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Sumo Pettinato
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Por Diego Mazzei

Sumo Pettinato

Con versatilidad y un humor inteligente, Roberto Pettinato se consolidó como una de las grandes figuras de la televisión. De Tinelli a Rial, de las drogas a Chabán, de los políticos a la música, el hombre de la tele no se calla nada
La condición es irrefutable: la entrevista se hará sólo por e-mail. No se le pregunta la causa, pero se intuye que Roberto Pettinato prefiere tomarse un tiempo para contestar las preguntas y escribir las respuestas él mismo. Después de todo, escribir es una de sus grandes pasiones desde que, con el seudónimo de Laura Ponte, se ganó un lugar en el correo de lectores de la legendaria revista Expreso Imaginario, de la que años más tarde llegó a ser el director. Resulta raro, tal vez por la impiedad del tiempo, reconocerlo fuera de los trajes estrafalarios y la verborragia ácida que despliega en la televisión con Duro de domar, el vehículo que a los 51 años lo transformó en uno de los animadores más importantes del medio. Sin embargo, para entender esto es valorable rescatar su comienzo en la pantalla chica, a
mediados de los 80, cuando a la par de su lugar como saxofonista de Sumo conducía un programa de videoclips en ATC llamado Estacional Musical. Un delirante mundo en el que Pettinato comentaba videos mientras un primer plano le enfocaba una oreja o las dos mitades de barba, y los integrantes de Sumo protagonizaban absurdos sketches.

–¿No pensaste en volver a hacer algo así?
–Muchos dicen "lo que ya hice hecho está". A veces es cierto. A veces, no. A veces, uno extraña aquellos tiempos en los que cree que era mejor que ahora. ¿Y qué hace? Si se queda ahí, no valora lo que le sucede hoy. Al pasado no puede volver. La mitad no lo recuerda. Ya no sabe cómo hacerlo. ¿Qué hace? ¿Vive en la pena eterna vacía hacia adelante o disfruta del lugar? No lo sé.

–Se habla de la televisión como si fuera una picadora de carne. ¿Vos vivís esa situación?
–Las empresas, las oficinas, lo que quieran, son picadoras de carne. Digamos esto: ¿por qué la inmediata asociación de la imagen de un aparato doméstico a la picadora de carne, que tal vez esté en la cabeza del espectador que necesita muchísimos canales y no, por ejemplo, yo, que soy sólo una persona y lo único que necesito es un solo canal, un solo micrófono y un solo estudio? El mundo se basa en gente que genera cosas, objetos, programas, cuadros, lo que sea, para que otros lo compren y, a partir de ahí, no puedan vivir sin ellos y quieran pedir más. Algo diferente, pero ¡más de lo mismo! La TV genera historias e imágenes que la gente quiere ver, también para crecer. Muchos dicen que con la tele no se crece. Mentira. Los programas cambian; ya no son los mismos que en la época de La tuerca. Es una doble evolución compartida, por así decirlo. Una suerte de "yo me adapto a vos y te sigo" y "¡yo te pido algo nuevo ahora!".

–¿Cuándo fue la primera vez que maldijiste por los inconvenientes que te acarrea la superexposición?
–El día en que varios chicos me vinieron a pedir un autógrafo y no tenían la birome y me miraban mal, ¡como si yo estuviera obligado a llevar una conmigo! Es horrible y trivial.
Pettinato lleva recorrido un largo camino en la televisión. Ha hecho numerosos programas en los que fue blanco de muchas críticas, como cuando reemplazó a Gerardo Sofovich en La noche del domingo. Y también comenzó a ganar fieles seguidores con productos como Orsai a medianoche o Duro de acostar. Pero siempre queda la sensación de que su inteligencia, versatilidad y maestría en el uso de la ironía son elementos que le permitirían hacer... "otra cosa".
"Tengo algo que no sé si es suerte, un dios aparte o cientos de demonios en discordia: todo el mundo me ve haciendo algo que se imaginan que podría hacer. ¡Eso es lo que me mantiene vivo por siempre y eterno! ¡Gracias amigos! ¿Hacer algo nuevo, o no, o diferente? Nunca podés saberlo, hasta que llega el día en que lo pensás y lo hacés. Cuando me imaginé un programa para niños en donde todos eran de otros planetas y se relacionaban con algunos de la Tierra... ¡me tocó reemplazar a Mauro Viale!

–En la tele adoptás permanentemente una postura de "me importa un pito" ante la mayoría de los temas que se discuten. ¿Qué cosas de la realidad te molestan, te preocupan o te hacen reflexionar profundamente?
–Por lo general, sufro por vivir dentro de un enorme sistema dirigido por gente que no conozco y que encima voté ¡porque me obligaba la ley! Es siniestro en un punto, y perverso, y muy Huxley, si se quiere. Por lo demás, ya me acostumbré a que se puede convivir con la pobreza, la desgracia, el smog y la desesperación general.

–¿Te das cuenta de que sos un símbolo para muchos chicos que ven tu programa?
–No soy Dios. No soy nada en especial, pero es cierto que a muchos chicos les parece que sí. Suficiente. Yo también creía en Superman y en la Liga de Superhéroes. Y encima no todos me servían. Yo no quería ser Linterna Verde, pero sí Elemento, que tenía el don de transformarse en cualquiera cosa.

–Tuviste tironeos por el horario cuando Duro de domar salía a la medianoche, ironías cruzadas con Tinelli incluidas. ¿Cómo lo viviste?
–Trato y promulgo el fortalecerse en uno mismo, ser uno mismo y, como me dijo un día China Zorrilla, "Be yourself", sé tú mismo. Los cambios de horario no son nada para mí hasta que me digas "eso en este horario no". Entonces, ahí puede que empiecen los problemas. Tinelli representa por momentos el gran departamento de la felicidad de distintos estados miserables del país. Pero ni siquiera él tiene la culpa.

–¿Y de quién es, si es que hay culpas? No es muy creíble esa frase que dice: "Es lo que la gente pide". Seguramente también es "lo que uno le da a la gente".
–Bueno... Mucha gente cree que si no hay entretenimiento tonto tendría que haber doscientos programas culturales. Ni una revolución cubana, donde ni siquiera se consigue una revista de modas, ni tampoco la fiesta continúa mientras el país se hunde. Por ejemplo, a mí me gustaba el Tinelli de los tiempos de De la Rúa. Pero no por De la Rúa, sino porque realmente había logrado con humor y burla la descarga de un pueblo que se sentía estafado día a día. Pero de ahí a un simple caño con mujeres restregándose... ¿qué pasó? ¿A Kirchner no le gustó ninguna imitación? No es un tema tan complejo. Pero sí es cierto que lo que uno le da a la gente es aquello de lo que la gente se alimentará. Y ¿por qué? Porque el ser humano tiende, naturalmente, a la obediencia y a la unificación con los demás. Los pueblos se divierten y sufren. ¡Todo al mismo tiempo! Hablo de Tinelli como ejemplo simplemente, pero fijate que también existen los Simpson, ¡que crearon directamente (como para mí fue Frank Zappa) toda una nueva generación de pensamiento en la juventud que creció hace 16 años viéndolos! Me pregunto: ¿existe una generación que aprendió a crecer con ShowMatch o simplemente a convivir con eso? Por otro lado, un programa es tan sólo un programa, pero cuando eso genera un dominó maléfico de copias y más copias de lo mismo, porque piensan que si a él le va bien a los demás también..., entonces ahí es una plaga. Por no decir un virus.

–¿Ves televisión? ¿ Qué cambios le harías?
–No necesito verla. La conozco. Se puede hacer de todo, pero nadie quiere arriesgar. Es lógico. Tenés una productora, hacés dos programas con cierto nivel y nadie los mira: tu productora cierra. Pero, sin embargo, un tipo como Suar es respetable. No se le pueden achacar grandes males. Villarruel mismo ha intentado lo suyo con sus Telefé cortos en su momento, pero sabe dónde está ubicado y en qué tipo de canal. Canal 13 puede tener su show del caño, pero también un excelente noticiero. El tema del equilibrio es fundamental porque, si no, no sabés qué canal estás viendo porque la fiebre del rating los tomó a todos como un alien, y una vez que entra en el cuerpo directivo ya no hay vuelta atrás.

–¿Cuál es el límite a la hora de bromear con algo? ¿Hay bromas que dejás para otro formato (la radio, tus columnas)?
–La gente lee lo que escribís y entiende una cosa. Al rato se da cuenta de otra, que es la fundamental para poder hacer lo que quieras: la buena intención, la buena leche, el sentido común y ser una suerte de "Pascualino Siete Bellezas", el tano piola y canchero que logra escapar de un centro de detención nazi al seducir a una guardia horrible, gorda y... bueno... ¡¡¡naziiii!!!

–¿De dónde viene tu pelea con Pergolini?
–De ninguna parte. Eran los tiempos en que Pergo se buscaba enemigos para trascender. Terminé yo y agarró a Tinelli. Gracias a Dios terminamos ahí. Igual, siempre digo: prefiero mil Pergolini, como mil Jimi Hendrix... a cuatrocientos grupos... ¡¡¡ABBA!!!

–Cuando se habla de los mejores conductores de TV se nombra a Tinelli, a Pergolini, a vos, a Rial... ¿Qué te provoca?
–Aunque parezca loco, Rial es el profesional conductor más ducho y elástico y autorrebotador de todos nosotros. Lo que pasa es que su carrera comenzó como chimentero y le costó romper con eso, aunque sé que lo intentó siempre. Igual... los demás pasan y él queda. Fijate que incluso cuando va a un programa político logra ser más atractivo para el espectador ¡que el mismísimo conductor del programa!
Rebelde sin pausa
Varios son los amores de Pettinato. Sus tres hijos: Tamara (23), Homero (18) y Felipe (13), de su primer matrimonio; la artista plástica Karina El Azem, con quien se casó en secreto hace un par de semanas; y la música, por supuesto. Por eso, dice que en el lugar favorito de su casa está rodeado de "discos, discos, discos, compacts, libros, libros y libros e instrumentos musicales. Ya no tengo el sótano. Pero siempre formaré mi sótano en cualquier parte a la que vaya. Es mi mundo, como el que necesita un atelier o el que no puede vivir sin iPod porque el ruido del mundo lo altera".

–Uno se imagina que Pettinato, ávido lector y melómano, es hijo de un artista. Sin embargo, tu papá trabajaba en penitenciarías...
–Así es la vida, gracias al cielo. El arte efímero: eso es lo mío. Es el haber vivido con cientos de diferencias. Un día le pregunté a mi padre si le gustaba la música, porque nunca lo había visto o escuchado, aunque fuera, tararear una canción. Me dijo que no, y después me aclaró que ciertas óperas, que también era mentira. Los hijos que siguen las carreras de sus padres... difícil que los superen. Los que hacemos todo lo contrario, por lo pronto... nos regodeamos de haber sido ¡rebeldes...! ¡Mejor...! ¡De fracasar con rebeldía!

–¿Qué parte de tu personalidad odiás y cuál te parece genial?

–Mis momentos de genialidad son absolutamente míos y no son los que la gente cree. Es más: por lo general creo haber dicho algo genial y nadie lo entendió o a nadie le importó. Igual, no hay que confundir genialidad con alta inspiración. Pero el mundo está diseñado así y no lo podemos cambiar: Dalí era genial y adios. Y no es cierto. Tendría sus desgracias y sus paranoias y su estupidez a flor de piel... pero ¡de ahí a genio todo el día! Por Dios, eso no existe. Lennon nos parece genial y sin embargo era una suerte de niño al que Yoko Ono tenía que racionarle los chococates para que no engordara. Yo tengo malos humores, inseguridades de lo más tontas u obsesiones que no conducen a nada claro. Y finalmente de eso pude construir un personaje que se fue haciendo solo sin que me diera cuenta. Muchas veces la genialidad sólo consiste en aquella tontería que al otro no se le ocurrió. Pero no mucho más. Sinceramente mi obra no es algo tan grande ni importante. Pertenezco a la maquinaria de la televisión y punto.

–¿Por qué en tus últimos proyectos musicales hiciste free jazz y no rock?
–Porque no creo encontrar la violencia contenida de Sumo en ningún músico nuevo. Ojo, tal vez me equivoque. Pero había una violencia-no-loca-descontrolada que era fundamental. Hoy, si convocara a músicos para formar una suerte (como dijeron una vez en un diario: "Pettinato haría lo que hicieron los Morphine") de grupo bestial, no sé si los encontraría. Tal vez vería en sus caras las enseñanzas de sus padres. Triste.

–Con respecto al rock actual, ¿no notás una falta de búsqueda en los referentes?
–Gracias al cielo que la búsqueda no recae siempre en los mismos personajes, aunque también los adore y los coleccione. No pretendo que entiendan a Captain Beefheart, pero llegado el momento intentaría armar una campaña cultural demente si me doy cuenta que lo único que prevalece en el planeta entero es... ¡Luis Miguel! A todo el mundo le falta algo. Mi pareja es artista plástica. Ella entra en mi mundo y yo en el de ella. Pero nadie puede saber de todo y conocerlo todo. Y no por eso no se puede compartir un trago. Siempre digo que no conoceré a fondo todas las tendencias desde el simbolismo hasta el post avant garde o lo último que sucede en Japón, ¡pero también habrá artistas que no conocen o no escucharon a Jimi Hendrix !!!
Chabán y las drogas
Luego de la tragedia de Cromagnon, en varias ocasiones, Pettinato realizó comentarios despectivos con respecto a Omar Chabán, quien estaba a cargo del local. En los 80, Sumo tocó infinidad de veces en locales regenteados por Chabán. Pettinato reafirma su posición: "Está en mi libro La jungla del poder. Sólo le importaba el dinero (por eso escribimos el tema Quiero dinero, que dice: "¡Omarrrrrr...!"), porque era todo un rollo cobrarle al final del show. Pero no sé si tiene la culpa. Creo que los jueces tendrían que tener en cuenta que él intentó varias veces parar el show y nadie lo escuchó. Tal vez no supo expresar el peligro con verdadera profundidad y se hizo el loquito. Pero fue el primero que intentó parar la tragedia. Ahora: que te caiga mal o bien o como un loco, demente egomaníaco, es otra cosa".

–El rock en la época de Sumo también vivía momentos límite en los shows.
–Los grupos se golpeaban. El punk todavía estaba ahí en la sangre. La gente se subía al escenario. Corrían mujeres desnudas... De pronto, en el bar Zero, casi nos quedamos pegados porque había llovido y había descargas en todo el escenario... En fin... Prefiero eso que pagar 5000 pesos por ver a Shakira de cerca.

–Se dice que con las drogas se hicieron obras geniales, pero también muchos se aniquilaron y terminaron de manera patética. ¿Qué pensás?
–Charlie Parker, músico de jazz, decía: "No hagan lo que hago yo". Era drogadicto, pero antes era un genio que practicaba 10 horas diarias el blues en todas sus tonalidades. Lo mismo para Syd Barret, de Floyd, y vaya casi lo mismo para Morrison, de los Doors. No hay que ser borracha perdida para cantar como Janis Joplin, pero sí les digo a los papis: ¡es inevitable que sus hijos experimenten con las drogas o con algún tipo de estimulante permitido para las raves! Lo siento. Hay que lidiar con esto, ¡pero no luchar en contra! Yo les digo: sólo los excesos te van a acercar a la estupidez y a la tara mental. El problema está en la cultura, en la enseñanza que reciban y en el concepto de no-al-exceso. Controlar. Controlar. Controlarlo todo y punto. Eso es lo que tienen que hacer. Después veremos si tienen el talento de Lennon. Pero si los chicos piensan que fumando se convertirán en Bob Marley, les aviso que... hay cientos de personas que quedaron en el camino creyendo que si vivían frente a un monitor se convertirían en... ¡Bill Gates!

–¿Qué te ves haciendo a los 70 años?
–Tocando el saxo tenor con un cuarteto y componiendo temas de jazz. Ultimamente ensayo en la radio, en vivo y sin previo ensayo, blues con el estilo de voz de Javier Martínez. Bueno, es la gran voz y, por otro lado, es la única que sé imitar.
Aquellos años locos
–¿Cómo viviste el haberte juntado a tocar con los ex Sumo? ¿Alguna anécdota... ahora que estaban sobrios?
–Primero: los Sumo no éramos esa locura lisérgica que todos creen. Lo siento. Luca no consumía más que ginebra y más ginebra. Una cosa es ponerse loco. Otra es estarlo y la mejor... es ser un loco cuerdo, un loco con contenido y un loco que puede transmitirle su locura a gente normal. Por eso escribí para Divididos esas líneas que decían: “Haciendo cosas raras para gente normal... ¡buscando arte donde no hay!”.

–Mucha gente dice “yo vi a
Sumo en Einstein”. Si todos los que lo afirman dijeran la verdad, Einstein hubiera explotado por la multitud. ¿Por qué creés que pasa eso de que haya tantos que dicen “yo vi a Sumo”, como jactándose de algo?

–A mí me encanta cuando escucho a un tipo que tal vez nos vio una sola vez, pero vivió toda la década como era debido, estando en los lugares correctos y juntándose con la gente adecuada. Hay otros que pudieron habernos visto ahí y no pasó nada. De hecho, yo me encontré en el Einstein con Donald y no sé si la experiencia le cambió la vida... aunque sí es raro que haya experimentado el ir a un sitio así, que no tenía nada que ver con su música. Es valorable. Repito por décima vez: en esos años la gente estaba con Charly García, los Twist, los Soda y los Virus. Nosotros éramos los “Di Tella” del momento.

–Este año se cumplen 20 de la muerte de Luca. ¿Qué reflexión hacés a la distancia, con el mito cada vez más grande?
–Son 20 años de la muerte de Sumo, no sólo de Luca. Esto de los héroes solitarios es absurdo. Gardel era Gardel, pero también lo era gracias a sus guitarristas, ¿o no? La composición no es tan solitaria como se cree. Sinatra no tenía músicos cualquiera en su orquesta, y los arregladores (como Nelson Riddle, que también podía hacer la música de la serie de tele Los Intocables) fue de gran soporte para él.
Tanto Sumo como Luca éramos muy repudiados por el resto del rock. Eramos distintos. Como decía Luca: “Somos una banda de rock y no new wave”. Y era cierto. Los new wave eran los Virus, los Soda, los Twist o lo que fuere. Nosotros estábamos fuera del circuito. ¡Y encima Luca tenía un tono de voz grave que aquí se relaciona con Pappo y no con Spinetta! No cantaba con tanta sutileza, y eso no gustaba. Por eso fue tan importante la banda que lo rodeaba y sólo nosotros, los que estuvimos “ahí”, sabemos lo que éramos para él, y él para nosotros.

–En distintas entrevistas, dio la sensación de que siempre tuviste que reivindicar tu rol, tus aportes en Sumo. ¿Por qué? ¿Hubo gente que te desacreditó o que subestimó tu aporte artístico a la banda?
–Muchos lo criticaron a Paul McCartney y él dijo un día: “Bueno, seré el careta que crean que soy..., pero a la hora de componer, el que estuvo al lado de John, ¡fui yo! Algo así, en menor escala, he sentido muchas veces. Se hacía lo que uno consideraba que se debía hacer en ese momento. Sumo era de sumo pontífice, pero un día le dije a Germán: “En realidad, el nombre Sumo viene de sumar. Por eso, fijate que nuestra música son capas sobre capas que suman hasta que llegan a una voz”. Nos reímos.
Nuevo libro
La pasión por escribir siempre vivió a la par de la música en la vida de Pettinato. Tras el cierre de la revista El Expreso Imaginario, colaboró en muchos medios gráficos. Actualmente escribe en el diario Clarín y dirige La Mano, una revista que rescata el espíritu de cultura rock de El Expreso Imaginario. Pero además están los libros. Acaba de publicar Hombres que aman demasiado, su cuarto libro, un gracioso compendio de aforismos y de comentarios filosóficos sobre hombres y mujeres. “Para este libro escribí como novedad casi el 50 por ciento –dice–. No es una recopilación y nada más. Estuve durante ocho fines de semana a cualquier hora transcribiendo pensamientos que se me venían a la cabeza. Es más: no creo que sea tan divertido como el anterior (Entre la nada y la eternidad). Ese sí era una gran recopilación de buenos momentos. Este es más real, más interior, más serio”. También escribió La jungla del poder, primer volumen de una biografía sobre Sumo, y Diario de cómo abandonar la Tierra. Además, hace radio: conduce El show de la noticia, en FM100, de lunes a viernes de 6 a 9.
La política, los militares
En un año electoral, Pettinato también deja su impresión sobre los afiches, campañas sucias, recorridas por los barrios y otras yerbas coyunturales. “ El problema no es la política, sino que la gente siga creyendo en todo eso. Me dan pena los candidatos que creen que una ciudad se resuelve con luz en las plazas, con levantar la caca de los perros y no mucho más. Los políticos no existen más. La política depende de los empresarios y los empresarios, de su propia ambición. Esta nueva raza de politic-empresarios como Macri o De Narváez son lo suficientemente listos como para que no te des cuenta de lo que están haciendo. Recuerdo que Macri dijo algo así como que construirían viviendas para los pobres en un plazo de 8 años. ¿Ves lo que te digo? En 8 años ya nadie los verá aparecer otra vez en pantalla. El truco está en prometer largos plazos”.

–¿Alguna vez militaste en política?
–En el colegio militaba en la Agrupación Secundaria Evita Montonera (ASEM). Nunca hice nada más que escuchar las charlas y pegar algunos carteles. Tuve mis inclinaciones montoneras y comunistas, y también del ERP 22 de Agosto, especialmente cuando mi padre, cuando nadie sabía lo que había sucedido, me dijo, casi en bajo tono: “Hijo, esos muchachos fueron fusilados en Trelew”.
El tema de los dos demonios es absurdo. Los militares fueron una dictadura. Punto. No eran salvadores de nada ni de nadie y ni siquiera, como buenos militares ignorantes argentinos de mate, pava y bizcochitos, tenían una ideología propia, certera o por lo menos sólida. Eran sólo criminales ridículos, patéticos ¡que ni siquiera hubiesen logrado una audiencia con Hitler! El terror de Estado no se compara con nada. Los pueblos tienen todo el derecho del mundo a defenderse, sea con las armas o con la palabra (que estaba prohibida) o el Congreso (creo que tampoco existía). Sé que estas palabras son duras para el lector. Lamento las muertes de ambas partes, pero no perdono el terrorismo de Estado. Siempre lo dije: algún día los torturadores serán taxistas o maestros. Y así fue. Hoy los torturadores pueden ser los mismos que te solucionen el problema con el cable.