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Ensayo sinfónico a corazón abierto
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subir a el rock en argentina. 
por Mauro Apicella

Presentación del cantante y compositor Luis Alberto Spinetta junto a la Orquesta Académica del Teatro Colón, dirigida por Carlos Calleja. Anteayer, a las 17, en el Teatro Colón.
Nuestra opinión: bueno

Muchas zapatillas en la platea, algunos uniformes escolares, gente joven y no tanto, un repertorio de trece composiciones, una orquesta y un cantante solista para un recital de una hora que, según su protagonista, se trató de "un ensayo abierto".
Luis Alberto Spinetta, el protagonista en cuestión, volvió anteayer a actuar en el mayor escenario argentino de la lírica. Pero esta vez no fue con su grupo sino acompañado por la Orquesta Académica del Teatro Colón. Y como él mismo aclaró, no fue por iniciativa propia sino a instancias del director del organismo, Carlos Calleja.
El recital tuvo momentos emotivos, pero no fue un paseo por los grandes éxitos
de su trayectoria en versiones sinfónicas sino por una selección de piezas de distintas épocas de su carrera. Además de la masa sinfónica, la particularidad de esta presentación fue la participación de varios orquestadores encargados de escribir los arreglos: Alejandro Fränkel, Pablo García, Andrés Hojman y Claudio Cardone (este último es un habitual colaborador de Spinetta).
La variedad le aportó matices al repertorio, pero también algunos altibajos. Distintos enfoques se vislumbraron entre la apertura, una correcta, pero sin hallazgos, versión de "Aguila de trueno", y el bis, "A Starosta, el idiota". Aquella pieza del LP Artaud se instaló en un nuevo contexto y fue toda una sorpresa.
En el medio se escucharon temas como "Bosnia" (orquestado por Pablo García, que probablemente haya sido el mismo arreglador de "A Starosta..."). Si bien tuvo toques efectistas -cuando dice "Ellos caen como violines" la cuerda hizo un gesto de abrupto descenso aéreo, digno del mejor radioteatro- en general creó un ambiente muy propicio para la temática a la que se refiere la letra. De hecho, fue lo más aplaudido del concierto.
En el otro extremo se puede ubicar a "Maribel se durmió", donde la orquesta se limitó a una modesta marcación del riff central y luego acompañó las melodías casi a la manera de un arreglo vocal. Probablemente, la riqueza armónica de la partitura original hubiera ofrecido otro tipo de desarrollo. Claro que esta apreciación es subjetiva. Son aceptables todas las opciones, desde la idea de vestir apenas la voz con cuerdas y escasa participación de las otras secciones instrumentales, hasta la búsqueda de conceptos totalmente diferentes. Porque también se puede pensar: ¿cuánto se le puede agregar a una pieza como ésta? Tema aparentemente sencillo pero de mensaje profundo y sutil, pasajes rítmicos de métrica irregular y variantes armónicas que hasta permiten modular hacia un acorde suspendido. Un lujo del cancionero del rock (como tantos otros aportados por Spinetta).

- Rigor artístico
El cantante agradeció a la orquesta más de una vez, dedicó el concierto a los "jóvenes héroes del colegio Ecos" y habló del milagro de que la Argentina tenga una sala como la del Colón y las de tantos otros teatros.
Pero hubo momentos en los que se lo vio tenso, quizá más de lo necesario. Hasta pareció intentar hacerse cargo de los resultados de cada versión, sobre todo de las que no fueron las más logradas. Curiosamente, los temas más conocidos fueron los que presentaron más imperfecciones y los que sonaron menos originales. Al final de "Durazno sangrando" exclamó: "Lo más fácil a veces es lo más complicado".
No está mal ese rigor. Para composiciones sobresalientes hay que demandar interpretaciones sobresalientes. Sin embargo, la autoexigencia, tan notoria al final de algunos temas, fue un poco exagerada. Tal vez por esto a Spinetta le costó llegar al final de la prueba como si fuera un deportista al que no le va mal pero tampoco puede evitar que se note que el reto es duro.

- La función para el homenaje

Más allá del balance que se pueda hacer, y de las innumerables reflexiones y enfoques posibles, es muy auspicioso que un organismo como la orquesta Académica del Teatro Colón aborde, sin prejuicios (y hasta a veces con admiración) el cancionero, rico en versos, melodías y armonías, de uno de los principales referentes del rock nacional.
De hecho, esta vez fue con admiración. Al programa de mano se adjuntó una hoja con un texto firmado por el director Calleja: "El concierto de hoy es, para quienes conformamos la Orquesta Académica, un acontecimiento muy especial (...) Por un lado, tiene la intención de agregar un eslabón más al desafío de unir puntos aparentemente alejados en la música, buscando interrelacionar distintos tipos de públicos y hasta diferentes lugares físicos. Por otro, ampliar la tarea formativa y creativa de la orquesta (...) Por último, es la posibilidad de concretar un viejo proyecto, rendirle tributo a este gran artista". Por todo lo anterior, ojalá que se repita.