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Alfredo Rosso; una voz que sabe de rock.
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subir a el rock en argentina. 
por Gabriela Saidon
Una voz que sabe de rock

Fue redactor de la mítica "Expreso imaginario".
Hoy conduce "La casa del rock naciente", por la Rock & Pop.

Fue redactor del mítico Expreso imaginario y de la fugaz Mordisco, donde también ejerció como traductor. Editor de discos de Yes, Emerson, Lake & Palmer, The Pretenders, Ramones ("yo fui el primero en editar a los Ramones", se jacta). Vendedor con disquería propia. Sigue siendo, y desde hace mucho, conductor de radio. Hoy, a los 52, navega al mando de La casa del rock naciente, los domingos de 17 a 19 por la Rock & Pop, donde hace gala de una sorprendente memoria ávida de detalles. Este es Alfredo Rosso.
"El 6 de agosto del '76, el día de la bomba atómica sobre Hiroshima, salió el Expreso.... El último número salió en febrero del '83. Todo el Proceso. Fue una experiencia fuerte", dice Rosso, y la compara con la primera vez que escuchó La Balsa, a los 12 años. "Me llamó la atención esa frase: conseguir una balsa para ir a naufragar... entonces aprendí que la idea era naufragar en un mar distinto del mar gris que era el país. La Argentina de los '60 era un país donde los próceres nunca iban al baño. Donde hacíamos fila y tomábamos distancia con el saludo nazi. Bueno, el rock vino a echarle fleet a todo eso. Yo pienso que el rock es muy fuerte ideológicamente pero no es partidista. Nunca se mandó con ningún partido porque detesta las verticalidades. Al mismo tiempo, cada persona debe tener su idea respecto a por qué se enganchó. Yo en la época en que entré en Expreso tenía claro qué quería hacer. Y me encontré con una plataforma que me permitía hacerlo".
- ¿Qué querías hacer?
Quería escribir notas sobre conjuntos con letras y
músicas extraordinarias y hacérselo conocer a la gente. Quería leer y meterme en mundos coloridos porque, insisto, el país era en blanco y negro. Aunque el Expreso era una revista que no tenía por qué gustarles a los militares, tenía bastante libertad, como el rock. Publicar las letras de Frank Zappa, abrir las fronteras, mostrar que había otro mundo... ese fue el mayor mérito de la revista mientras estuvieron Jorge Pistochi y Pipo Lernoud. Y por eso creo que subsiste la leyenda. Después intenta meterse en la cabeza de la generación que venía después. Y en los '80 empieza la estética hedonista, la estética del cuerpo. En el disco de Soda Stereo que tiene temas como Dietético, Mi novia tiene bíceps, Por qué no puedo ser del jet set, Gustavo Ceratti no toma posición y te deja como expectante. Eso es interesante.
- El rock no toma partido.
Yo creo que toma partido por la vida y la inspiración y contra la sangre. Para mí Luis Alberto Spinetta es el mejor ejemplo ideólgico en ese sentido, porque siempre ha dicho: la sangre no sirve para nada.
A diferencia de lo que muchos afirman, para Rosso "este es un momento riquísimo en el rock". Menciona grupos como Bicicleta y Mataplantas. De la crítica musical dice que prefiere "una crítica más orientativa que calificativa. Imaginate ir a un museo y ver que El Guernica tiene 5 estrellas, o El Grito, 3 y media... Creo en la sensibilidad del oyente para transmitirle esa alteración de la corriente eléctrico-musical que yo vivo."
Esas transmisión la viene haciendo Rosso desde que tuvo su segmento en Viento a favor, el programa de Luis Garibotti (mientras trabajaba en una compañía grabadora, Music Hall) , cuando "el Hugo Gerrero Martineitz de los '70«, el de Viento a favor" era su referente. Como Edgardo Suárez o como Omar Cerasuolo en El tren fantasma: "Ellos impusieron el concepto de radio de autor". Trabajó en Del Plata, Splendid, la FM de Rivadavia (Entre nosotros, con Graciela Mancuso). Y "el Expreso tuvo un programa en el '77 que duró tres meses, donde teníamos que pasar rock pero también tango y folclore".
- Qué raro que no hayas participado de Radio Bangkok.
Es que en ese momento tenía mi disquería en la galería Bond Street. Duramos 9 años.
Después volvió al periodismo gráfico, y a mediados de los '90, otra vez la radio. El ciclo en la Rock & Pop fue cambiando de horario, Pero algo no cambió en Rosso: la pasión por el rock y por transmitir eso por lo que él vibra. Eso, y su inconfundible voz.