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Un grande, en su madurez
 Vistas desde creación:1880
 Vistas desde último cambio:1786
 Vistas este mes:1880
 Vistas este año:1880
subir a el rock en argentina. 
por Patricia Rodón
Un grande, en su madurez lírica, musical y espiritual

Luis Alberto Spinetta brindó un excelente concierto en el que alternó sabiamente temas de Pan, su nuevo disco, con canciones históricas. Fue ovacionado por un afable y emocionado público que colmó el Bustelo.
El mago. Spinetta deslumbró al público con las versiones de sus clásicos.
La gente no escatimó demostraciones de afecto.

Hace tiempo que Luis Alberto Spinetta está más allá del bien y del mal. Lo sabe perfectamente y maneja con destreza los tiempos, los climas y los colores afectivos que puede tener un show.
Siempre fiel a sí mismo, el domingo brindó un concierto contudente, impecable, certero. Lejos del concepto de “rock espectáculo”, con una sobria iluminación por toda escenografía, casi a escenario desnudo, Spinetta ofreció un recital como los de antes: con la música y la poesía como protagonistas.
Inclusive se tomó su tiempo entre tema y tema, contó los compases al empezar una canción, anunció uno a uno los títulos de las canciones de Pan, su nuevo disco, y habló con un público que, alborotado y devoto, le devolvió en 2.000 gargantas (la capacidad del Bustelo) cada uno de los “gestos”
musicales, chistes y pactos que Spinetta mantiene con su gente desde hace casi 40 años.
Durante más de dos horas, el músico –acompañado por Claudio Cardone en teclados, Sergio Verdinelli en batería y Nerina Nicotra en bajo– alternó los temas de Pan con canciones “himno” de su nutrida y celebrada discografía.
Sobre las 21.40, después de agradecer a “la impecable producción del amigo Néstor Nardella y a toda la buena onda de la gente de esta provincia hermosa”, Spinetta empezó el concierto con Atado a tu frontera, Sin fin y No habrá un destino incierto. Con la voz intacta y la guitarra en poder, ofreció luego una interesante versión de Las cosas tienen movimiento, de Fito Páez, pero menos atractiva que la que ya había presentado hace tres años en el concierto que ofreció en el Hyatt.
Buenos Aires, alma de piedra, de su disco Camalotus y El mar es de llanto, de Silver Sorgo –con un exquisito arreglo de Cardone–, se sumaron a los nuevos Dale luz al instante y Preconición, con Un viento celeste y Umbral, de Los niños que escriben el cielo.
Para que siguiera la melodía, Claudio Cardone, solo en el escenario, interpretó un bellísimo tema de su autoría, con fuertes reminiscencias del mejor impresionismo: un perfume a Charles Debussy y Erik Satie inundó la sala.
Al volver, Spinetta deslumbró con su versión de A Starosta, el idiota, de Artaud. Con toda la banda ya sobre el escenario, el Flaco ofreció La flor de Santo Tomé, que pasó sin gloria ante su inmediata pregunta “¿Se acuerdan de esta fábula?”. Cuando empezaron a sonar las primeras notas de Durazno sangrando el Bustelo se estremeció. Y todos cantaron y se emocionaron.
Intercalados con Cabecita calesita, Proserpina, Qué hermosa estás y Bolsodios de Pan, Spinetta mandó en una bien pensada y emotiva mixtura con Crisantemo de Camalotus, El enemigo de Silver Sorgo, Sexo, de Jade, y Seguir viviendo sin tu amor, de Pelusón of milk. Una avalancha de temas “viejos” dejó sin aliento a los fidelísimos seguidores del “poeta del rock”. La ovación fue enorme. Y regaló dos temas más: una versión exquisita, casi a cappella, de Laura va, del “primero de Almendra”, y la poderosa La herida de París, de Jade.
Tanto su poesía, la maravilla de sus letras, como cada una de las notas de los instrumentos se escucharon perfectas gracias la nitidezde un sonido impecable.
Una vez más iluminó a los mendocinos con su luz. Sin estridencias, sin “puesta”, sólo él con su música y su lírica, al borde de ese cielo que Spinetta reinventa disco a disco y canción a canción para darnos su “pan”.