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La TV Vómito
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Por José Pablo Feinmann (Filósofo, escritor y ensayista)

Muchos pasan por la vida sin dejar huella alguna. Otros no.
El señor Birome, por ejemplo, inventó la birome y él se llamaba así, Biro, por lo cual la inmortalidad le estuvo asegurada.
Al menos hasta que apareció el señor Bic e inmortalizó el bolígrafo.
Alguien, alguna vez, inventó la expresión “Guerra Fría”.
Otro acortó las polleras e inventó la palabra “minifalda”. Otro las alargó e inventó “maxifalda”.
Otro inventó la expresión “nouvelle vague”. Otro “nouvelle cuisine”. Otro “film noir”.
Otro, un día, pegó un chicle a un tacho de basura y le llamó “intervención”.
¿A qué viene esto?
Hará un par de semanas fui a un programa de TV. Me exhibieron una serie de fragmentos de eso que todo el día la gente ve y yo dije: “Esto es un vómito”.
A partir de ahí –me han informado– surgió la expresión TV Vómito.
El programa era TV Registrada y lo conducen dos muchachos simpáticos y (fui descubriendo a lo largo del programa) críticos con lo que exhiben de la TV Vómito. Son Sebastián Wainraich y Gabriel Schultz.
Dos sábados después fue María Laura Santillán y, entre los fragmentos que le exhibieron, uno fue excepcional.
No creo que pertenezca a la TV Vómito. Difícil saber a qué TV pertenece.
María Laura enmudeció y dijo que, en ese momento, me recordaba. Recordaba lo que yo había dicho sobre la TV Vómito.
Pero lo exhibido, pienso, no pertenece a la TV Vómito.
Los conductores de TVR también permanecieron algo alelados y atribuyeron los dichos del personaje protagónico del hecho a cierto envejecimiento.
“Por ahí está gagá”, o algo así. No parecía “gagá” el personaje. Se trata de un señor que hace como cuarenta años anda por la TV argentina.
Se dedica al chismerío. Es el maestro del señor Rial, que hace lo mismo. Se llama Lucho Avilés.
Lo recuerdo porque hace mucho tiempo lo vi humillar en pantalla a la actriz Julia Sandoval pidiéndole, muy seriamente, que “asumiera su papada”.
La Srta. Sandoval negó tener papada.
Por lo cual el señor Avilés le señaló su falta de autocrítica, su insinceridad consigo misma.
Estaba en el programa China Zorrilla, que se enojó con el señor Avilés, apiadándose de Sandoval que ya lagrimeaba, y le dijo: “Lucho, aunque soy uruguaya como vos, no puedo tolerar que hagas esto”. Sandoval cobró coraje, se levantó y se fue. Fin del episodio.
Muy pocas veces volví a ver al señor Avilés. Hasta que lo ví en TVR, el programa de Sebastián y Gabriel.
Voy, simplemente, a describir el hecho porque no sé cómo analizarlo. El señor Avilés estaba hablando de los cartoneros. Manifestó su desagrado con esa gente y pidió que se los sacara de la calle. Y, luego, ofreció su propia propuesta: “Y si no –dijo–, en cada bolsa se pone una granada y cuando el tipo la abre la granada explota y ¡chau! le vuela la cabeza. Después pasa un camión y lo tiran por ahí”.
Todo esto fue dicho en alta voz, con amplia gesticulación, con una gesticulación que graficó el hecho de “tirar por ahí” a alguien.
Esto es más que TV Vómito. Tal vez sea cierto y el tipo ya no sabe lo que dice.
O tal vez sabe muy bien lo que dice y tanto lo sabe que dice lo que muchos piensan, razón por la cual lo escuchan y él, diciendo eso, aumenta su rating, alma profunda de la TV. Uno se queda como María Laura y los muchachos de TVR: no sabe qué hacer. Es tan desmedido lo que acaba de oír que no atina a reaccionar. Sólo se pregunta: ¿eso se puede decir por la televisión? ¿Eso se puede sugerir a través de un medio público? Eso, ¿qué es? ¿Es apología del crimen o una mera propuesta de ordenamiento urbano? ¿Quién se hace cargo de eso? ¿El Comfer? ¿El Ministerio del Interior? ¿La Policía? ¿Los Bomberos? ¿La Asistencia Pública? ¿Cáritas? La TV Vómito se extiende a los semanarios-vómito.
El gran semanario-vómito de la Argentina es –desde el más remoto pasado– la revista que mi amigo Rep llama “Grasa y la actualidad”.
Todos los años “Grasa y la actualidad” elige a los personajes del año. Algunos se mueren por salir en esa vidriera de vanidades de feria berreta.
Otros nos queremos morir cuando vemos que algunos amigos están ahí escrachados, sonriendo bobamente y aplaudiendo a la mismísima nada.
No importa. Uno ya se acostumbró. Ya en mi libro La historia desbocada está mi breve ensayo “‘Gente’, el medio y el mensaje”.
Lo escribí cuando los Kirchner salieron como personajes del año. Al año siguiente no salieron. Esta vez tampoco. Menem salió durante todos los diez años de su mandato. Menem era parte de la farándula-boba.
Menem inventó la TV Basura. La TV Basura empeoró y ahora es la TV Vómito. De la “b” larga a la “v” corta, siempre peor.
Alberto Segado, que es un gran actor, un gran amigo y una gran persona, suele decirme: “Nunca compro el número de los personajes del año de ‘Grasa y la actualidad’. Si veo quiénes están, tengo que tachar media libreta de direcciones”. Sin embargo, cada vez hay menos.
Se la ve devaluada a “Grasa y la actualidad”. Durante todo el año entrega a sus lectores ese universo soft porno de la culocracia y la tetocracia. Ahí están ellas: siempre felinas. Las felinas del show business. Ya desde las tapas de los semanarios o desde esas revistas de diarios dominicales entregadas a la apología de la culo-teto-cracia, ya desde “Baile por un sueño” o desde donde sea, su misión en la vida es una: calentar a “la gilada”.
Así llaman, con calidez, acaso con amor, los que arman estos amasijos de cuerpos hot a los pobres tipos que se detienen frente al kiosco de revistas y miran lo imposible o llegan a la casa y Tinelli les pone en la jeta a esa señorita Zalazar o usa su “cámara vagina” para entrar donde él, el pobre tipo, nunca va a entrar.
Los semanarios suelen esmerarse y,
en ese desborde imaginativo que los constituye, rocían a la felina de turno con algo que “da” sudor para que “la gilada” imagine que acaba de, digamos, “hacer el amor”.
Todo esto que uno señala sin demasiado esmero ni esperanza alguna (nada de esto va a cambiar) es el modo en que transcurre la vida del hombre común, del ser cotidiano durante el inicio del siglo XXI en la Argentina. Y, en general, en todo Occidente. Basta ver E! Entertainment para advertir que aquí no se inventa mucho. Es todo igual, pero con un toque propio: es peor. “Grasa y la actualidad” nunca deja, sin embargo, de asombrarme.
Tomé coraje y abrí el número especial de 342 páginas del 19 de diciembre de 2006.
(¿Qué hace usted ahí, Joaquín Morales Solá, qué le pasó, Kirchner no está y usted sí, “Grasa y la actualidad” defiende las “deterioradas instituciones de la república”?). Qué cosa con “Grasa” y su número de los personajes del año. Desde que hice la nota criticando a los Kirchner siempre alguien me la trae.
Como si tuviera que ocuparme de esta cuestión. Bué, digamos que sí. Decía, entonces, que abrí el número al azar.
Y así, al azar, caí en una foto en que se ve a Catherine Fulop (“Cathy”, le dicen los de “Grasa”) ¡con el ingeniero Blumberg! Uno sabe que en este mundo todo es posible. Está preparado para eso.
La Belleza, el Bien y la Verdad (atributos del Ser para Platón) están sumergidos en el basurero, sin retorno. Pero el cambalache infame reina.
De todos modos, no emitamos juicios. Limitémonos a describir. La foto es así: Cathy Fulop está muy bonita, se ve animada, como una fosforescencia, vea.
Blumberg luce su melena cada vez más rubia, su barbita crecida, sonríe y lleva el luto por su hijo asesinado, Axel, en la solapa izquierda.
El luto es una delgada tela sujeta por una traba dorada y que, acaso, haga juego con la corbata del ingeniero.
El texto de la foto dice: “Coincidencia: Juan Carlos Blumberg y Cathy Fulop charlaron sobre la situación social de Venezuela.
Ambos coincidieron en que tanto en aquel país como en la Argentina hace falta más justicia”.
Habría trascendido la posibilidad de una fórmula Blumberg-Fulop para las próximas elecciones. Es todo por hoy. O no, hay algo más: hará apenas unos días, a raíz de cumplirse 250 años del nacimiento de Mozart, hubo un concierto al aire libre en el Monumento a los Españoles.
Asistieron 100.000 personas. A la gente no le gusta la mierda, pero si es lo único que le dan, si es lo único que come, va a seguir comiendo.
Algo tiene que cambiar aquí. Se cumplen cinco años de diciembre del 2001: “¡Que se vayan todos!”.
Con la TV Vómito es muy fácil; sólo hay que apagar el televisor...

Excesos difíciles de explicar
Por Pablo Sirvén / Diario La Nación

Lo peor que tenía que pasar finalmente pasó: en la escalada del impacto rastrero que viene buscando la televisión en los últimos tiempos -procacidades varias, lenguaje ramplón, informes periodísticos sobre toda clase de esperpentos, imparable circo sexual-, anoche, en horario central, un canal se solazó durante largos veinte minutos sobre el cuerpo desnudo, martirizado e hinchado de Nora Dalmasso, cuyo asesinato puso al rojo vivo las fantasías más pervertidas de cierto periodismo gráfico y audiovisual.
Fotos forenses, inevitablemente macabras, para ser consultadas estrictamente en la privacidad de un expediente, saltaron como por arte de magia a la masividad televisiva para desatar el morbo de la audiencia.
América Noticias -que se atrevió a tamaña hazaña- ganó hace pocas semanas tres Martín Fierro: uno para el informativo en sí y otras dos estatuillas para sus conductores, Mónica Gutiérrez y Guillermo Andino, profesionales acreditados, que ayer presentaron las imágenes sin chistar.
Gracias a los esfuerzos de la cronista Cintia García, anteayer cayeron sobre el escritorio de Roman Lejtman, director periodístico de la emisora, las horrorosas fotos de Dalmasso con sus piernas abiertas, la piel amoratada y el lazo de la bata lastimando su cuello.
"Dudé mucho -se sinceró Lejtman con LA NACION-, pero finalmente tomé la decisión de darlas sobre la base del deber de informar.
Creo que le dimos un contexto cuidadoso y prolijo. No especulamos con nada que no estuviese en el expediente. Pedí que se tratase como un documento periodístico, pero yo no puedo cambiar la realidad; las fotos son así."
Eran cuatro fotos, pero parecieron muchas más, gracias a los "oportunos" zooms que amplificaron las zonas "de interés".
Por si acaso algún canal "colega" se le ocurría rapiñar el aberrante material, América Noticias tomó la precaución de sobreimprimir su logo sobre tan tremendas imágenes.
El plato indigesto, servido dentro del horario de protección al menor, sólo sirvió para aumentar en un punto el rating habitual del informativo, que tuvo un pico de 9,4 puntos. "Quisimos explicar -vuelve a la carga Lejtman con argumentos poco convincentes- de qué manera el expediente analiza las fotos sin exacerbar el impacto de las imágenes."