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El disco que cambió el rumbo
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subir a armonía y música. 
Por Daniel Amiano

Un amigo tiene siempre la misma pesadilla, que además cuenta una y otra vez, cuando pasa una mala noche. La describe más o menos así: "Estoy perdidamente enamorado; ella me invita a su hermosa casa, cocina rico, llevo un buen vino, siempre me interesa lo que dice, pero cuando me acerco a sus discos ¡no hay ninguno de los Beatles!... y entonces corro y me pierdo en una ciudad desconocida."
Más allá de los problemas psicológicos que cada uno ve en su comportamiento, él justifica su obsesión de forma muy sencilla: "¿Cómo alguien puede no tener un álbum de los Beatles? No tiene que ser uno en particular. Cualquiera. De los primeros, tan livianitos y pegadizos, o de los últimos, más profundos y curiosos, pero no puede ser que a
alguien no le interese la historia reciente de Occidente. ¿Cómo podría entenderse sin los Beatles?"
Más allá de la espontaneidad, irreverencia y gracia de sus primeros discos, el valor musical de los Fabulosos Cuatro comenzó a ser tomado en serio a partir de "Rubber Soul" (1965). Y sabemos más: el Album Blanco es el trabajo hermoso, exquisito; "Sgt. Pepper" es el del delirio; "Abbey Road" es el más perfecto comienzo del fin, y "Let It Be" es la debacle expresada con una altísima elegancia.
Pero el álbum esencial es "Revolver". Si el rock tiene una historia como expresión cultural es a partir de este trabajo, aparecido en agosto de 1966. Sus 14 canciones marcan una ruptura con ese ritmo de entretenimiento y baile que hacía una década se llamaba rock and roll. A partir de ese momento, su nombre se simplificaría (sólo rock), pero su formato comenzaría a cambiar tanto en la estética como en el contenido.
Por un lado, los Beatles exigieron al máximo al estudio de grabación, para experimentar tanto con sonidos inusuales como con cantidad de sobregrabaciones. Guitarras invertidas, baterías profundas, voces deformadas con efectos inesperados. Y, claro, nuevas aventuras compositivas. En "Revolver" ya no se trata de hablar de amores perdidos, chicas encantadoras e inalcanzables y hombres heridos. Comienza a reflejarse la época. Y se trata, justamente, de un tiempo signado por la aventura.
Cuarenta años después de su aparición, "Revolver" renueva su frescura cada vez que se lo escucha. Es el disco que cambió el rumbo de la música hecha en las últimas décadas; el que abrió un abanico interminable de nuevas posibilidades; el que demostró que era posible imprimir la imaginación en un vinilo; que el estudio de grabación comenzaba a ser una herramienta imprescindible y con posibilidades infinitas.
Nada fue igual después de escuchar "Eleanor Rigby", "Tomorrow Never Knows", "Taxman" o "Yellow Submarine", esa infalible canción infantil. Es el disco que le dio el argumento definitivo al rock para convertirse en esa aventura cultural donde todo vale.