscaba las fusiones para salir de ese cuarto encerrado del éxito.
Yo le conté lo que me había pasado a los 19 años.
Fuí a ver al Colón con mi viejo a Arturo Rubinstein que se había instalado en Buenos Aires. Quedé deslumbrado. En una semana escribí una especie de sonata y se la llevé a la casa, de caradura absolutamente. Me recibió bárbaro, estaba morfando tallarines y cuando terminó me dijo: "deme lo que escribió" y se puso a tocarla al piano. Era una reverenda porquería y yo estaba colorado como un tomate.
Terminó, me miró fieramente, pero con mucha ternura me preguntó si quería ser músico.
Le contesté que sí naturalmente. Entonces me dijo muy simplemente: "póngase a estudiar"
Y ahí nomás me dió la dirección de Castro que no tenía alumnos y que me recomendó a Ginastera y aunque parezca mentira, fuí el primer alumno de ese monstruo.
- ¿De Argentina no rescatás nada más que a Spinetta?
- ¿Vos querés que tenga más enemigos de los que tengo?
No conozco, che. No tengo tiempo para escuchar nada más que a la pasada, me baso más que nada en lo que me comentan mis músicos. Yo estoy mucho más cerca de hacer rock que ellos de hacer tango, están lejos de todo.
Los pibes critican a los tangueros por ser cerrados y tienen razón, pero ellos tampoco zapan con nadie, tendrían que fijarse en los brasileños que hacen una cruza fenomenal con todo el mundo y buscan salir de la mediocridad.
Se nutren entre ellos y con todo lo bueno que venga de afuera.
En mis recitales en Brasil hay siempre, al menos 20 músicos que vienen a escuchar.
En Argentina, sólo algunos del tango. Me gusta lo que está haciendo Lito Vitale que se sacó de encima ese rock sin alma.
Lo estoy siguiendo. Zapa con todo el mundo y no deja de intentar cosas nuevas. Eso es auténtica fusión.
- ¿Estuviste con Yupanqui alguna vez?
- Sí, dos veces. Una me lo crucé en la calle en París y él me vino a saludar. Sinceramente me quedé helado, no supe que decirle.
Era como toparme con San Martín. No me salía una palabra. Lo mismo me había pasado hacía muchos años en Nueva York cuando me presentaron a Stravinsky, igual me quedé mudo, yo sólo quería mostrarle mi admiración y decirle que mi primer estudio con Ginastera fue la Consagración de la Primavera.
Nada, che; el viejo me invitó a su casa y yo tardé como dos semanas en aceptar, a pesar que vivía muy cerca.
Me animó Jairo y fuimos.
Empezamos a matear y yo seguía sin poder emitir palabra, porque cada comentario que hacía eran sentencias de tres frases tan redondas que me parecía grosero responder. Hasta que la mujer, que era reculta y macanuda, se acercó con el mate y por abajo me dijo: "Ataque con todo que a él solo le gusta el silencio de la montaña, pero no el de las personas"
Menos mal que el viejo
era fana de Ravel y de Bartok y por allí encontramos la charla de más de cuatro horas y me sorprendió sus conocimientos musicales, sobre todo de armonía, aunque a cada frase me pedía disculpas por su ignorancia y me decía que envidiaba mis conocimientos.
Cuando hablamos del bandoneón, me dijo que su único placer era escucharlo al viejo Isaco Abitbol cuando viajaba por Santa Fé. Casi se muere de la alegría cuando le dije que nosotros ibamos con el gordo Troilo a verlo cuando nos ibamos de pesca…
Spinetta habla de Astor Piazzolla
- ¿Lo conociste personalmente a Piazzolla?
- Sí, pero no tuve una excelente relación con él... Piazzolla fue muy duro con nosotros porque, para él, eramos todos "orejeros"
"Spinetta se dispersó como las aspas de un molino de viento" dijo una vez. Que al principio pintaba bien, pero después me había ido a cualquier parte.
Quizás haya algo de cierto en sus declaraciones, pero por más que haya dicho cualquier cosa de mí, yo siempre lo admiré.
Una vez me invitó a tocar, después de todo eso.
Ahí tuve la necesidad de aclararle telefónicamente que realmente no me sentía como para estar al lado de él en un escenario, porque yo no sé escribir ni leer música. La sola idea de estar con él en un concierto me hubiera paralizado...
Me lo perdí...
Aún así, considero que su trabajo es monumental y su música realmente me ha inspirado muchísimas veces.
Piazzolla es un lujo, lo que ha hecho es imperecedero...
Luis Alberto Spinetta - Extracto del libro Martropía - 2006
(Conversaciones con Spinetta) de Juan Carlos Diez